¡Sorpresa!

1241 Palabras

Me serví un vaso de agua con movimientos pausados, dándoles la espalda, demostrando que no les tenía el más mínimo miedo. El poder no era solo tener armas; era saber que tenías el control total de la situación. —Mañana al amanecer, quiero que sus pertenencias estén fuera de esta propiedad —dije, dándome la vuelta y clavando mi mirada en ellas—. Si vuelvo a ver sus rostros cerca de mi hijo o de mi marido, me encargaré personalmente de que Dante sepa palabra por palabra lo que opinan de su "santidad". Y créanme, él no es tan paciente como yo. Las dos salieron atropelladamente de la cocina, casi tropezando entre ellas. Me quedé sola en el silencio del acero y el granito, con el vaso de agua en la mano y el corazón latiendo con fuerza. Me miré en el reflejo de la ventana. Estaba pálida, sí.

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