Por nuestro hijo

1172 Palabras

+*+* Han pasado siete días. Una semana que se siente como un suspiro y, al mismo tiempo, como una eternidad contenida en las cuatro paredes de esta habitación de lujo. Es una sensación extraña, casi perturbadora, la forma en que el mundo exterior se ha desvanecido. No he pensado en Seúl, ni en la cafetería, ni en la nieve que cortaba mi cara hace meses. Mi universo se ha reducido al olor a leche y piel de Alexander, y a la sombra constante, pesada pero extrañamente reconfortante, de Dante. No me he enfocado en nuestra guerra. Las armas han quedado silenciadas por el sonido rítmico de la respiración de un recién nacido. Estoy feliz, y admitirlo me produce un escalofrío de vértigo. Estoy feliz con su cercanía, con la forma en que sus manos, que yo sabía capaces de tanta violencia, sostiene

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