NARRA DEIAN ROSENZWEIG Semanas después... Como una estatua, inmóvil, permanezco sentado en el borde de este cutre catre que es lo único que me pertenece dentro de esta maldita celda en la que me han refundido. Aunque no me he declarado culpable, ni pienso hacerlo jamás, según el imbécil de mi abogado, no hay nada que se pueda hacer para apelar el caso, ya que todo, absolutamente todo, apunta a mi culpabilidad en ambos crímenes. No hay forma que pueda eludir mi culpa en una cosa, sin tener que declarar mi culpabilidad en los otros delitos que sí cometí. En pocas palabras: Estoy jodido y hundido en la mierda hasta el cuello y lo único que toca esperar es la sentencia que me dará el juez en el juicio que se llevará a cabo dentro de unas horas. Después de muchos minutos de espera, escucho

