-¡Julius, Julius!, ¿Donde estas?. -Escaneo la habitación pero no hay rastros de mi hermano. Me levanto y mi cabeza me se sientre presionada por una morsa, estoy un poco mareada, ¿Donde se metio?, me sujeto del placar. Crak, fijo mis ojos en la puerta, ¿Sigo soñando?, ¿Esto es real?, pellizco mi brazo, duele. -¡¿Nana?!. -Mi corazón no deja de accelerarse. Ella sonríe, camina hasta mi, toma mis manos. -Mi señorita, la extrañe, usted ya es toda una mujer, es muy hermosa. -Margot seca constantemente las lagrimas de sus ojos, yo no resisto, me arrojo a sus brazos, rompo a llorar. -¡Na, na, Nana!... te extrañe, te extrañe. -Los brazos de Margot siguen siendo tan calidos como recordaba, aunque ahora son más asperos, las quemaduras y cicatrices estan por todo su cuerpo en especial en ellos.

