Observo como mi hija abraza a su hermano que continúa pálido.
Siento una mano sobre mi hombro, giro mi rostro, Mateo esta parado junto a mí, suavemente cierra la puerta.
-Él estará bien -dice determinado y corta la distancia entre ambos, con sus manos seca mis lagrimas que no dejan de fluir.
-¿Por qué tiene que sucederle esto a él? -susurró sintiendo como mi alma se resquebraja-, si pudiera cambiar lugar con él, encantada lo haría, no soporto verlo así, tiene 6 años, ¡No tiene que sufrir de esta forma!, soy una egoísta, yo soy la que debe de ser castigada no él, ¡No él!.
-No eres egoísta y no tienes porque ser castigada, deja de decir cosas como esa Alexa -nervioso intenta abrazarme pero es inútil lo empujo.
-¡Deja de ser tan perfecto Mateo! -grito desesperada-, ¿Por qué no me preguntaste por él?, ni una palabra dijiste cuando cancele nuestro compromiso y te dije que estaba embarazada, ¡Tú no te enojaste al contrario me apoyaste!, no merecía que lo hicieras y que hasta hoy continúes haciéndolo, es suficiente tienes que ser feliz Simons, aléjate de mi y encuentra tú felicidad.
Me arrodillo y sujeto mi cabeza, estoy por hiperventilar, ya no puedo, no lo soporto.
Siento como soy sujetada por unos fuertes y cálidos brazos, mi cuerpo no deja de temblar.
-No importa lo que hagas Alex, no te abandonare nunca, yo te amó y siempre lo hare, no me importa que suceda siempre serás la mujer que ame, siempre te esperare -con su mano izquierda levanta mi barbilla, los ojos de Mateo parecen que no tuvieran fondos, cierro los ojos pero lo empujo nuevamente.
Camino lo suficiente para estar lejos de él, hay decepción en sus ojos.
¡Perdón pero yo no he logrado amarte!, deseó decirlo pero no salen de mi boca.
-¿Tú sabes quien es su padre? -pregunto intentando calmarme, él me mira y sonríe, camina hasta su saco, saca un atado de cigarros, abre la ventana y sale al balcón, suspiró, sigo sus pasos-, te hice una pregunta.
-No quiero responderla -contesta de mal humor, sujeta con fuerza la barandilla, sus dedos se vuelven blancos.
-Aunque no quieras hacerlo eso no cambia el hecho.
-Él tiene un hijo que es mayor que ellos, ¡Jamás te respeto ni amo!, despierta Alexa -gruñe como una bestia herida-, todos estos años juntos no logre nada, valgo menos que él.
-Es el padre de mis ojos Mateo, él realmente no me importa, solo deseo salvar a Brandon, nada más mi interesa -hago una pausa y sujeto su camisa con ira-, yo no lo amo pero eso no borra el hecho que lo hice en algún momento y sobre todo no tiene nada que ver con lo que siento por ti, ¡Si esperas algo de mi ríndete!, yo te quiero y es todo lo que puedo ofrecerte.
-Alex por más que intentes engañarme se la verdad que tanto intentas negar.
-¡Cállate Mateo no es así!.
Él con dolor aparta mis manos, se aleja.
-Alex crees que soy ciego, ¿Qué no te conozco? -sus ojos llenos de rabia y burla están clavados en mi.
Intento abrir mi boca y negra cada una de sus palabras pero nada brota de ella.
-Alexa aún lo amas a pesar de todo, tú... ríndete con él, te prometo que hablare con los mejores especialistas de Estados Unidos, encontraré la manera de salvarlo, solo cásate conmigo y jamás vuelvas a recurrir a él.
-¿Prometes que mi hijo no sufrirá, que él se salvara? -inquiero con desesperación, yo solo quiero odiarlo pero no puedo, al ver los ojos de mis hijos, el cabello de Estrella, ¿Cómo puedo odiarlo?, cuando se burlo de mi al punto que perdí mi dignidad no lo logre pero si creó en Mateo, ¿Por fin todo cambiara?.
· -No puedo asegurarlo pero puedo intentarlo -contesta un poco avergonzado.
-¿Intentarlo?, bromeas conmigo, la vida de mi hijo es la que esta en juego, tu palabras no son suficientes, nosotros no somos adecuados tampoco.
Su rostro se torna indescifrable.
-¿En tus ojos jamás pude compararme con el maldito de Alessandro Brown?, después de todo tú eres la que se empeña en sufrir, en creer que la vida es un cuento de hadas pero esta es la realidad Alexa, si escoges sufrir lo harás toda tu maldita vida -se burla.
Mis ojos se llenan de decepción y él palidece.
-Yo en realidad...
-Vete de mi casa y no regreses -ordeno con el último aliento de dignidad que me queda.
Cierro los ojos y escucho cada paso que da, intenta acercarse pero finalmente retrocede y escucho el sonido de la puerta.
Lo único que me importa es salvar a mi hijo, no me importa el precio que deba pagar.
¿Orgullo?, no lo necesito, solo quiero que mi hijo deje de sufrir.