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Samurai palo

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Sinópsis

El príncipe Tsukino es arrojado de la montaña luego de ser vencido por su hermano Taiyō. Despertará amnésico con la compañía de un demonio que le enseñará «el camino del guerrero» y sus siete principios.

La oscuridad volverá al continente Kanyuja, despertando la ira de los espíritus por la necedad de los hombres. El emperador de Hanbayū, declarado como asesino y traidor, emprenderá una guerra contra las tres naciones, buscando el dominio y reunir a «Los hijos de Kanyuja» para recrear la calamidad del principio del mundo, la endemoniada época donde habitaban monstruos.

No hay profecías, no existen elegidos, solamente un samurái sin memoria.

La leyenda de Samurái Palo, inicia.

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Capitulo 1
Galopan al relincho acechante, saltando los ríos, cruzando los abetos en la profundidad del sendero abandonado, ignorando las luces entre las hojas movidas por el salvaje aire domador de corazones. Los gemelos Taiyō y Tsukino del clan Han, partieron a la hora del dragón, dando cacería al demonio que invade a los ciudadanos de Nanji. Como hijos del emperador y alumnos del sogún, fueron enviados para probar la valía de los años de constancia, endureciendo la perseverancia. ¡Suenan las placas de hierro arriba y abajo! Dirigiéndose cuesta arriba a la montaña Kanake, preparando la mente juvenil para una batalla, la primera batalla contra un demonio. Desde los cinco años, los gemelos del emperador, recibieron el honor durante una noche de jolgorio, recibir el kimono y hakama —un pantalón de pliegos anchos—, iniciando el sendero en las artes del «bushido» que significa ‘camino del guerrero’. Tsukino ataviado con la armadura negra, casco con dos cuernos de media luna, resaltando los rasgos frescos de porcelana; aminoró la marcha jalando diestro las riendas de su corcel. Corcoveando y resollando el animal, acaricia con suavidad las crines para calmarlo. Taiyō de armadura roja, casco con una insignia ovalada representando el sol, regresa para situarse a un lado de su hermano. —¿Qué ocurre? —Se detiene Taiyō domando al cuadrúpedo. —La paz en el entorno, retuerce al impaciente. —Examina el sitio con la mirada. —Hermano, cubro tu espalda, soy insensible a los espíritus. —Taiyō no había nacido con la bendición. La época cercana al invierno es la favorita para los enfurecidos demonios de Nanji. Atacando a los habitantes de la ciudad, alimentándose de almas, formando criaturas en el plano físico. Los ruegos no surtían efectos, los inciensos no apaciguaban su cólera, cada año las desapariciones aumentaban. Avanzaron por la pendiente. —¿Por qué crees que lo hacen? —Taiyō pensaba en los motivos que conduce a un demonio a saquear esencia humana. —Son almas perturbadas en busca del honor perdido. Devorar la esencia virgen de un hombre o una mujer, devuelve aquello que tanto ansían. —De soslayo vio a Taiyō y sonrió. Un águila inquieta surca el cielo. —¿Por qué sonríes? —Una fruta podrida se descompone en la tierra, deja una semilla, y de ella crece un árbol; se encarga el cielo de regarla, el sol dar calor, la luna brindarle esperanza —responde. —Explícate. El fragor de las cataratas al sur eran escuchadas en las alturas. —Morimos podridos, nuestras almas corruptas crecerán como los árboles que otros deberán cortar. —Latió fuerte el corazón de Tsukino. —¿Cómo morimos nobles y renacemos inocentes? —Asustado, imaginó ser parte de los demonios errantes. —Dejando de ser humanos —contestó reconociendo la dificultad de llegar a la terrible conclusión sin evitar un repelús. Desenvainó el sable en silencio, siguiendo el sentido sintoísta. —Hay presencia de un anken, debemos tener cuidado —recordó Tsukino. «Anken» significa ‘materia’, espíritus malignos o benignos que llegan al plano de los vivos, uniéndose a alguien, forjando un estrecho vínculo. El objetivo es vencer al anken que habita la montaña. Siguieron hasta llegar a un terreno aplanado; rodeado de rocas, una entrada arqueada de tono oscuro, presenta la caverna donde fue avistado el anken por última vez, transportando un niño. Taiyō miró el esqueleto de un muerto sobre un mojón, ruborizado e inquieto en la silla, sacudió los hombros. Tsukino sentía la presión de energía en la caverna, hizo una seña a su hermano. —Debemos volver —dijo Tsukino. —Nos arrebataran los sables por cobardes —replicó arrugando el entrecejo. La vida entera de un samurái, formando el conjunto daishō —catana y wakizashi, el último es un sable corto—. Tsukino dio la razón a Taiyō, pero la energía del anken era superior a lo contado por los altos del emperador. —Taiyō, ¿confías en el sogún? —Quiso prolongar la entrada al combate. —Sí, indudablemente —contestó deslizando la wakizashi. —¿Por qué nos enviaría a enfrentar un anken sin apoyo? Carecemos de experiencia. Tú y yo, hemos derrotado vivos pero no muertos. —¿No es igual derrotar un vivo a un muerto? —Encogió los hombros. —¡Taiyō! Un muerto es superior al vivo, no temen perder nada. —¡Basta de coplas! —alzó la voz, espoleó el caballo para avanzar. Taiyō a unos metros de la entrada, bajó del corcel con armas en mano. Tsukino desmontó y corrió.  —¡Taiyō, es peligroso! —¡Enfrenta con tu herido honor mi acero, demonio! —provocó Taiyō en voz alta—. ¡Tus días agotados están en la tierra!  La imprudencia, rompiendo los principios, falto de control en si mismo, pagaría caro la condena.  Salió un hombre exhibiendo el torso, hakama desgastado y solamente apretaba la piel de tiburón de la empuñadura. Brillaban en rojo los ojos, crispando llamas alrededor del iris, el cabello largo divido en la cola, marcas de un dialecto ancestral rodeaban el cuerpo como tatuajes. Inexpresivo alzó el mentón. —No eres un cobarde después de todo —farfulló Taiyō, ansioso por combatir, olvidó el significado de autocontrol. El ser adoptó una sonrisa lóbrega, soltó una risotada, resonando en la montaña. —¡Reiré mejor que tú! —amenazó Taiyō. Impulsado por el insulto, corrió desgarrando la garganta emitiendo un grito de guerra. El demonio manteniendo la sonrisa burlona, alzó la mano izquierda y con la palma abierta, retrayendo el brazo, reunió una ráfaga de aire, expulsando la energía demoledora que levanta el cuerpo de Taiyō hacia el cielo. Acto seguido, saltó como una flecha hasta el objetivo. Sin embargo, el demonio no lo quiso matar, reconoció al instante el deseo de poder. Amenazó el cuello de Taiyō con el sable, centró la atención en el tercer ojo del joven. Congeló el tiempo un instante que serían horas para Taiyō en sus memorias desde aquel día. —Ansiamos el poder dominar a los otros, he visto tu pasado, he sentido tus emociones. Taiyō, ahogado del miedo no respondió. La voz del demonio, profunda y pestilente a sake, repugnó al príncipe. —¿No deseas ser hijo del sol? Yo puedo ayudarte a serlo, tendrías los dones de tu hermano, la sabiduría de tu padre, el tacto de tu madre. Mientras hablaba, ejercía control en los pensamientos de la mente frágil de Taiyō, convirtiéndose en el caparazón que el demonio necesitaba. —Acéptame como tu anken y dominaremos las islas, serás conocido como El Supremo hijo del sol —prosiguió—. No puedes resistirte y de lo contrario, te mataré. —No... no... —Trataba de luchar contra la manipulación. Entonces fue más allá y mostró una utopía bajo el mandato del título. Taiyō, sonreía despistado en un sueño hecho realidad, invirtiendo los ojos al blanco con venas rojizas. —Eso es, míralo, serás el mundo para tu nación. ¡El emperador digno de las cuatro islas de Kanyuja! —La amplia sonrisa felina, ensanchaba una dentadura asquerosa. —Taiyō, supremo hijo del sol —musitó y sus ojos alternaron al rojo vivo. —¡Sí, acéptame, seamos uno! —dijo apresurado por regresar a la normalidad. —¡Te acepto! —anunció Taiyō, riéndose desenfrenado, abotargado su cerebro de las ilusiones sembradas en la mente del príncipe. Descendió desafiando la gravedad; un aura bermeja lo rodeada, haciendo juego con las escamas de la armadura. De espalda, continuó riendo con la voz duplicada. Tsukino pálido como el arroz, observaba la metamorfosis de su hermano, sumergido en las voces del parásito que se diluyó en un líquido viscoso, lubricando la tráquea de maldad, enfermando el corazón de crueldad, bombeando atrocidad. —¡Hermano! —gritó alarmado por la cantidad sombría de energía que expelía Taiyō. —¿A quién llamas hermano, Tsukino, preferido de padre? —Agitando los hombros, escapaban las risas. —¡Soy tu hermano y padre no guarda preferencias! —Posicionó los sables. «¡No lo creas! Debes matarlo, no existen dos hijos del Sol, debes destruir a la luna». —¡Habrá un hijo del sol! —gritó enfurecido. Tsukino Han V.S Taiyō Han. Volteó el poseído para correr blandiendo los sables. Tsukino impresionado, reaccionó con el primer choque de las mil hojas de acero, retrocedió al instante, pero la b********d de Taiyō generó una embestida con la wakizashi. El hijo de la luna, responde repiqueteando su sable corto y alza la catana para bloquear el corte demoniaco hacia la frente, casi quebrando la calidad del arma. Taiyō suministra una patada en el vientre, silbando el corte en la realidad como un relámpago, dirige la feroz estocada hacia el hombro, mientras Tsukino lo esquiva, equilibrando el peso muerto del cuerpo, moviliza el sable corto rajando la brecha abierta de su oponente. Tsukino recula aguantando el escozor en la cintura, sintió la sangre brotar en la herida. El sonido seco de las gotas en la tierra reverberó en el tímpano. Taiyō ataca de nuevo simulando un remolino, hizo tres giros y dirigió el corte con la catana en conjunto de la wakizashi, ¡rompieron ambos sables largos! La fuerza reunida en el baile confuso, hizo bajar las espadas que cubrían pecho y rostro, subió con el sable corto activo, no dudó en intentar atravesar a Tsukino. El destello de la punta del sable de Taiyō aterró al hijo de la luna, inclinándose, recuperó la estabilidad y haciendo una finta ágil como grácil, logró cortar la muñeca diestra de Taiyō con el fragmento que quedaba de la catana. Consideró la oportunidad, se abalanzó manteniendo la mente serena de un samurái. El futuro hijo del sol, flaqueando entre seguir luchando o no, reforzó la decisión, defendiéndose aguerrido contra los ataques voraces de Tsukino que trataban de desarmarlo. «Úsame y vencerás». El próximo emperador de las cuatro naciones, dejándose llevar. De la mano cortada surgió un fuego azulado quemando la piel, cerrando la abertura. —¡¿Qué has hecho, hermano?!  —Llámame emperador Taiyō —dijo altivo, riendo al recordar que lo llamó hermano. —El único emperador es nuestro padre. «Acaba con su mísera voz, me aturde». Vaticinando el movimiento de su hermano, siguió derecho con una estocada, pero probando los dones otorgados del demonio, llevó el brazo a la altura del pecho, retrayendo y luego expulsando energía. Tsukino soltó los sables inutilizables. Suspendido en el aire, saltó Taiyō, repitiendo lo que hizo el demonio, tocó el tercer ojo. —Si sobrevives, morirás de nuevo —dijo irreconocible para Tsukino. —Hermano —susurró, temblaban los ojos. No podía creerlo. Arrojó al hijo de la luna desde la montaña, borrando la memoria de Tsukino como un último acto de bondad, aún quedaban rastros del antiguo Taiyō. Nadie quiere morir sabiendo que tu hermano te traicionó. *** Lo siguiente es doloroso de explicar. Cuando un hombre es cegado por su ego, será capaz de desterrar a sus padres. Taiyō regresó al palacio ubicado en las cercanías de la ciudad imperial Nanji. Asesinó a sus padres quienes lo recibieron con abrazos. Los guardias, samuráis y sirvientes, no sabían a que atenerse, optaron el error de seguir la voz del sogún Katsahura. Temieron al saber que el asesino poseía un poder indomable para los mortales. Exclamó que sería El hijo Supremo del sol, destinado por la santidad del demonio que lo posee. Luchó contra el sogún en una guerra desigual, venció usando el don del demonio. Pisoteó los valores, principios y moral samuráis inculcados por su maestro. Descuartizó el c*****r, enterró los restos en los prados Monomōka como muestra del hipócrita respeto que debía. La era dictatorial del emperador Taiyō, comenzaría al aplacar la guerra civil que se alzó contra su mandato, durante la postguerra contra los seguidores de Katsahura. Desplazó el poder jerárquico de los sogún a los daimios, retomando el valor que otrora poseían, liberándolos de las nefastas condiciones económicas que el sogunato de Katsahura mantenía. En la isla Hanbayū, temían del truculento poder sobrenatural capaz de quemar cien hombres en un parpadeo del emperador. Comenzó una era sanguinaria. Recordemos que es la luna quien brinda esperanza. La leyenda de Samurái Palo, inicia.

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