CAPÍTULO TREINTA Y UNO La dirección que le habían dado a Avery era el de una mujer llamada Debbie Toms, que aparecía como la madre en los contactos de emergencia que Charles Everett le había dado. La casa quedaba en un vecindario de clase media de la ciudad. El frente estaba rodeado de macizos de flores modestas, y una pequeña fuente para pájaros ocupaba el patio lateral. Avery pasó cinco minutos tocando la puerta y no obtuvo respuesta. No sabía su edad, pero supuso que era posible que Debbie aún no se había jubilado y que estaba trabajando. Llamó a la A1 para pedir asistencia y se le pidió que esperara mientras la recepcionista transfería la llamada. Estuvo muy sorprendida cuando Ramírez contestó. Cuando oyó su voz, se quedó inmóvil por un momento, sin saber cómo proceder. “Hola”, dij

