CAPÍTULO TREINTA Y DOS Sophia Lesbrook volvió en sí lentamente. Era casi como despertar de un sueño muy malo, salvo que el dolor acompañaba el miedo que ya sentía. Era un dolor que empezaba a lo largo del lado derecho de su mandíbula y parecía llegar hasta la mitad de su espalda. Probó sangre en su boca y algo en el interior de su boca se sentía extraño. Movió su cabeza hacia la derecha muy lentamente y se dio cuenta de que la mitad inferior del lado derecho de su cara estaba muy hinchada. Fue entonces cuando recordó la imagen fugaz del hombre en su dormitorio. No tenía idea de dónde había venido y, para cuando entró en cuenta de que estaba en la cama con ella, ya había sido demasiado tarde. Abrió los ojos rápidamente, una acción que pareció intensificar el dolor en su rostro y espalda.

