Capítulo 3 - El corazón reconoce

1690 Palabras
Sus miradas eran cálidas. —Te queremos mucho. —dijo Paola. No los recuerdo, pero las personas que han llegado me inspiran confianza—. Nos vemos en la casa. Miré a la señora Samanta, ella se sentó a mi lado y acarició mi cabello. —Paramos cuando quieras. Afirmé, yo quería conocer a mi hija, no la recuerdo, pero siento que debo verla. Ahora ingresaron dos señoras. —Hola, cariño. Soy Mary Taylor, tu suegra, la abuela de tus nietos. —Con temor a no lastimarme la pierna se acomodó a un lado y me dio dos besos, uno en cada mejilla—. Sé que te vas a mejorar. —Gracias. —La otra señora me miraba haciendo caras extrañas. —¿Entonces no te acuerdas de mí? ¡Vea usted! Cuando don Henrry dijo que te iban a sacar unas bolas de sangre de la cabeza me imaginé que te iba a encontrar con la cabeza destaponada. —No sé por qué sonreí, la señora Samanta y Rafael también. » Ahora le pregunté al patrón como tenía la cabeza y me explicó que te las sacaron por la nariz, pero no veo tu nariz explayada. —La carcajada fue general, menos la señora Mary, la señora que hablaba comenzó a señalarme—. ¡Ahí está mi niña! Puede que tengas la mente enjuagada, pero sigues siendo mi niña Betty. Siempre te ríes de mis palabras. Soy Chila. —Gracias, es raro, todas las personas vistas me han dado confianza, usted me hizo reír, entendí otro idioma. —señalé a la señora Mary—. Pero no recuerdo nada. —Tal vez cuando leas tus novelas te ayude a ir aclarando. —habló quién se presentó como mi suegra. —¿Novelas? —Eres escritora. —intervino la señora Samanta—. Puede ser una buena terapia, ¿Qué te parece Rafa? Salieron, ingresaron dos muchachas, una se presentó como Sofía y la otra dijo que se llamaba Megan, luego ingresó un muchacho rubio y una señora. La sensación con la mujer mayor fue la misma que sentí cuando me abrazó la abuela Rochi. —No has dejado de estar en mi rosario cariño. Soy María, tu otra abuela. —Gracias. —Se me humedecieron los ojos. —Te ves muy bien a pesar de todo y eso es lo mejor, porque debes estar fuerte para mi boda en trece días, eres una de las damas. —¿Qué? —Betty, hace unos días me dijiste que ya tenías dos libros y estabas escribiendo el tercero donde escribías la historia de tus amigos, enfocado en mi vida y la de Catalina, puede que eso te ayude, vas a leer tu propia vida. —Lo tendré presente, ¿tu nombre es? —Dylan. —saludó de beso—. Ya solo falta Cata, Ricky y Cadie quien se encuentra desesperada. Está en la puerta contabilizando el tiempo, a quien se demora lo regaña, porque le quitan tiempo con su mamá e insiste que tiene días sin darle amor a su hermanito. —No sé qué sentí en el pecho—. Te queremos mucho Betty. Me dio un beso en la mano y salió. Los nervios me invadieron, ahora va a entrar él con mi hija… La primera en ingresar fue una sonriente muchacha. Se puso la mano en la cintura. —¿Así no te acuerdes de mí? Pues te las canto, soy tu hermana de corazón, tu mejor amiga, la madrina de Cadie, te enseñé hablar español y los dichos costeños, te enseñé a bailar porro, champeta y vallenato. Me abrazó fuerte, una sensación abrumadora me invadió al estar en sus brazos. » Tienes familia hermanita, somos todos los que han entrado a verte hoy, las fotos podrían mostrarte las imágenes que no recuerdas, verás cómo se ponen de nuevo en tu memoria, míralo por el lado bueno. —Se alejó y se limpió las lágrimas. » La vida te regaló el privilegio de borrar los malos momentos, ahora podrás construir nuevos, tienes una familia la cual te quiere, un hombre que te idolatra, dos hijos quienes te necesitan. Así que puya el burro mija y pa’ lante es pa’ ya. » Con la cabeza en blanco no importa, empieza a meter nuevas imágenes y ni te compliques en que no recuerdas, la memoria se puede olvidar, pero el cariño dado de corazón, te apuesto una palangana de butifarra, ya la has sentido. —afirmé ante lo último. —Tú debes ser Catalina y esa sensación dicha contigo se sintió más fuerte. —¡Es que yo soy tu hermanita adorada! La misma que canta y baila, aunque en este momento quiero exterminar a alguien. Pero no es momento de mis penas, una personita me dijo tía es entrada por salida, pero no me voy a ir. Quiero ver el encuentro, por eso cierro el pico, voy a quedarme calladita y chismoseando. Ya le digo que pasen. Mi corazón latía a mil, pensé que estaba sufriendo una taquicardia. El hombre que me pone nerviosa ingresó y de la mano venía una niña rubia como yo, con los ojos azules como los míos, blanca como yo. Ella hacía muecas con la boca, no pude hablar, lo mismo que pasó con Arturo, no tenía ni un solo recuerdo de ella en la cabeza, pero era mi hija, comencé a hiperventilar, desde la cama extendí los brazos y la niña corrió a mi lado. —¿No te acuerdas de mí, mami? —Perdóname por no recordarte, pero mi corazón sabe quién eres. —Me abrazó más fuerte, me dio un beso. —Yo tengo un regalo para que te acuerdes de que somos tus hijos. —De su bolsito sacó un relicario, me lo puso y lo abrió—. Mira papá tiene el suyo, yo tengo el mío puesto, a Arturo me tocó guardarlo para cuando deje de estar arrugadito. —Me hizo reír—. ¡Papi ven! —La señora Samanta estaba abrazando a Catalina y Rafael las abrazaba a las dos, Ricky se acercó. —¿Puedo? Él no se había acercado, desde que abrí mis ojos. Afirmé, mi cabeza seguía en blanco, pero la sensación de estar en familia si la había sentido, cuando los brazos del padre de mis hijos me rodearon, sentí una tranquilidad, su aroma… su aroma me era tan familiar. Besó mi frente. » Te amo, Betty. —Me separé sin dejar de verlo, Rafael se acercó. —¿Recordaste algo? —Su aroma. —Ricky sonrió por primera vez desde que desperté. —Siempre te ha gustado mi perfume. —sentí el sonrojo—. Tal vez no me toque empezar a conquistarte desde cero. Y mi corazón se alteró aún más. …***… Estaba que pateaba al mundo, no he podido dormir bien, de hecho, no he dormido un carajo, he pasado la mayor parte del tiempo en el estudio. Solo he salido a los lugares donde estaremos todos y así poder ver a mi mujer. ¡La necesitaba en mi cama para poder dormir!, me había acostumbrado a dormir con mi mano en su trasero, si antes me gustaba apretarle la mano, ya que me transmitía seguridad, ahora apretar su nalga era mi gloria personal, extraño su respiración, su aliento; ese que ingresó en mi torrente sanguíneo esa tarde en el closet jugando a verdad o reto. ¡Dios, ayúdame! Faltan doce días para la boda, medio mundo habla al respecto, su foto sale en todos los canales de farándula, ¡y la susodicha ni por enterada!, me tolera hasta cierta distancia, y sí me acerco, entraba en crisis histérica, como dijo Rafael, puede perjudicar a nuestra hija, no puedo ser el causante de un aborto. Era frustrante sentirse maní atado. Sería insólito que después de orquestar un camino juntos, ella me deje plantado en el altar. ¡Era muy capaz! —Buenos días, hijo Desde que estaba solo, mi abuela volvió a ingresar al cuarto a recoger la ropa. Ya ni le digo nada, después sale con un sermón matutino y no aguanta. —Buenos días, bella abuela. —¿Otro día sin dormir? —Espero recuperar el sueño en la luna de miel. —Hijo, habla con Megan, si tú no duermes la pobre tampoco, se la pasa en vela en sus computadoras y teme que tanto tú como su carrera se venga al retrete por tu majadería. —Abuela no es majadería. No puedo acercarme, sabes cómo se pone, al menos ya me tolera un poco, cada vez me acerco más y ella no se altera, ¿quieres que sea el causante de perder a tu bisnieta? —Me dio el primer trapazo del día. —Y después dices que no eres majadero, ¡dale la carta! —Esa carta se la quiero dar en nuestra luna de miel. Quiero que me acepte y perdone por lo que soy, no por todo lo que hice. —Estamos hablando de Catalina Suárez Páez, con ella no se sabe nada. —Siempre me la pone difícil, mi hija está creciendo y no la he podido tocar. —Ella hoy se va a la Sabanera, ya no regresa, Megan y un batallón de gente necesita comenzar a organizar la recepción. Mañana los trabajadores comienzan a limpiar el terreno. —Va a quedar muy bien, para colmo ella escogió toda la decoración con el color palo de rosa y rosados envejecido con un toque de amarillo. Me eché a reír, ella odia el rosado, sin querer sus principales fiestas fueron con ese color. Recordé sus quince años, parecía un repollito rosado. Ahora su vestido será blanco con ese listón amarillo con la coronilla de flores amarillas, en eso intervine, ella ha sembrado puro guayacán en La Arbolada, por eso le dije a Megan, deseo ver su ramo sea con esas flores amarillas, Catalina era muy simbólica y adora su tierra. Esas mismas las llevará en la corona que portará su velo. Una diseñadora trabaja en ello. Mi mujer se verá hermosa. —¿No crees que se enoje?
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