Cuando despertó esta mañana, lo había hecho con una enorme sonrisa y la mantuvo mientras se duchaba y vestía. Los recuerdos del fin de semana estaban demasiado frescos como para enterrarlos en algún recoveco de su mente y olvidarlos. Siendo honesta, no creía poder olvidarse de todo lo que había ocurrido desde el viernes por la noche hasta el domingo por la tarde. Dios, había pasado todo el fin de semana en casa de su atractivo jefe, en su cama para ser más específica. Lo que sucedió la noche del viernes se repitió durante todo el sábado y domingo. Seguro, quizá no había dormido ni descansado tanto como estaba acostumbrada y sentía su cuerpo más laxo de lo normal, pero no iba a quejarse por algo que había disfrutado y gozado. Otra semana comenzaba y esta no sería distinta de las anteriore

