Capítulo 9: El aventón de Hades

1209 Palabras
Capítulo 9: El aventón de Hades Estaba un poco perdida cuando nos dirigimos al estacionamiento buscando su auto, no tenía ni idea de cual era, pero cuando él se detuvo en una deslumbrante camioneta nueva, brillosa, de cauchos gruesos y altos, abriéndome la puerta, casi me caí de espaldas. «Santas vacas y santos autos caros». Su camioneta era una Todoterreno gris bastante monstruosa como las que usaban en los juegos de lodo 4x4, definitivamente no esperaba menos para alguien como Hades, su camioneta lo definía a él; atemorizante y deslumbrante; jamás iba a pasar desapercibido. —¿Cómo me monto aquí? —murmuré impactada, era muy alto el escalón para subir y con mi torpeza ya veía que iba a caerme. —Apoyate aquí —dijo Hades ofreciéndome la palma de su mano como solo hacían los hombres caballerosos, ay joder, este hombre sabía cómo acelerarme el corazón con tan solo un gesto. Me apoyé de la palma de su mano y alcé la vista; él me observaba fijamente, sus ojos de toques verdes, dorados y cobres haciendo un hipnotizante contraste; casi embrujándome, sentí como si estuviéramos en un sitio privado bajo el paraguas que sostenía, la lluvia cayendo a nuestro alrededor, no podía pedir nada más romántico... No, se suponía que no había ningún interés amoroso con él, pero ¿qué puedo decir? Yo era de esas personas que esperaban un amor digno de un libro, que me hiciera sentir fuera de mí y acelerara todos mis sentidos, estaba condenada a amar. Y definitivamente la atracción que sentía hacia él sentía que ni siquiera la podía controlar. Lo peor es que no sabía si él se sentía de la misma manera que yo. «Basta Nube, reacciona o pensarás que eres estúpida». Aclaré mi garganta obligándome a salir de mis pensamientos y subí al asiento, él cerró la puerta dando la vuelta al auto para subirse también, cerró el paraguas y lo colocó en la parte de atrás. Tomé una profunda respiración para calmarme un poco, el auto olía delicioso, como esencia de coco, afuera la lluvia seguía intensa, arreglé el dobladillo de mi vestido intentando estirarlo y cubrir mis piernas, muy mal día para traer un vestido para un día caluroso; cuando hacia un frio horrible acompañado de la lluvia. —¿Tienes frio? —preguntó Hades encendiendo el auto y el reproductor de la música se encendió reproduciendo una suave melodía. Extrañamente sentía que todo mi cuerpo estaba internamente caliente, pero por fuera sentía que me estaba congelando especialmente mis manos y mi nariz; de seguro los nervios tenían que ver en esto. —Sí, un poco. —Admití. Él tomó la chaqueta que cubría el espaldar de su asiento y me la tendió. —Cúbrete con esto—dijo, la tomé y me cubrí, olía delicioso, a su intenso perfume varonil. —Gracias —murmuré, no dejaba de sorprenderme su caballerosidad. Lo observé manejar y tuve que forzarme a cerrar la boca para que no se me saliera la baba, la forma en la que sus brazos se contraían, en la que su ceño se fruncia débilmente en concentración, en el hecho de que todos los demás carros parecían diminutos y frenaban cuando pasábamos como si fuéramos los reyes del mundo. —Señorita Queen —comenzó a decir rompiendo el silencio—, sabes que revisé el listado de estudiantes, y hay personas que aparecen nivelados en tu sección, pero no han asistido a clases. Fruncí el ceño saliendo de mi burbuja y lo miré con interés, bueno, si sabía que había estudiantes que se habían retirado, pero no sabía que seguían en matricula. —Hay algunos que se han retirado —dije—, otros que han dado su número para la clase de verano. —Comprendo —dijo—, necesito que me pases la lista para tener en cuenta que ellos no estarán en su clase. —Está bien —lo pensé por un momento—, tengo la lista en mi residencia, si quiere lo busco y se lo doy. No me había dado cuenta de que esa sonó como una invitación a mi residencia, ¿acaso pensaría que lo estaba invitando a follar? No, ¿si? «No seas tonta Nube, obviamente él no piensa en sexo como tú, que tienes una mente cochambrosa». No, no era una invitación, simplemente era parte de mi responsabilidad como presidenta de la clase. No entendía por que de repente estaba nerviosa. —Está bien —se limitó a decir, su rostro neutro sin ninguna expresión que pudiera delatar sus pensamientos. Joder, quisiera ser como Hades cuando tenía el rostro más congelado que el hielo y no se le notaba expresiones, pero estaba segura de que el mínimo atisbo de mis pensamientos se reflejaba en mi cara y en mis mejillas sonrojadas. De repente mi estómago gruñó, esperaba que él no lo hubiera escuchado, pero al mirarlo noté que una de la comisura de sus labios se estiró un poco. —¿Tienes hambre? —preguntó. Joder, que vergüenza. «No paras de pasar vergüenza frente al doctor/profesor/ papito Nube». Aclaré mi garganta y dije: —Un poco. —Conozco un buen lugar —dijo—, claro, si no te importa ir a comer conmigo, no quiero que lo veas como algo irrespetuoso. Desde el sueño húmedo de anoche definitivamente mi mente pasó la pagina de lo irrespetuoso y a cada segundo las ganas de abalanzarme sobre él me torturaban. «Cálmate Nube, maldita sea, pero si tu fuiste la que lo rechazaste». Maldición, esta guerra interna con mi moral iba a sacarme canas verdes. —No veo como algo irrespetuoso ir a comer —comenté—, no es como si fuera una cita. Él no dijo nada y realmente su silencio me aturdió. ¿Acaso sí era una cita improvisada? No. ¿Sí? Hades, le subió un poco más volumen a la música que sonaba, no la reconocía, pero era una melodía de piano, dulce y tranquila. —Uhm, Profesor Parker... —comencé a decir. —Puedes llamarme Hades —dijo—, no estamos dentro de la universidad. Ah. Recordaba cuando yo le había dicho que me llamara por mi nombre y él me rebotó diciéndome que no. —¿Nada de formalidades ahora? —alcé una ceja, él me miró de reojo. —Solo si tú quieres —dijo. Tomé una profunda respiración, ¿por qué todo me sonaba como un sutil coqueteo? —Vale. Hades —dije saboreando su nombre—. Me quedé con la duda de tu libro. Él alzó una ceja con interés. —¿Qué duda? Bueno, en realidad no era una duda, era algo que él me había dicho en su despacho acerca del hipnotismo. Me llené de valor y pregunté: —¿Como puede dar placer el hipnotismo? Sentí mis mejillas y mis orejas calentarse en sonrojo, tal vez era una pregunta demasiado atrevida. Él pareció procesar lo que le pregunté por un momento. —Eso no se puede describir exactamente —dijo por fin, me quedé ligeramente confundida, creo que no lo había visto quedarse sin explicación nunca. —¿Entonces que...? —comencé a decir, pero él me interrumpió diciendo: —Eso se demuestra.
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