Capítulo 8: Señor Intensidad

1862 Palabras
Capítulo 8: Señor Intensidad Su voz profunda me dejó sin aliento y me hizo tragar saliva pesadamente. «Respira, Nube, él no te afecta, no lo mires, solo actúa como si él no fuera nada para ti». Creo que haber leído su libro noche había sido peor porque mi admiración hacia él subió a diez mil. Tomé la manija y la giré abriendo la puerta, el intenso olor a su perfume inundó mi nariz y todos mis sentidos encendiendo mis mejillas del nerviosismo, toda su oficina estaba más organizada con todas sus cosas, mis ojos se enfocaron en el profesor Parker, él estaba de pie de espaldas a mí terminando de organizar unos libros en la biblioteca, como la pervertida que al parecer era deslicé mis ojos por todo su cuerpo y tragué en seco al recordar el sueño erótico. «Mal momento para recordarlo, Nube, muy mal momento». -Buen día profesor Parker -aclaré mi garganta al sentir que estaba hablando sin aliento-, aquí está la hoja. Caminé dejándosela ahí encima del escritorio, él se volteó, sus ojos dorados pareciendo brillar como el oro se fijaron en mí y luego en la hoja sobre su escritorio para luego volver a mirarme, aquí estaba, sin poder recordar como respirar. «Maldita sea, no tenías que mirarlo...» Pero era imposible apartar la vista de él cuando comenzó a acercarse hacia mí a paso lento y se detuvo a solo un paso de invadir mi espacio personal, la distancia que nos separaba era de centímetros y mi corazón estaba frenético. «El sueño que tuve va a pasar». Sus ojos nunca dejaron los míos, yo ya sentía desfallecer, una de la comisura de sus labios se alzó. -Hoy no eres conejita. -comentó en un tono bajo que revolvió todo dentro de mí. Abrí la boca para decir algo, pero sentía que mi lengua se había desconectado de mi cerebro, de repete Hades se volteó hacia el escritorio para mirar la hoja como si nada ocurriera, como si no se hubiera dado cuenta de que ese simple gesto no desestabilizó todo mi sistema. «Eres patética Nube, derritiéndote por él cuando él evidentemente le das igual». ¿O lo hacia a propósito? Mi leona interna se sentía envuelta en fuego, siempre me gustaba pensar en mí como una leona, porque mi madre me decía siempre que un león era capaz de tener fuerza y valentía; así quería ser; fuerte y valiente. Pero ahora me sentía como una gatita débil frente a Hades. ¿Por qué ahora le daba igual? Es decir, me había invitado por un helado ayer. «Lo rechazaste estúpida, ¿no recuerdas?» Ah... Aclaré mi garganta y caminé unos pasos hacia atrás cruzándome de brazos para guardar algo de distancia, de esa forma intentaría controlar mis impulsos. -Listo -dijo el profesor Parker entregándome la hoja, sus ojos pareciendo analizarme, tenía que recordar que él era muy bueno leyendo los gestos de las personas- ¿Estás bien? Aquí estaba yo, con la mirada clavada en algún lado del techo para evitar verlo a él. -Yo... si, uhm -aclaré mi garganta. Si "bien" se traducía como "caos interno" entonces estaba "buenísima". -Aquí tienes -repitió incitándome para que tomara la hoja y la tomé-, puedes retirarte señorita Queen. ¿Me estaba echando de su oficina? Sentí mis mejillas sonrojarse con fuerza, probablemente porque ahora no sentía que era el centro de su mirada, sino que me trataba indiferente. «Tu quería esto, ¿recuerdas?» No, mi moral quería esto, mi deseo no. -Profesor Parker, leí su libro... -solté por impulso tal vez para pasar un momento más con él- bueno, parte de él. La comisura de sus labios se alzó pareciendo ligeramente entretenido. Joder, ahora de seguro creería que era una loca obsesionada con él. -¿Que te ha parecido? -preguntó. -He cambiado mi forma de mirarlo -admití-, es decir siento mucha curiosidad por lo que sabe de la hipnosis, ¿de verdad una persona puede cederle el poder de su cuerpo a otra persona solo con la mente? Eso es lo que había leído, que podía dejarse controlar por completo, como todo un títere. Tragué en seco, lo que más nerviosa me ponía era que él no apartaba la mirada de la mía, casi como si entrara a mi alma. -Hay muchas formas señorita Queen -respondió-, diversas formas... hasta unas muy... placenteras. ¿Placenteras? Pestañé varias veces para intentar aclarar mis pensamientos sintiendo mi garganta reseca, necesitaba controlar mis emociones ante el señor intensidad. -Puede llamarme Nube. -murmuré, estábamos solos, no había que tener formalidades. -Prefiero señorita Queen -refutó alzando una ceja-, hay que mantener el respeto, no quiero incomodarte con algo inapropiado. Ah. ¿De verdad había dicho...? A mi parecer sonaba resentido, probablemente por mi rechazo. -Si es por lo de ayer...-comencé a decir. -¿Qué ocurrió ayer? -me interrumpió probablemente fingiendo demencia, como si la sutil propuesta de salir no la hubiera rechazado. -Nada profesor Parker -dije respondiéndole de la misma forma respetuosa-, supongo que nada... Hades dio un paso hacia mí y dejé de respirar sin apartar la vista de la suya, observé como su dedo se alzó tocando mi barbilla, y se lo llevó a la boca lamiéndose el dedo aun con la mirada fija en la mía. -Uhm -murmuró-, Chocolate. Mi barbilla cosquilleaba donde apenas me había rozado con su dedo, tragué en seco o creo que más bien me quedé muerta frente a él. Me había manchado con chocolate y ni siquiera me di cuenta, malditos caramelos de chocolate. Que vergüenza. ¿Por qué no podía ser normal o no tener pegoste en la cara cerca de él? -Cierre la puerta al salir. -dijo Hades dándose media vuelta y volviendo a organizar las cosas de su oficina. Así como estaba; completamente en shock y más encendida que una fogata, salí como un cohete de ahí, es decir todo mi cuerpo reclamaba que me tocara y a la vez quería odiarlo por causar todo esto en mí. Evidentemente él sabia como provocarme sutilmente. Tomé una profunda respiración cuando por fin estaba lejos de él, y para mi sorpresa me di cuenta de que estaba lloviendo. Maldita sea, y yo tenía que ir a mi casa en autobús. Me quedé en la entrada de la universidad esperando que dejara de llover, para poder irme a mi casa, al menos que menguara un poco la lluvia, escuché risas detrás de mí y voltee para ver quien venía. Oh no. Era Rafael que se acercaba con Karen tomados de la mano, maldita sea, no tenía donde ocultarme, siempre los intentaba evitar porque por alguna extraña razón del universo ellos creían que podíamos socializar como buenos amigos después de lo que me hicieron. Yo era de las personas rencorosas que se les hacía difícil perdonar una traición. Me voltee fingiendo no verlos, pero evidentemente venían en mi dirección. -Hola -dijo Karen deteniéndose a mi lado con Rafael. -Hey -murmuré apenas mirándolos, deseando que entendieran mi lenguaje corporal y que se largaran de aquí. -Oye -dijo Rafael-, te pedí los apuntes ayer, ¿Por qué no me los has pasado? Ah. Realmente ni me había acordado de eso. -No me recordaste. -me limité a decir, ya no quería seguir hablando así que les di la espalda cruzándome de brazos. -Pero si te dije ayer -dijo Rafael tomándome del brazo-, deja esa actitud que caes mal. Joder con este hijo de puta intenso. Me caía mal que quisiera forzarme a hablar con él, lo admitía, estaba predispuesta. -No me toques -dije-, además tú no tienes derecho a reclamarme nada, que la clase te la pasé otro, dejame en paz. -No le hables así. -dijo Karen también metiéndose a la discusión. -Él comenzó a hablarme así primero. -repliqué. -No porque seas la presidenta de la clase vas a creerte más que los demás -refutó Karen. No, no era porque me creía más que ellos, era porque me caían mal. -¿Pero que mierdas te pasa? -refuté encarándola- ¿en serio quieren hospitalidad después de que se comportaron como una mierda conmigo? Karen tragó saliva, evidentemente ella sabía que había hecho las cosas mal. -No le hables así. -dijo Rafael. -Ay no, que flojera -giré los ojos intentando ignorarlo volviendo a darles la espalda, aun la estúpida lluvia no paraba de caer. -Puta malcriada. -susurró Karen y agregó a Rafael: - Vámonos, amor. Me voltee casi como el exorcista. Yo que estaba molesta, ahora estaba completamente endemoniada. -¿Cómo me llamaste? -dije entre dientes, ella no se echó para atrás, sino que alzó la barbilla de forma retadora, esto era lo que me indignó de ella desde un principio, que siempre hacia ver a los demás como si la culpa fuera mía por dejarse robar al que se suponía era mi novio. -Sé que me escuchaste. -dijo ella. Maldita. Iba a dar un paso hacia ella sintiendo que se me iban a ir los tapones e iba a hacer algo que nunca hice antes; agarrarla del cabello, pero me congelé cuando escuché que alguien dijo: -Señorita Queen -sabía de quien era esa voz- ¿todo en orden? Los tres volteamos a verlo, él venía por el pasillo sosteniendo su maletin con una mirada retadora que se paseaba por los tres de manera suspicaz. Oh-oh. -Si profesor Parker -dije aclarando mi garganta-, ellos ya se iban. Karen me lanzó una mirada completamente envenenada y aferrándose a la mano de Rafael se fue con él hacia su auto. Si, creo que lo que más extrañaba de Rafael era su puto auto en esta tarde tan lluviosa, lo peor es que siempre le pedía a Rafael darle un aventón a Karen cuando salíamos. Que estúpida fui. El profesor Parker se detuvo a mi lado observando la lluvia y yo solo lo observé a él, su perfil era perfecto, él era de esas personas que podrían mirar por horas y jamás cansarte porque te preguntabas qué defecto tendría. Él volteó atrapándome mientras lo observa como una completa acosadora y sentía mi rostro sonrojarse cambiando mi mirada hacia cualquier otro lado. Nunca sabía disimular mi atracción por él. - ¿Te doy un aventón? -preguntó. ¿Yo? Casi quise voltear hacia los lados para ver si era a mí a la que le hablaba, sí, evidentemente era a mí, era la única aquí en la puerta. Tragué saliva pesadamente, irme en el carro del profesor Parker no parecía moralmente correcto ahora que intentaba mantenerlo lejos, pero era rechazarlo o quedarme estancada aquí. Realmente ya quería irme a mi casa. -Sí por favor -acepté-, esta lluvia no para de caer. Él estiró la comisura de sus labios probablemente porque esta vez no lo rechacé. Mi deseo hacia él estaba venciendo a mi moral. -Acércate. -ordenó mientras abría un paraguas, me acerqué a él para estar protegida de la lluvia percibiendo su intensa fragancia que ahora era mi favorita, siempre me recordaba a él. Comenzamos a caminar hacia su auto, yo solo me enfocaba en caminar sin enredar mis pies, cuando estaba nerviosa tendía a hacerlo. En ese momento no sabía que esa tarde en la que me fui con él, todo cambiaría.
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