Dos meses después. Adam no estaba muy feliz últimamente y menos cuando no podía llevar él mismo a los niños a donde fuese que necesitaban ir, en algún plan maléfico o negocio secreto estaba involucrado. Esa mañana los chicos no estaban en casa porque habían pasado tiempo con sus madres el fin de semana, tomé a mis bebés y las alisté, las dos se rehusaban a ir al kínder, les soborné y acabé arrastrándolas. —¿Necesita ayuda, señora Luthor? —Preguntó uno de los guardas de seguridad. —No Edmund, ocupo un cambio de actitud. ¡Me están cansado, nenas! —Dije y las dos se subieron al auto. Le dije al guarda que íbamos al colegio y aseguré a mis hijas con el cinturón, las dos estaban mirándose en silencio, decidí pasarme un poco de brillo en los labios y puse el aire acondicionado, luego condu

