Las cosas se habían calmado un poco desde que Adama había puesto una orden de restricción hacia Adriana, no podía acercársele a él o a sus hijas mucho menos a su esposa. La mujer había bajado el ritmo de sus ataques alas coas estaba un poco meno agresivas y Jane podía ocuparse de otros asuntos como su vida, el proceso judicial seguía en pie y seguían buscando salidas y guías. Al menos ellos y sus hijos estaban un poco más tranquilos. Jane preparaba las loncheras para sus hijos mientras su hijastro mayor se acercó y le besó la mejillas. —Has visto a Mercy últimamente. —¿Por qué siguen a escondidas? —Es mejor así, no quiero una relación seria. —No con ella al menos—reprochó Jane a su hijo y Patrick se encogió de hombros. —El punto es que está un poco... gorda. ¿Se lo puedes dec

