—No, no me divorciaré de ti. No de ti, no contigo. Lo dije y lo cumpliré. "Hasta que la muerte nos separe, Jane". Lo juramos, tenemos un pacto con Dios y si tengo que hacer uno con el diablo para que vuelvas a mi lado lo haré.
—Adam, sé con quién has estado, desde hace un año te he enviado a seguir.
—Tú también has hecho tus cosas.
Nos quedamos en silencio escuchando el final de la canción, ambos teníamos reclamos y no creía querer dejar mi decisión a un lado por lo que él sintiera o necesitara. Me acerqué y le di un beso en los labios al hombre que compartió su momento más delicado con la mujer que abandonó su matrimonio por seguir sus sueños propios, le abandonó a él y a sus dos hijos sin importar como se sintiera y conociendo aquella incertidumbre Adam me hizo lo mismo a mí.
Mi esposo me volvió a rodear entre sus brazos y le miré a los ojos molesta.
—¿Crees que no sé que te metiste en la cama con tu ex esposa? Quizá la casa no era mía Adam y tampoco de suya. Todo se trató de ti y de tu "mejor amiga" ¿Le mandabas a mi casa para burlarte de mí o para que se sintiera más tranquila?
—¡¡¡Jane, a ella le tocaba!!!
—Adam, soy tu maldita esposa.
—¡¡Jane!! Tenías 28 años, lo único que querías era ir de viaje y ser feliz.
—Adam, quiero demasiadas cosas, pero me hubiese quedado porque lo único que amo es a ti.
Tomé mis cosas y salí de aquella habitación, corrí hasta el primer piso a lo largo de las escaleras y cuando llegué agitada al lobby, salí para subirme al auto pero miré a la concubina de Adam con el cabello radiante y una amplia sonrisa sacando una llave para ingresar probablemente a su habitación de hotel.
Odio a esa mujer y es más que oficial, si quiere guerra yo se las voy a dar.
—Hola, soy Jane Luthor, me da la llave de mi alcohola.
—La señora Luthor ya tomó su llave —Dijo con simpleza y le miré directo a los ojos.
—Ella es la ex de mi esposo y yo haré que le despidan con tan solo una llamada a su jefe —Tomé el teléfono y marqué el número de mi amigo y puse el aparato en altavoz.
—Samuel Baxton.
—Hola cielo, necesito la llave a la alcoba de mi esposo.
—¿Volvió?
—Sí, la perra espera el elevador.
—Pásame a alguien de la recepción. —Le acerqué el teléfono a la misma persona que no me quiso atender con simpatía. —Bloqueen los elevador y denle la llave Baxton—Abre todas las puertas y hace veloz el viaje en elevador. — después de cinco minutos en el piso desbloqueen.
Su orden era más de lo que necesitaba, pero conveniente, tomé uno de los elevadores a la izquierda y corrí a abrir la puerta de la habitación de mi esposo, le encontré llorando en el suelo, con rabia y dolor en el sonido de sus sollozos, una escena que pensé jamás vería y no imaginé en ningún sentido, le había visto excitado, salvaje, divertido, pero jamás herido, ni siquiera el día en que casi mato a cada uno de sus hijos por mi tranquilidad él lloró , porque Adam Luthor no era una persona rota ante mis ojos, Adam Luthor levanta la mirada y sigue con su camino, es lo que él y sus hijos hacen, miran hacia el frente y vas tras su siguiente escena.
—¿Te duele algo? —pregunté mientras instintivamente le abrazaba y llenaba su cabello de besos y mimos.
—Amé a Adriana. Una noche le dejé bien, cocinando y al cabo de dos horas mis hijos eran huérfanos. Cuando les conseguí una buena madrastra, inteligente y maternal perdió un seno y tenía un hijo más, luego Kendall ella fue una aventura con una veinteañera y Daniell ella ni siquiera es contable es una... ella y Adriana son unas embusteras, Jane solo a ti te amo, después de la madre de mis dos hijos mayores debí brincar a ti. Quiero conocer a mis hijas, quiero que mis hijos me amen de nuevo y te quiero a ti.
Le di un beso sobre los labios, apenas un roce como lo hizo alguna vez.
—Jane, te amo y a mis hijos.
—Tengo que planear una fiesta, sin alcohol y con azúcar, pensar como meteré un cachorro dentro del apartamento, pero... puedes preparar la cena y escuchar a tus hijos esta noche, compensarás con las gemelas preparando una rosada y gloriosa fiesta y pensarás en lo del cachorro por mí. Adam no te prometo una oportunidad conmigo, he cambiado, pero te prometo ayudarte con mis hijos.
Adam se limpió el rostro y se puso en pie. Mi esposo se inclinó y me dio un dulce beso sobre los labios, escuché la campanilla del elevador y decidí enredar mis dedos entre el cabello de mi esposo mientras disfrutaba de mi tacto.
No podía dejarle ir, no quería que se fuera, sentía que era mío o de nadie y en lugar de irme le besaba, en lugar de dejar que la rubia que le besara me quedé aquí, porque deseaba tenerle lejos con la certeza de que no tendría a nadie más que a mí.
Adam besó mi mejilla antes de acercarse a la rubia que nos miraba con incertidumbre.
—¿Qué haces aquí?
—Vine de visita, eres mi mejor amigo —Dijo y le dio una sonrisa. —Jane, ¿cómo van nuestros hijos?
—Les hubieras ahorrado dolor si tan solo me hubieses informado que tú y MI esposo jugaban a la familia feliz.
—¿Te puedes ir de aquí Danielle?
—No...
—No importa Adam, tú y yo tenemos planes —le tomé de la mano y lo acerqué a la puerta del elevador, tomó su abrigo y yo miré con una sonrisa triunfante a la mujer que nos veía con el rostro cargado de molestia. Salimos y había bastante prensa fuera del hotel, muchos querían hablarnos pero me dediqué a subir en la limosina con mi esposo.
Mi casa también estaba rodeada o al menos los portones, ingresamos al interior de la casa y mis hijos mayores me miraron de mala manera.
—¿Solo te costó unas horas perdonarle?
—¿Perdón?
—¡Jane!
—Por él no tenemos este galerón o la empresa. Gracias a él solo tenemos malas historias al final de nuestra adolescencia y a lo largo de nuestras vidas.
—Adrian, mis hijas tienen el derecho de elegir si le quieren o no en su vida, le di una segunda oportunidad a todos en esta casa, una segunda, tercera y sexta oportunidad. Yo merezco una segunda oportunidad, ustedes, mis hijas y Adam.
—¡Mamá , tío Archer ha venido a verme! —Me giré y le vi con Ada cagada y sonriente mientras Serena corría hacia su hermano mayor, le dio un beso y un abrazo. —Mira, tenemos visitas.
—Sí, piojillo —dije y fui a cargarla. Archer besó mi mejilla y la cabeza de la niña, luego a su hermana y finalmente salió de mi casa.
Miré a los chicos unos segundos y luego a mi esposo.
—Adam ha venido a conocerte a ti, a tu hermana y a conversar con tus hermanos, ¿pueden ser amables todos? Yo tengo algo que hacer afuera.
Salí en busca de la persona que sí limpió mi trasero, lágrimas, la persona que estuvo para mí y deja que yo esté por él.