Funny ex Valentine

1494 Palabras
Estoy molesta con los chicos quienes probablemente lo sabían antes de que me quedase ahí en media calle mirándole partir, sin decir nada más que su nombre. Adam el papá de mis hijos estaba en la cuidad y es probable que todo el mundo se enterase de ello antes que yo  porque el comportamiento  de los chicos no es el habitual. ¿Por qué no decir que mi esposo estaba cerca? Habíamos esperado tanto tiempo por la reaparición de aquel hombre y ahora que me crucé con su invernal mirada, una barba gigante, un cuerpo cansado... y un mar de emociones que simplemente me agotaron y no sabía qué sentir. ¿En aquello se había convertido mi esposo, el hombre al que amo y esperé? Justo hoy que le tuve en frente es la primera vez que me logré hacer la pregunta del millón:  ¿Lo merece?  Quería esperarlo cuando no sabía que podía dirigir una transnacional, dos negocios pequeños, ser madre de adultos, adolescentes y niños pequeños. Yo quería que él dirigiera esas cosas para poder seguir siendo yo, pero todo esto era parte de mí y sin él en mi  vida se había vuelto fácil cuando más difícil ha sido.  Me he dado la oportunidad de conocer mejor cada aspecto de mi vida y ahora no es necesario que alguien resuelva por mí, que alguien me levante cada que me caigo, porque aprendí finalmente a mantenerme en pie. Dejé de ser Jane sin rumbo, no gracias a aquel hombre que me dejó por segunda vez esta noche. Me di cuenta de que no necesitaba amigos, padres o un esposo, necesitaba creer en mí y usar mi cerebro, limpiar la casa con mis manos, cuidar a mis hijos con el alma y de vez en cuando tomar una copa de vino al final del día, bañarme e intentar reiniciar el ciclo con actualizaciones.  Justo ahora estoy en mi habitación con una copa de vino rosado, uno que fue estrenado en mi periodo de cosecha, nuevo y delicioso, mientras en la pared vacía de mi habitación se pasaban imágenes de mis hijos, mi esposo, de mí antes de no saber si volvería. Aquella pared contaba con catorce ojos mirando hacia mí y quería saber qué era lo que los ojos de Adam miraban o qué se podía ver a través de ellos.  —Mami —me dio varios besos en la mejilla. —Mi hermano nos ayudó a hacer café —dijo Serena mientras miraba hacia mi copa de vino. Le regalé una sonrisa a la pequeña y asentí mientras miraba sus preciosos ojos azules, con una ilusión en medio, con tanto futuro y sin problemas. Le di un beso antes de que saliera corriendo en dirección a la puerta de la casa, el timbre habría sonado y su instinto era ir a abrir la puerta. De camino cargué a su hermanita quien también quería saber quién tocaba el timbre.  Serena mantenía una conversación con el hombre recién rasurado y rubio en la puerta, ambos se veían sonrientes y era mí escena deseada; mi pequeña y su padre, pero no después de todo lo que pasé, no tengo un solo vestido de diseñador de mi embarazo porque los compré en una tienda de segunda mano y son cuatro vestidos viejos, además mi dieta alimenticia consistió en sobras del restaurante ¿Qué jodida necesidad?  Adam soltó una carcajada que recorrió mis oídos y todos mis sentidos, todo estaba en mi sistema, reaccioné de inmediato a aquella risotada y mi mirada se cargó de lágrimas al verle ingresar a > casa como si nada. Zack fue el primero en ir a abrazar a su padre, los demás chicos posaron su mirada sobre mí y fingí una sonrisa para ellos,  —¡Papá, estás bien! — Lo estoy Zack— Karl y Kyle fueron los siguientes en acercarse y Drake me dio la mano mientras Patrick rodeó mi hombro con sus brazos.  —¿Ya no tienes cáncer? —preguntó Adrian.  —Hace un año y medio.  —¡Entonces tomaste vacaciones de nosotros! —Dijo exaltado Kyle.  Todos comenzaron a hablar a la vez y mis hijas se hicieron hacia mí, tomé la mano de ambas y las llevé a mi habitación, les expliqué que aquel era su padre y tenían muchas preguntas las cuales yo no tenía respuesta.  ¿Volvió por nosotras?  ¿Nos ama?  ¿No lo quieres?  — ¿Se va a quedar? —preguntó Ada. —¿Puedo Jane? —preguntó Adam.  —¡Sal de mi habitación! —Pedí y asintió.  —Jane, voy a recuperarles; a cada uno, cueste lo que cueste —cerré la puerta y cargué a mis hijas directo a la ducha.  No pararon de hablar y jugar entre sí, a veces me sorprende como lo hacen, sin pausas y muy emocionadas, tenía dos pequeñas felices, demasiado felices que me hacían reír, me daban amor y eran completamente mías. ¿Para qué necesito a Adam?  Las dejé andar un rato en pelotas dentro de mi habitación, y cuando me terminé de vestir les envolví en un paño para llevarles a cambiar.  —Cierra los ojos —Ordenó Ada a su hermano.  —Papá no ha salido de ahí —Advirtió Drake.  Asentí y caminé con las niñas hacia el interior de la habitación, en cuanto las niñas ingresaron parloteando a su habitación Adam se volteó para escuchar a Ada quejarse, de las dos es la más delicada, no le gustaba que la vean sin vestir, sin peinar, llorar o comer, en cambio Serena tenía un gigante sentido exhibicionista y dramático.  —Necesita salir. Ahora, ¡ya! Mamá dile. —Adam... Sal las molestas.  —Bien —Dijo y se dio media vuelta.  Al acabar con de arreglarlas a ellas le hice una seña a Adam para que saliera de la casa, quería un lugar público, pero necesitaba gritarle tantas cosas que el mantenerme lejos de mis hijos antes de si quiera decirle otra cosa que no fuera Adam era difícil.  Así fue como acabamos en su habitación de hotel.  — ¿Quieres desayunar?  — ¿Por qué me ignoraste ayer? —pregunté.  —No estaba listo, tenía miedo, después de que te oí no quise que me hablaras así  o me miraras así como lo haces ahora.  —Adam, me cansé de esperarte —Inicié y se aceró a mí, tomó mi mano derecha y estampé la izquierda sobre su mejilla. — no estoy jugando.—Amenacé. Al menos no iba con la intensión de jugar con sus labios, sentir sus manos y dejarme llevar por la sensación de su sexo y mi sexo, era casi virgen y seguía adorando el sexo salvaje y jugoso con aquel hombre; adoraba como sus manos se prensaban entre mi cabello como mis piernas se comprimían cada vez que daba una estocada, mis pies hacían puntas perfectas cada vez que sus labios se rozan contra mi rostro, cuando sus manos tocaban mis pechos todo mi cuerpo se estremecía, lo más caliente de la situación era escuchar la voz de mi esposo, sentir su caliente aliento cerca de mi cuerpo.  En años mi cuerpo no se sentía tan relajado, liviano, amado o deseado, sentí como el brazo de Adam se apretaba más contra su cuerpo, disfruté el calor de aquel cuerpo y el olor de su piel que había cambiado un poco, no estaba usando el mismo perfume.  Entonces fue cuando me di cuenta de que había estado haciéndome cargo de todo por los dos, pero definitivamente él sí había cambiado, probablemente había otra en mi lugar.  —Preciosa ¿quieres almorzar? —Miré el reloj en la pared. —Adam, quiero el divorcio —Dije antes de meterme a  la ducha. En cuanto cerré la puerta volvió a poner Funny Valentine  hasta que volví a salir. Escuché como aquella canción que nos había unido sonaba dentro de la habitación, aquellos ojos que habían sido cómplices de la locura pasión e incluso el desamor que nos profesábamos, en medio de nosotros había tanto espacio, pero ese era el defecto, ya no había una misma oración, porque cada ver que contaba una historia tenía una larga lista de nombre por mencionar pero el suyo no estaba ahí, le miré a los ojos y esperé a sentirme tan suya y amada como antes, incluso, quería sentirme necesitaba y a pesar de la corta corriente que atravesaba mi cuerpo no podía decir que le amaba.  Por primera vez me sentí completamente segura de decir lo que quería frente a aquellos océanos profundos.  —Jane, tienes que escucharme...—dijo y le interrumpí.  —Quiero el divorcio —Repetí.—Te enviaré los papeles.  — Jane, por favor... — Será rápido. Me has abandonado— Le acusé y negó con la cabeza.—Patrick, Adrian y mi madre le dirían eso a cualquier juez, no pienso pensionarte y tampoco te quitaré lo tuyo, pero voy a tener el divorcio.  — Tú eres mía —Su voz sonaba ronca y agitada.  — No, Adam. Fuimos uno, ahora somos un par de extraños, uno contra el otro no sabes nada de mí, ni siquiera supiste que debías elegirme para cuidar de ti. Si no hay amor, confianza y respeto... ¿qué nos queda? — Jane, siempre eres mi opción.  — No, yo soy parte de tus opciones, no la elección. No merezco esto. Merezco que me amen incondicionalmente, que me apoyen, quiero un amor genuino, quiero a un buen hombre que esté para mí que cree a mis hijos conmigo que me defienda contrato, que me ame y confíe en mí.  — Jane... yo necesito que me escuches— Rogó.  — ¡Quiero el divorcio! —Grité. 
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