Capitulo IX "Luna"

1909 Palabras
—Eres muy rara — respondió él mirándome a los ojos. —Nadie me había dicho rara de una manera tan linda — contesté mientras reía. —No encuentro una razón por la que alguien te diría rara de otra manera — contestó de manera un tanto seria. —No querrás arruinar una linda tarde escuchando los sufrimientos de una adolescente estúpida — respondí riéndome de mi propia desgracia. —No quiero escuchar a una adolescente estúpida, quiero escucharte a tí — dijo él en un tono de voz suave que me hacía sentir confiada, apenas lo conocía pero estaba a punto de liberar gran parte de mí. —Está bien pero luego no me digas que no te lo advertí — le dije como aviso por lo que se avecinaba — siempre he querido ser justamente lo que soy actualmente. —¿Maravillosa? — intervino él. —Podría decirse que sí — contesté de manera elocuente — era muy fea, siempre creí que nunca se iban a enamorar de mí, que nunca iba a casarme, que nunca iba a ser besada de verdad. La gente sentía repulsión hacia mí y me dolía pero fingía que no, yo mantenía mis esperanzas en que algún día iba a ser una famosa pintora, que vendería muchos cuadros, sería millonaria y hermosa. —¿Entonces querías hacerte cirugía plástica? — comentó él a modo de broma. —No, en ese entonces creía que todas las personas millonarias eran bonitas porque era como un efecto secundario del dinero, así que si era millonaria era bonita ¿es obvio, no? — contesté del mismo modo que él. —Claro, sólo mírame — respondió él enseguida poniéndose en una pose súper incómoda en la que se suponía se veía más guapo. —Tienes razón, luego te conocí, te miré y dije: No todos los millonarios son bonitos. —¡Que graciosa! — comentó él fingiendo estar molesto. —Si, desarrollé un buen sentido del humor para compensar lo demás, si no era bonita debía graciosa. —Creí que era si no eres bonita al menos debes ser inteligente — comentó él confundido por mis palabras. —¡Oh Dios mío! perdí toda mi vida tratando de ser graciosa, ahora sí es verdad que no tengo nada, me lo has arrebatado todo Tyler Blake — dije de manera dramática — si era inteligente pero a las demás personas les agradas aún menos cuando eres inteligente, decían que era rara, porque dibujaba extrañas cosas en mis cuadernos, porque no era tan delicada como las otras niñas, incluso porque era inteligente. —Todos esos niños eran unos pendejos, seguro ahora son unos perdedores y sus hijos... sus hijos también serán unos perdedores — exclamó Tyler a modo de broma — no como nuestros hijos que serán asombrosos, serán lindos y talentosos como su madre. —¡Ya deja eso! — contesté riendo — no quiero tener hijos y no me voy a casar contigo. —Eso dices ahora pero cuando te enamores de mí vas a estar rogando por una gran boda y todo un equipo de fútbol — respondió él como si se estuviese imaginando cómo sería nuestras vidas de esa manera. —Si me enamoro de tí igual no voy a querer casarme ni voy a querer hijos. —Está bien, acepto tus condiciones, solo enamórate de mí. —Eres muy insistente — contesté. —Solo soy insistente cuando estoy seguro de que puedo lograr algo — en sus palabras había mucha firmeza y en su mirada convicción pero yo no podía hacerle esto a alguien como Tyler, no sería justo. —¿Qué te hace creer que me voy a enamorar de tí? —Después de todo aquí estás, no puedo explicarlo pero lo sé, eres diferente cuando estoy contigo, siento que brillas más de lo usual — repentinamente Tyler se puso de rodillas, yo solo podía reírme de la situación, no entendía nada de lo que estaba pasando — Chloe... —Tyler... — contesté tratando de contener la risa. —¿Quieres casarte conmigo? — cuando esa oración salió de su boca sentí que mi estómago daba un vuelco. Habían un montón de emociones encontradas en mi interior, emociones que no pude expresar porque solo comencé a reírme, daba grandes carcajadas pero al mirarlo él parecía confundido. —¿Es enserio? — cuestioné. —Si, realmente quiero que te cases conmigo — dijo él sin una pizca de duda en su rostro. —No voy a casarme contigo, Tyler — contesté entre risas — ven, levántate — lo tomé de las manos para ayudarlo a ponerse de pie. —¿Por qué no? — preguntó con una expresión confundida. —Para comenzar porque no te conozco, tú no me conoces a mí tampoco. —Podríamos conocernos. —Ronco por las noches — dije para evitarlo. —Usaré orejeras. —Soy sonámbula. —Dudo que puedas hacer mucho dormida. —Soy muy celosa. —Eso es tierno. —Estoy loca. —Te llevaré a un profesional. —Soy una interesada, te voy a quitar toda tu fortuna. —Quedate todo. —Dime que no estás hablando enserio — dije finalmente. —Es enserio — contestó él tajante. —Mi respuesta es no y mejor olvídalo — dije de manera suave pero seria. —Está bien — dijo él con una sonrisa triste. Quizás lo mejor era no volver a verlo, no habían razones para hacerlo, yo misma me estaba negando a la oportunidad de tener algo con él pero justamente porque yo me conocía mejor que nadie, sería una relación de unos meses, máximo duraría un año. Realmente me gustaba Tyler, me gustaba tanto que tenía miedo de enamorarme, temía lastimarlo, él no era como yo, yo le había robado dos primeras veces, él nunca iba a obtener una de mí. Nos dirigimos a la tienda de regalos que por supuesto estaba sola, solo se encontraban en su interior los trabajadores. Habían tantas cosas asombrosas, chocolates del sistema solar, lámparas, lunas que brillaban en la oscuridad e incluso había ¿queso? sí, por alguna razón vendían queso pero algo en específico llamó mi atención, era un collar con la luna llena, en la luna se podía ver un rostro y el rostro tenía una bala en su ojo, una referencia directa a la película de Georges Méliès, con la ligera diferencia de que esta luna no se me hacía tan escalofriante. —Deme esto, por favor — dije al chico del mostrador mientras sacaba rápidamente el dinero de mi teléfono, sí, guardaba el dinero en el forro de mi teléfono. Quería comprarlo lo más rápido posible para que fuese una sorpresa para Tyler, no sabía porqué lo estaba haciendo pero quizás era una manera de compensar que fuese tan lindo conmigo. Para mi suerte la tienda era bastante grande y él estaba del otro lado mirando algunas cosas. —Muchas gracias — le dije a la chica para luego dirigirme a la entrada y esperar a mi acompañante. —¿Estás lista? — preguntó él llegando cinco minutos después con una bolsa entre sus manos. —Totalmente lista — respondí sonriente. Me moría por entregarle el regalo, realmente me sentía muy emocionada, sentía cosquillas en mi estómago y una necesidad de sonreír enorme. —¿No te ha gustado nada? — preguntó mirándome. —No, la verdad es que no. —¿Segura? — cuestionó seriamente. —Cien por ciento segura — dije sin más. Caminamos hacia el auto y nuevamente pensaba en el pobre de Anton quien debía estar allí aburrido sin nada más que hacer. —¿Qué tal la pasaron? — preguntó él mirándonos por el espejo. —¡Estupendo! — contestó Tyler de manera efusiva. —¿No se aburre estando aquí solo en el auto durante tanto tiempo? — pregunté sin poder contener mis pensamientos ni un solo minuto más. Tanto Tyler como Anton comenzaron a reírse, yo no sabía porqué, me sentía confundida ¿mi pregunta había sido graciosa? yo consideraba que era bastante seria. —No estoy todo el tiempo aquí dentro, normalmente doy una vuelta, visito algún lugar y en dado caso de tener que quedarme esperando — él presionó un botón y una pequeña pantalla descendió del techo del auto y en ella comenzó a reproducirse una película — nunca me aburro — agregó. —Lo lamento — me apresuré a decir avergonzada. —No tienes que lamentarlo, gracias por preocuparte — contestó el hombre con amabilidad. El auto arrancó, el camino de regreso era bastante largo, la verdad estaba muy cansada y en dos días iniciaba clases. Tenía que hacer algunas tareas ¡Dios! odio tener que estudiar. —Es muy lindo que te preocupes por los demás — comentó Tyler en voz baja. —Hasta haciendo eso quedo como una tonta — respondí de inmediato. —Incluso como una tonta te ves hermosa. —¿Realmente te gusto? — pregunté un tanto apenada. —Realmente me gustas — dijo él con una leve sonrisa. Me había sonrojado tanto que no pude continuar hablando. Llegamos a casa un rato después, como de costumbre Tyler se bajó del auto para abrirme y me acompañó hasta la entrada. —Te tengo un regalo — dijimos los dos al mismo tiempo. —Tú primero — dijo Tyler sonriente. —¿Por qué yo? — cuestioné inmediatamente. —¿Por qué no? — replicó ganando en mi propia jugada. Saqué el collar de mi pequeña cartera y lo coloqué rápidamente en su cuello, no se veía muy bien a decir verdad, quizás no había elegido el modelo correcto. —Lo lamento, no creí que se iba a ver tan infantil, es que con tu traje se ve extraño, quizás es para niños — me defendí enseguida — devuélvemelo. —No seas mal educada, me lo regalaste — replicó él protegiendo el dije con su mano para luego mirarlo — Georges Méliès, una gran elección — acotó en voz baja. —Me alegra que te guste — comenté. —Toma — dijo él extendiendo la bolsa que tenía entre sus manos hacia mí. Al sacar lo que se encontraba en el interior de la bolsa no supe cómo reaccionar ¿debía emocionarme? no era por el precio, sino más bien por el tipo de regalo. —¿Queso azúl? — añadí desconcertada. —Tú eres muy artística, pensé que si te compraba solo una imágen o figura de la luna sería soso, así que te traje un trozo de ella — respondió Tyler como si le emocionara — pero ya veo que bastaba con una imagen o figura — agregó viendo su regalo. —Es perfecto — hablé en voz baja, le dí un abrazo y entré a la casa. Apenas crucé la puerta me sentí hipnotizada, ya lo extrañaba y no habían pasado más de unos segundos. —¿Cómo te fué? — preguntó mamá desde el sofá, volteando para poder verme. —Muy bien — contesté sin prestarle mucha atención. Me dispuse a ir hasta mi cuarto para poder dormir, estaba exhausta. Abrí la nevera y dejé allí el queso, no obstante mientras subía las escaleras escuché a mamá hablando lo suficientemente fuerte para que yo la escuchara. —¿Qué es esto? — cuestionó desde la cocina, ya suponía la razón de su pregunta así que sonreí levemente y respondí. —Es un pedazo de la luna.
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