Capitulo VIII "Soñando"

1936 Palabras
Ya era medio día y aún no me levantaba de la cama, no podía dejar de pensar en Tyler, en el atardecer, en todo. Sentía que estaba levitando, lastimosamente todo terminó, volví a casa y tuve un gran choque con la realidad. —¡Chloe! — grito mamá desde abajo sacándome de mis pensamientos. Hoy lo único que quería era quedarme allí acostada, sin hacer nada, imaginando todo. Tengo esta mala costumbre de crear historias en mi mente, imaginar escenarios que nunca sucederán pero que me ayudan a sobrellevar mi realidad. Bajé las escaleras sin ganas, en pijama, mi rostro era un desastre, aunque admito que mi cabello se ve perfecto. —¿Qué pasó? — dije sin ánimos cuando iba llegando. Al levantar la mirada sentí que mi rostro se ponía de colores, yo no estaba preparada para esto. Me miré de pies a cabeza, era un desastre, no podía creer que mamá no me había dado más información. —Buenas tardes, señorita Manet — dijo Tyler con una sonrisa al mismo tiempo que se ponía de pie. —Últimamente te visitan hombres muy guapos y caballerosos, hija — comentó mamá con una sonrisa un tanto pícara mientras me miraba. —¿Últimamente qué? — preguntó Tyler perplejo cambiando su expresión por completo. —No le prestes atención — intervine avergonzada — solo dame un minuto. Salí corriendo escaleras arriba, me miré en el espejo y me dí una ligera bofetada «No estoy soñando» pensé inmediatamente, Tyler Blake se encontraba en mi casa... ¡Tyler Blake se encontraba en mi casa y yo me veía como una escoba vieja y dañada! me dí un baño rápido, salí en cuestión de minutos, me sequé, me coloqué una falda a cuadros de color rosado y un top blanco, me puse unas medias largas y unas botas deportivas, no solía vestirme así pero quería verme femenina. Me coloqué un poco de maquillaje y peiné mi cabello. Antes parecía una escoba vieja y dañada, ahora soy como una escoba cursi. Volví a bajar la escaleras, me detuve en la parte de abajo para tomar un respiro y fingir que estaba calmada. —¡Que linda te ves! — exclamó mamá mirándome. —Gracias — contesté avergonzada. —¿Estás lista para salir? — preguntó Tyler con confianza. —No sabía que teníamos una cita hoy — respondí enarcando una ceja. —¿Entonces te pusiste esa ropa porque es lo que usas normalmente en tu casa? — comentó mientras me señalaba. —Voy a salir a otro lugar — contesté para escapar de sus palabras. —¿Con los otros hombres guapos y caballerosos? — cuestionó Tyler de inmediato. «¡Dios mío, ayúdame!» yo era un desastre por mi propia cuenta y mamá solo contribuía a mi caos. —¡Ya olvida eso! — me apresuré a decir. —¿Si vas a salir conmigo? — insistió Tyler mirándome de una manera un tanto burlona. —Creo que puedo hacer tiempo. Salimos de la casa luego de despedirnos de mamá, nos subimos a su auto que nos esperaba afuera, me sentí un poco mal al mirar al chófer, me preguntaba cuánto tiempo había estado allí. —Buenas tardes, señorita Manet — saludó el hombre cortésmente. —Buenas tardes, señor... — me quedé alargando la última sílaba en espera de que él me dijera su nombre. —Anton, ni nombre es Anton, señorita — me pareció un poco peculiar pero sonreí ante su respuesta, me agradaba saber su nombre. Él comenzó a andar sin preguntar nada, supongo que ya Tyler le había dado instrucciones con anterioridad. —¿No vas a intentar sacarme del país o sí? — pregunté con algo de gracia al recordar el día de ayer. —No, hoy te sacaré del planeta — contestó con una sonrisa que me hacía ver que estaba muy emocionado por el lugar al que nos dirigíamos. —¿Del planeta? — pregunté extrañada. —Tú solo ponte cómoda. El resto del camino hablamos de cosas sin importancia, ya había pasado un buen tiempo y aún no llegabamos, comencé a preocuparme ¿qué tan lejos iríamos? quizás me iba a sacar del estado y no del país, no quería perder tanto tiempo, ya estaba cerca de volver a comenzar las clases. Me habían dado un permiso debido al reconocimiento adquirido por mis pinturas, en ese tiempo debía asegurarme de cumplir con todas mis responsabilidades extras, presentar las pinturas en el museo, ponerlas a la venta si era lo que iba a hacer y dar algunas entrevistas, me sentía como una celebridad cuando lo decía pero la verdad es que no era la gran cosa, la gente no le presta mucha atención a los pintores, fue solo una emoción momento que ya se había esfumado. De todas maneras yo no sabría como actuar ante la verdadera fama, tantas celebridades habían terminado destruidas por ella que me causaba cierto temor. —Ya llegamos — anunció Tyler mientras bajaba del auto. Estaba tan sumergida en mis pensamientos que ni siquiera lo había notado, él me abrió la puerta y al bajarme no podía creer el lugar en el que me encontraba. —El planetario... — dije casi para mí misma. —¿Te gusta? — preguntó Tyler con una sonrisa que delataba su felicidad. —¡Obviamente! — contesté compartiendo su emoción. —¿No te aburrirás por volver a ver la presentación? — ante su comentario sentí que me ponía fría, los labios me temblaban y una extraña corriente iba por mi columna, me sentía apenada. —Nunca he venido, leí sobre él en Internet — dije en voz baja, como si alguien pudiese escucharme y juzgarme por ello. —¡Eso es mucho mejor! — exclamó él de manera efusiva — yo si he venido antes, te aseguro que te va a gustar. Nos adentramos al lugar, compramos los boletos y nos dirigimos hacia nuestros asientos. No podía creer que estaba aquí, ni siquiera entendía porqué no había venido. Si tan solo ahorrara un poco, si dejara de rehusarme a vender mis pinturas, tal vez estaba siendo egoísta creyendo que era una poetisa. Estaba siendo desconsiderada con mamá, con mi familia, conmigo misma, tal vez debía comenzar a considerar ganar dinero de verdad. Tampoco soy una completa inútil, desde los dieciocho años hasta los veintidós trabajé arduamente para poder comprar la casa en la que vive mamá, el mayor logro de mi vida. —Toma — dijo Tyler extendiendo hacia mí el saco de su traje. No entendía porqué siempre estaba vestido de esa manera, solo le faltaba sacar su teléfono celular cada dos minutos y retirarse a cada rato para cumplir con su papel de persona importante. —¿Qué hago con esto? — pregunté confundida mientras miraba el saco. —Ponértelo, está haciendo mucho frío — contestó él de inmediato. —No lo necesito. —Si lo necesitas. —No necesito que me cuides. —No dije que lo necesitaras. —¿Entonces porque lo haces? — cuestioné. —Lo hago porque quiero, Chloe. Quiero cuidarte — no respondí más nada, me puse el saco porque realmente estaba haciendo mucho frío. —¿Querrán simular el frío que hace en el espacio? — pregunté mirando hacia todos lados, extrañada porque éramos los únicos en la sala. —Quizás, quieren darte la experiencia completa. —Creí que a este lugar venía más gente, bueno, creí que al menos venían, supongo que a nadie le interesa ver un montón de estrellas — comenté acomodándome en mi asiento. —Si vienen pero lo alquilé solo para nosotros. Sentía que se me iba a caer la barbilla y no iban a poder encontrarla ¿cómo alquilas un planetario? ¿en serio es posible o era una de sus bromas? —¿Entonces por qué compramos boletos? — cuestioné confusa. —Para que puedas vivir la experiencia normal — respondió él con naturalidad. —¿La experiencia normal es teniendo el lugar casi para mí sola? —Bueno, la experiencia normal un poco mejorada — respondió Tyler con un tono juguetón — incluso te hice esperar solo para que vivas la experiencia — luego habló en un tono de voz más alto — ¡Ya pueden comenzar! Las luces se apagaron inmediatamente, un sonido blanco se infiltró en mis oídos y las imágenes comenzaron a aparecer en frente de mí. La voz de un hombre narraba increíbles sucesos, me sentía sumergida en esta experiencia, hubiese peleado o cuestionado la manera en que Tyler había hecho todo esto pero me sentía tan atrapada por el momento, tan fascinada, nunca antes alguien se había esforzado tanto por mí, nunca antes alguien me había mirado como él lo hacía, justo le dí una mirada de soslayo y allí estaba él "admirandome" me hacía sentir como si yo fuese algo más importante, llegaba al punto en que realmente lo creía, él me miraba como si yo fuese magia y yo quería convertir cada uno de sus deseos en una realidad. —Deja de mirarme así — dije sin despegar la vista del espectáculo. —Yo ya ví esto un par de veces, quiero verte disfrutarlo. —Me tratas como si yo fuese una niña. —Muy en el fondo lo eres — dijo él para luego apartar la vista de mí — cuando miramos las estrellas estamos dando un vistazo al pasado, estamos observando la historia y claro toda historia debe ser contada, una de mis constelaciones favoritas es Andrómeda, la doncella encadenada ¿por qué está encadenada? bueno, la arrogancia de su madre hizo que Poseidón la encadenara a una roca, sin embargo esta ha gritado con todas sus fuerzas, es lo que haría cualquiera en su posición, pero gracias a este grito ha llamado la atención de Perseo quien va a rescatarla en su caballo blanco. Miraba su perfil, se veía tan lindo cuando hablaba de las estrellas, se veía tan lindo tan solo existiendo. Pensé en besarlo pero recordar aquella noche en la fiesta me causaba vergüenza de mí misma, no podía repetir esa bochornosa escena ahora y arruinar el momento en el que estábamos, él hablando sin parar de mitología y yo embelesada viéndolo a él. —Parece que te gustan mucho las estrellas — señalé. —La astronomía y la mitología han sido dos de mis pasatiempos favoritos, para mi fortuna pasatiempos aprobados por mi padre — respondió él volviendo su mirada hacia mí. —Pobre Andrómeda ¿no crees? pagando por un crímen que no cometió. —Quizás, solo quizás era parte de su destino, si no hubiese pasado por todo ese infierno no hubiese conocido a Perseo — contestó él mirándome directamente a los ojos. —Al menos ambos pueden vivir felices ahora, convertidos en constelaciones, su amor es más grande que el dolor — respondí sin siquiera pensarlo. —¿Entonces ya conocías la historia? — preguntó él riéndose. —Si — respondí mientras asentia con la cabeza. —¿Entonces por qué me has dejado decir tantas tonterías? —Porque quería escuchar la historia viniendo de tí, le has puesto ese sentimiento que la hace aún mejor. —Te la contaré mil veces más si quieres — él hablaba en voz baja, no sabía si era el ambiente, si era él, si era yo, pero me sentía de una manera que nunca antes había sentido, me sentía tan... calmada. —La próxima vez si voy a hacerlo — mencioné recordando el momento en que quise besarlo. —¿Qué vas a hacer? — preguntó él confundido. —Nada, olvídalo.
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