Antes de que Marcus pudiera responder, el cuerpo de Celeste colapsó. Sus ojos se cerraron, y cayó desmayada en sus brazos. El joven, que hasta ese momento había tomado la situación como un juego, sintió un golpe de realidad. Su rostro cambió de inmediato, y la preocupación lo invadió. —¡Celeste! ¡Ey, despierta! —exclamó mientras la sostenía, pero no hubo respuesta. Con el corazón acelerado, Marcus reanudó el funcionamiento del ascensor y la llevó hasta su habitación. Nervioso, comenzó a gritar por ayuda. Su desesperación llamó la atención de Elva, quien acudió rápidamente. —¿Qué pasó? —preguntó Elva mientras corría hacia ellos. —No sé, se desmayó. Estábamos en el ascensor y… —Marcus evitó entrar en detalles—. Por favor, ayúdala. Voy a llamar a un médico— Mientras Marcus se giraba para

