12. Ya cállate y bésame

2193 Palabras

El silencio llenó el despacho, pero la tensión podía cortarse con el filo de una navaja. Alicia observó a Guillermo. Tenía el cabello alborotado, aunque también se veía muy sexi. La corbata deshecha y su camisa abierta que le dejaba ver el vello de su pecho. El enojo se esfumó por un instante, perdiéndose en esa deliciosa visión. Ella negó. No estaba ahí para apreciar las cualidades de Guillermo, sino para llamarle la atención. Él no era un niño para comportarse como uno. Así que, aclarándose la garganta, dio un paso al frente, dejando su bolso sobre el sillón. —Y bien, ¿ese es el ejemplo que le estás dando a tus hijos? —preguntó, cruzándose de brazos, mirando a Guillermo con renovado enojo al ver lo desarreglado que se encontraba. ¿Cómo podía verse tan mal y tan malditamente sexy a la

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