-Hola Olive…- dijo Carter torpemente, de manera suave, no sabía ni por dónde empezar, si por disculparse por llegar tarde o por espantarla «es que más tonto no puedes ser Carter» se recriminó
-Oh… lo siento no te escuche- le dijo Olivia mientras se levantaba del piso, se quitaba los audífonos, y de paso manchaba un poco más su cara
-Oh… yo… hem… hola- «Carter habla correctamente», ese día su subconsciente estaba empeñada en señalar todas sus fallas
-Ah… hola…- por su parte Olivia decidió usar un tono un tanto neutro y distante, aunque por dentro estaba a punto de explotar
Pasados unos segundos logró recomponerse y regresar a sus cabales, casi por completo, ver a Carter después de tanto tiempo le estaba produciendo sentimientos encontrados, nerviosismo, incomodidad e incluso molestia, necesitaba tener un poco de espacio para pensar correctamente, así que solo se dio la vuelta, con la excusa de ir hacia su pequeña mesa, en la cual había dejado unos trapos húmedos para limpiar sus manos.
-Yo… hem…- se aclaró la garganta para poder hablar- perdona por no tocar, pero…- lo interrumpió Olivia
-Sí lo sé- señalo con su mano hacia sus audífonos, entendiendo que de cualquier manera no lo hubiese oído- ¿Qué… que haces aquí? -dijo de forma calmada, lo cual descolocó por completo a Carter, ya que incluso había considerado la posibilidad de una pelea.
Lo que no sabía era que Olivia, simplemente no se sentía capaz de hilar si quiera dos oraciones completas en ese momento –tomando en cuenta que sus neuronas se habían ido de viaje en cuanto vio al mayor frente a ella- como para pelear o reclamarle algo, la presencia de Carter en vivo y a todo color, le estaba complicando las cosas.
-Vine a recogerte para lo de la fiesta- lo dijo despacio, palabra por palabra, aun esperando algún tipo de reacción negativa o un rechazo por parte de la menor
-Ha… creí que no me necesitabas… -soltó sin ningún tipo de tacto, definitivamente su cerebro y su boca no estaban conectando de manera correcta- no me mal entiendas- se apresuró a decir- pero ya… son más de las nueve, así que creí que… ya no vendrías- Olivia pasó junto a Carter para quitarse la bata y ponerla en el perchero, a un lado de la puerta
-Sí, yo… lo siento- ahí estaban de nuevo los nervios atacándolo- se me hizo tarde, estaba…
-No te preocupes- lo detuvo, levantando una mano- no tienes por qué darme explicaciones- «Claro que no, pero tu si quieres escucharlas» se recriminó- es decir… debiste tener tus buenas razones…
Esa faceta tan calmada, fría y distante de parte de la castaña, no le gustaba, se estaba portando como en esas fiestas, donde la gente solo asistía para demostrar el esplendor y capacidad de sus billeteras, donde todos intentaban ser políticamente correctos, pero nunca sinceros, ni siquiera lo veía a los ojos cuando le hablaba.
Olivia salió directo al baño que estaba al lado de su estudio, para terminar de quitarse los restos de pintura con ayuda de agua y jabón, Carter no atinó a hacer otra cosa más que seguirla y recargarse en el marco de la puerta
-¿No quieres que te diga porque llegué tarde?- le preguntó mientras se cruzaba de brazos, aunque más que decírselo a ella, se lo dijo a él mismo
-La verdad no creo que me incumba –se encogió de hombros- tampoco soy nadie como para pedirte explicaciones -se volteo y le regaló una pequeña sonrisa sin ningún tipo de emoción, la cual, a Carter le supo amarga
-Bien… espera –la detuvo del brazo antes de que pudiera salir por completo del baño, y fue por un poco de papel húmedo- tienes… pintura –dijo mientras se acercaba a la menor, y limpiaba su mejilla cuidadosamente, casi temiendo hacerle daño
La castaña había olvidado como respirar, la cercanía la estaba matando lentamente «¿Por qué me haces esto Carter?, ¿Por qué no puedo mantenerme firme frente a ti?, hay veces que realmente me gustaría mandarte a la mierda, pero no puedo», se estaba debatiendo internamente
-Ah… -fue lo único que salió de sus labios, sentía sus mejillas completamente calientes
-Entonces… ¿vamos? -soltó el mayor señalando hacia las escaleras y regalándole una sonrisa, mientras se alejaba de la castaña, lo cual la hizo reaccionar
-Ah… sí… sí, claro- las palabras apenas y le salieron, tenía un nudo en el estómago causado por una extraña combinación de emociones- solo deja voy por mi abrigo y mis cosas- se volteo rápidamente y casi corriendo fue hasta su habitación. Carter solo se quedó viendo el camino por el que había desaparecido, pensando en lo torpe que podía llegar a ser- lista… -salió Olivia con un suéter rosa puesto, un abrigo café en su brazo y una pequeña bolsa, donde llevaba su celular -vamos
-Vamos- Carter la dejó pasar por delante
Estaban a punto de llegar a la puerta, cuando fueron interceptados por Prudence
-¡Niños!
-Hola, señora Morton –saludó Carter educadamente
-Hola hijo, ya te dije que no me digas señora… -le regañó- solo Prudence, cariño –la madre de Olivia parecía más feliz de lo común
-Cierto, lo siento… Prudence… -le sonrío apenado
-Ya nos íbamos mamá –intervino Olivia- tenemos un largo camino todavía… si nos vamos ahora, tal vez llegaremos antes de que oscurezca- dijo mientras revisaba la hora en su teléfono
-Entonces coman antes de irse, ya es tarde
-Claro- contesto Carter con una enorme sonrisa, no había probado bocado desde la mañana
-Claro que no- se apresuró a decir Olivia, prácticamente ignorando al mayor- es decir… cada minuto cuenta- se excusó
«No voy a sentarme en la misma mesa que Carter a babear, y no precisamente por la comida» pensó no quería pasar más tiempo del necesario con él, pero parecía que realmente su suerte ese día era la peor.
-Olivia… -Prudence, se dirigió a la castaña en un tono de reproche, solo faltaba que su madre le dijera algo como “recuerda lo que dijo tu padre esta mañana”, esas malditas insinuaciones solo hacían que todo se sintiera más tenso- precisamente, porque ya es tarde, al menos coman algo, ¿sí? –Prudence los miro suplicante, no iba dejar que se fueran con el estómago vacío y Carter no iba perder la oportunidad de comer algo antes de irse
-Por supuesto… -asintió varias veces con la cabeza- gracias, señor… digo Prudence –le regaló una sonrisa
-No hay de qué hijo –se dio la vuelta como buscando a alguien- permítanme un momento, voy a decirle a Esther que prepare la mesa
-Gracias mama- le dijo “amablemente” Olivia
-Cuéntame, ¿Cómo están tus padres?, hijo…
Prudence guio a Carter hasta el comedor, y se enfrascaron en una banal conversación, mientras Olivia simplemente los observaba y suplicaba que el día terminara pronto.
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Una vez terminaron de comer, salieron directo hacia a la cabaña, en el Audi de Carter.
El ambiente era tan denso que casi lo podían cortar con un cuchillo, ni Carter, ni Olivia, sabían que hacer o donde poner las manos en el caso de la menor, ya que el ojiazul iba conduciendo.
Cuando la castaña decidió que ya había tenido suficiente, simplemente prendió la radio, sin pedir permiso y le subió, tanto, como para llenar aquel incomodo silencio.
Carter simplemente la dejo hacer, él tampoco creía poder aguantar por más tiempo la incomodidad que se respiraba en aquel reducido espacio
Le hecho un pequeño vistazo al tablero del auto, y se fijó que ya no traía tanta gasolina, por lo que se dedicó a buscar una a lo largo del camino, no le había dado ni tiempo, por la mañana, de cargar, por las prisas.
Media hora después, pudo ver una gasolinera, donde podría llenar el tanque, notó que Olivia parecía haberse quedado muy quieta pero no le prestó mayor importancia, hasta que estacionó.
Grande fue su sorpresa al voltear y ver que la menor estaba completamente dormida, su boca estaba ligeramente abierta y su cabeza colgaba hacia su ventanilla, decidió enderezarla con cuidado para no despertarla, y recargarla correctamente en el asiento, supuso que no había dormido mucho, por las ojeras que había intentado cubrir con maquillaje.
Mientras la movía a la castaña, uno de sus mechones rozó cerca de su nariz, mismo que desprendió un delicioso aroma, «¿Desde cuándo te fijas en eso Carter?… deja de pensar tonterías» se recriminó y se alejó rápidamente
Decidió no bajar del auto para no despertar a la chica que dormía plácidamente junto a él, en su cabeza no dejaba de darle vuelta una y otra vez a lo que le había dicho Harry, tenían que arreglar las cosas, «Pero… ¿Cómo?», quería a su amiga de vuelta, pero no quería tener problemas con su novia, «¿Por qué todo tiene que ser tan complicado?»
Sus pensamientos estaban hechos un nudo, lo único de lo que estaba seguro era que, una vez montados en el auto, camino a la cabaña, no había vuelta atrás, por lo que se tenían que arreglar sí o sí. Así que, no le quedo mas que retomar el rumbo y seguir partiéndose la cabeza.
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-Olive… Olive…- sentía unas pequeñas sacudidas mientras oía una voz llamándola a lo lejos, se le hacía familiar, pero estaba tan calientita y cómoda que no quería despertar- Olive… ya llegamos… -de nuevo esa voz acompañada de más sacudidas, fue en ese momento que decidió abrir los ojos
Lo primero que capto su mirada un tanto borrosa fueron unos ojos azules preciosos y un rostro que parecía más bien la cara de un ángel «¿Estaré soñando, o estoy en el cielo? …»
-Olive… ya llegamos –cuando lo escuchó con más claridad, reaccionó y recordó que en realidad se encontraba en el auto de Carter, mismo que la estaba llamando.
En cuanto sus sentidos se pusieron alerta y pudo pensar de manera correcta, dio gracias al cielo no haber dicho lo que pensaba en voz alta y maldijo para sus adentros por haberse quedado dormida, no soportaría pasar más vergüenzas frente a Carter.
-Oh… yo… lo siento- se estaba sentando correctamente- no me di cuenta a qué hora me quedé dormida- «¿Cómo puede ser posible que anoche no dormí por estar muerta de los nervios, y hoy me duermo en su auto, ¡Junto a él! como si nada?», ahora con la que estaba enojada era con ella misma y su contradictoria forma de actuar.
Sentía un poco de incomodidad en la espalda, debido a la posición en la que había estado, por lo que decidió estirar los músculos de su espalda, pero en cuanto intentó levantar los brazos, se percató de que Carter la había cubierto con su abrigo.
-Sí, ya me di cuenta-contestó, con una genuina sonrisa bobalicona en los labios; eso sí que la había dejado aturdida, hizo que de nuevo se sintiera medio adormilada, «¿Por qué este hombre tiene que ser perfecto, no podía tener ni un defecto?», para Olivia, Carter y su presencia eran sinónimos de sedantes, no podía soportar el hecho de que aún se pusiera de esa forma debido a él, y menos sabiendo que ya no tenía ni la mínima oportunidad- oh… no te lo quites -el mayor, se apresuró a decirle cuando la castaña, estaba a punto de devolverle su abrigo- hace frio afuera, te puedes resfriar -«¿No puede al menos ser grosero, tener mal aliento o algo?», esos pequeños detalles se lo ponían más difícil, a la hora de querer superarlo
-No te preocupes, en cuanto bajemos voy por el mío- le insistió mientras se quitaba el cinturón de seguridad, y antes de que Carter dijera algo más, agregó- sino el que se va a enfermar eres tu
No había forma alguna en la que el mayor pudiera ir en contra de esa lógica, al fin y al cabo, él también estaba calientito dentro del auto y si salía así nada más al frio se iba enfermar.
-Bien… -aceptó el abrigo a regañadientes- entonces espera a que baje y te traiga el tuyo, te acabas de despertar y es más fácil que te resfríes- contraatacó, señalando sus mejillas enrojecidas, según él, debido al calor dentro del auto, aunque más bien, fuese debido a la presencia de cierto chico en particular
-De acuerdo, tu ganas -inmediatamente se dio por vencida, de cualquier forma, él también tenía razón, no se iba enfermar solo por ser necia, eso sí que sería una completa estupidez de su parte
Carter se colocó correctamente el abrigo, abrió la puerta y bajo del auto, de inmediato, sintió de golpe el cambio de temperatura, estaba haciendo mucho aire y estaba casi seguro de que nevaría por la noche, debían darse prisa si querían llegar ese mismo día a sus casas.
Se apresuró a abrir el maletero y sacar el abrigo de la castaña, se dirigió hasta la puerta del copiloto y la abrió para pasárselo, no iba dejar que se bajara, al menos no, hasta que se cubriera del frio, así que espero a que la menor estuviera bien abrigada, y esa fue su señal para dejarla descender del auto.
Esa forma tan particular y desinteresada, en la que Carter la cuidaba, hacía que el corazón de Olivia se acelerara a revoluciones inimaginables, que el zoológico se desatara en su estómago, y que sus mejillas se pusieran como la nariz de Rodolfo.
«Tenemos que apurarnos y largarnos, lo más rápido posible», resignada a que tendría que pasar un buen rato con el mayor, lo único que podía hacer, era darse prisa y dejar de perder el tiempo admirando a Carter y su perfección «¡Reacciona Olivia!» se dio una bofetada mental, «Viniste a trabajar, no a babear de nuevo por el monumento que tienes en frente… aparte, ¿no se supone que estabas enojada?», estaba teniendo un pequeño debate con su subconsciente, la cual a veces parecía más bien, otra persona habitando en su cabeza.
«Es verdad, yo estaba enojada… no puedo olvidarme de eso», agradeció por el recordatorio y a sus neuronas, que parecían volver de su viaje con el anestésico Carter.
Al ver la casa, Olivia quedo asombrada, nunca había tenido oportunidad de estar ahí, debido a que era una nueva adquisición de los Dawson.
Era bastante grande, casi del tamaño de la suya, estaba hecha casi toda de madera, algunas paredes eran de cristal, y desde donde estaba parada, pudo apreciar que en realidad era una propiedad cien por ciento aislada de curiosos, por muchísimos árboles y en los limites por paredes altas, tenía dos pisos, y calculó al menos unas cinco o seis recamaras, era increíble; y si eso la había dejado asombrada, al ver el interior, lo estuvo aún más, todo era en un concepto abierto, por lo que, frente a la entrada, estaban unas escaleras hechas de madera, que daban a la segunda planta, no había muchos muebles, ya que era nueva, pero si había un sillón en forma de l, blanco y enorme en medio de lo que se presumía era la sala, había una gran chimenea, un televisor, junto con otros aparatos electrónicos; y del lado opuesto se podía ver una cocina perfectamente amueblada y un comedor, era simplemente perfecto.
En cuanto terminaron de explorar la casa con la vista, entre los dos bajaron las cajas con todo lo necesario, no eran muchas, unas cinco, el problema era que tendrían que inflar muchísimos globos y colgar varios adornos en el techo, para ello era necesaria una escalera y mucho equilibrio.
Todo eso, lo hicieron en silencio, Carter fue a la pequeña bodega que se encontraba junto a la casa y llevo la escalera, mientras Olivia se dedicaba a inflar los globos con una pequeña bomba de aire manual.
Justo como paso en el auto, la tensión en el ambiente los estaba envolviendo por completo, por lo que Carter decidió que era un buen momento para conectar su celular al estéreo de la sala, buscó dentro de su repertorio una canción, la cual creía, podía disipar gran parte de la incomodidad que se respiraba.
Mientras Olivia seguía en su labor de inflar globos, “High Hopes” de “Panic! At The Disco” comenzó a sonar por toda la estancia, misma que sorpresivamente era una de sus canciones favoritas, empezando por la letra y terminando por la voz del vocalista, era una hermosa canción, que si bien, era todo lo contrario a su vida, al menos mientras sonaba, le permitía imaginarse tener una vida diferente, como la que siempre quiso, cumpliendo sus propias metas y sin presión por parte de nadie.
Carter sabía que había dado en el blanco, en cuanto vio la sonrisa de la castaña, sabía que esa canción siempre la ponía de buenas, era como si en automático todo tipo de mala vibra entre ellos se fuera, tanto el ambiente, como ellos, estaba más relajado, era como un respiro de aire fresco.
Sin poder evitarlo, Olivia comenzó a menear la cabeza y a tararear al ritmo de la música, al igual que el mayor.
Sabían que la charla que venía a continuación iba a ocurrir tarde o temprano, así que solo se dejaron llevar hasta el final por la música, y una vez terminó y comenzó a sonar la siguiente, Carter se volteó y sin ningún rodeo se plantó frente a Oliva «Llego la hora…», se dijo, se sentía más nervioso que el día en que le dieron los resultados para entrar a la Universidad, no estaba seguro de cómo iba a resultar, pero al menos tenía que intentar
-Olive… -se dirigió con calma a la castaña, misma, que solo atinó a subir la mirada, ya que estaba sentada en el suelo, con el ceño fruncido- mhh… ¿Qué tal has estado? –tal vez no era la mejor manera de iniciar, pero al menos era un comienzo
Olivia cada vez estaba más confundida, «Primero parece que no quiere hablar más de lo necesario… y ahora ¿Se acerca de la nada para saber de mi?», decidió cerrar los ojos un instante, y procesar lo que acababa de ocurrir, quería estar segura de que no estaba alucinando, o de que no seguía dormida, se le hacía increíble que Carter le estuviese dirigiendo la palabra, sin necesidad de compromisos forzosos o amigos de por medio.
Cuando volvió a abrir los ojos, el pelinegro seguía ahí parado, expectante y más que nada nervioso por lo que la menor pudiese decir
-Bien… supongo… –sus emociones eran un completo revoltijo, ya no sabía si reírse o echarse a llorar; ese día había sido demasiado largo para la pobre, repentinamente comenzó a sentir ese característico calor, que subía a sus mejillas cada que Carter estaba cerca
-Me… ¿me puedo sentar? -preguntó el mayor, mas sin esperar respuesta alguna, tomo asiento con las piernas cruzadas, frente a la castaña; en segundos, parecía haberse quedado en blanco, mientras Olivia seguía con su labor de inflar globos, e intentando ignorar la repentina cercanía, por lo que decidió aclararse la garganta para poder llamar su atención, de nuevo- yo… quisiera hablar contigo
-¿Hablar? –esa pregunta era más para ella misma, casi estaba segura que, efectivamente, estaba alucinando- tu… -lo señalo con la mano- ¿quieres hablar conmigo?- sabía que podía parecer una retrasada preguntando aquello, pero es que era de ver para creer lo que sucedía
-Sí… yo… creo que tenemos que aclarar un par de cosas –aun sin una respuesta por parte de la castaña, volvió a insistir- entonces… ¿podemos hablar un momento? –le estaban sudando las palmas de las manos a causa de los nervios
-¿De qué quieres hablar? –lejos de sonar nerviosa, mas bien, sonaba desconcertada, no se había dado cuenta de que estaba apretando fuertemente los dientes, hasta que habló, ya que le comenzaron a doler ligeramente
-Sobre… sobre nosotros… bueno, no… mas bien, si… es decir –quería darle a entender que el asunto a tratar si era acerca de ellos dos, pero no como pareja o en un sentido romántico, sino como amigos, de su amistad y de los recientes roces que habían tenido, quería solucionarlo
-No te preocupes… -lo detuvo Olivia- ya entendí –le regaló una pequeña sonrisa, carente de toda emoción- escucha… hablaremos- Carter abrió tanto los ojos que parecía que se le iban a saltar, debido a la emoción- pero… ¿Qué te parece si primero acabamos de adornar?… -no lo veía muy convencido, por lo que agregó- tendremos más que tiempo para charlar en el camino de regreso, se esta haciendo tarde… y todavía tenemos mucho que hacer –señalo las cajas aun llenas de adornos
La menor sabía que si hablaban en ese instante, su corazón débil iba terminar cediendo con cualquier tipo de excusa, por lo que quería comprar un poco de tiempo para calmar sus emociones y poner sus pensamientos en orden, de ese modo lograr estar más tranquila en su momento
Carter, por su parte, simplemente soltó un suspiro algo cansado y asintió, no podía hacer más, mientras más pronto terminaran, mejor.
-Ok, pero… ¿me ayudas?… -«Bravo, Carter, sigue inventando las peores excusas del mundo», de cierta forma era igual que la menor, últimamente, mientras estaba cerca de ella, no era precisamente su cerebro el que controlaba su lengua- ne… necesito alguien que sostenga la escalera mientras coloco los adornos del techo… sí, eso… –se apresuró a decir, mientras le regalaba una pequeña sonrisa.
Acción que hizo, que el corazón de Olivia comenzara a latir como loco, «Basta Olivia, ni que te estuviera guiñando un ojo, o invitándote a salir», se regañó, le era imposible lidiar con Carter y sus sentimientos al mismo tiempo.
Derrotada, simplemente agachó la cabeza y asintió, todo fuese por terminar antes.
Y así, en menos de tres horas, todo estaba listo, a partir del momento en que se concentraron en la decoración, nadie dijo algo, solamente para pedir cinta adhesiva, ayuda para mover la escalera y pasarse cosas, básicamente, solo lo necesario; el hecho de tener música a casi todo volumen sonando en el fondo, había hecho más fácil la tarea.
-Bueno… creo que es todo –dijo Carter mientras bajaba de la escalera
-Supongo… pero ¿qué hacemos con lo que sobró? –terminaron tan cansados de inflar globos, que al final, decidieron que solo usarían la mitad, habían sido muchos, aparte si hubiesen usado todos, solo les dificultarían a los del cáterin y al DJ poner sus servicios- los podemos guardar para tu fiesta… -se atrevió a bromear la menor, el estar tan concentrada en aquello, había ayudado a que su molestia y estrés bajaran
-Supongo que el rosa y las coronas son más lo mío que de Alex ¿no? –sorpresivamente, Carter le había seguido la broma y se estaba riendo, ¡Se estaba riendo¡
¿Hacia cuanto que no se sentían tan relajados el uno al lado del otro?, era raro, pero se sentía como si las cosas hubiesen mejorado de un momento a otro
-Supongo… pero ya en serio, ¿Qué hacemos con esto? –nuevamente señaló las cajas
-mmm… -se tocó la barbilla, mientras pensaba en alguna solución- supongo que tendré que cargarlas en mi auto hasta que Alex ya no se acuerde –lo dijo medio en broma, porque estaba seguro de que si su hermana se enteraba de que no habían hecho todo al pie de la letra, tal y como ella quería, la tercera guerra mundial se iba a soltar, aquello provoco una risa por parte de la menor- ¡Ya se¡ -soltó emocionado- los voy a llevar al hospital, a la fundación de tu mamá, les pueden servir para hacerle una fiesta a las niñas, y si Alex se entera, no se va enojar –se trataba de una fundación que dirigía la señora Morton, donde ayudaban a padres de escasos recursos a costear tratamientos que no podían pagar, para sus hijos, al igual que para adultos mayores; solo de pensarlo una enorme sonrisa se dibujó en la cara de Olivia
-¡Sí¡ -casi gritaba, tanto para su mamá, como pare ella, aquellas personas eran una prioridad, por lo que si podía regalarles aunque fuese un ratito de felicidad en medio de tanto dolor, le alegraba el corazón- gracias Carter de verdad –usualmente, se hubiese lanzado a darle un fuerte abrazo, pero las circunstancias no daban para tanto
-Pues que no se hable más –dijo dando una palmada al aire- voy a guardar la escalera y tu guarda las cosas en el auto, ¿de acuerdo? –le pidió, mientras le extendía las llaves de este, y así pudiese abrir la cajuela. Las cajas no pesaban, por lo que no tendría ningún problema en cargarlas
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De regreso, el silencio volvió, pero esta vez ya no era incomodo, estaban los dos tranquilos dentro del auto oyendo la radio, afuera el viento comenzaba a soplar bastante fuerte, anunciando la inminente tormenta, que, aunque se pronosticaba, no iba ser tan fuerte, sí que bajaría la temperatura varios grados.
«Tenemos que hablar», se decía Carter, cada que acababa de sonar una canción, pero no se atrevía a romper aquella paz momentánea; por su lado, Olivia estaba sumida en sus propios pensamientos, preguntándose a que se debía el repentino cambio del mayor, su día cada vez se estaba tornando más raro, solo quería llegara a su casa, dormir y esperar a que lo que sucedía no se tratase solo de un sueño, o alguna treta por parte de su mente.
Viendo que cada kilómetro que recorrían, le restaba tiempo para su “charla”, Carter decidió que era hora de ser valiente y enfrentase, la paz solo era momentánea, y él quería una resolución definitiva, por lo tanto iba seguir el consejo que su abuelo siempre le daba, «Hijo, tanto en la vida, como en los negocios… si no te juegas el todo por el todo, mejor ríndete, ya que no vas dispuesto a ganar», y así lo haría, se arriesgaría por su amiga y por su amistad, inclusive si eso implicaba el enfrentar a Serena más tarde.
-Olive –se aclaró la garganta, estaba sosteniendo tan fuerte el volate, que sus nudillos estaban casi blancos- escucha… -le era un poco difícil estar concentrado en el camino, y en lo que quería decir, pero no le resultaba imposible- ¿crees que podamos…? –esas pocas palabras bastaron para llamar la atención de la menor
-Ah… sí claro… -también estaba nerviosa, pero no lo podía evitar toda la vida- dime… -sentía un pequeño nudo que iba desde su estómago hasta su garganta
-Verás… antes que nada, no me mal intérpretes y deja que termine de hablar, me puedes aclarar lo que quieras, pero debes dejar que termine primero, ¿sí? –la menor solo asintió, no podía hacer mucho respecto a la postura de Carter, él quería ser escuchado y ella lo iba hacer, al fin y al cabo, aún seguían siendo amigos, ¿no?,
Eso tal vez le era la clave para saber el porqué de todo lo que sucedía desde hacía meses, ya no había nada que perder, así que solo espero a que el mayor dijera lo que quería.
-Yo… -por fin habló, después de unos cinco minutos en silencio, ya que habían apagado la radio- ¿sabes que te quiero mucho, ¿verdad? –Olivia, soltó un pequeño bufido, el cual fue inaudible para el ojiazul, tanto rodeo la comenzaba a desesperar- es solo que… desde hace un tiempo… Serena me ha dicho un par de cosas… cosas sobre mi… sobre ti… y… y me dijo algo que es una completa locura… -intentó usar un tono divertido, para restarle importancia al asunto- en realidad es algo muy gracioso… ella…-la menor solo estaba atenta a sus palabras, no conectaba el hecho de que Serena hubiese dicho algo de ella, y menos le encontraba sentido, que Carter la sacara a colación en un momento como ese- primero hay algo que necesito saber, y quiero que seas completamente honesta conmigo… Olivia yo… ¿yo te gusto?… no me mal entiendas, es solo que Serena…
-Sí –apenas y se escuchó su respuesta en medio de tanta verborrea por parte del mayor
La castaña no sabía ni de donde había sacado valor para decir eso, en realidad, ya no quería esconder lo que sentía, llevaba un tiempo pensando en cómo olvidarse de Carter, y lo único que se le había ocurrido era ser sincera y dejar ir esos sentimientos, no sabía cuáles iban a ser las consecuencias por su repentina confesión, pero de lo que si estaba segura era de que quería seguir adelante con su vida, no arrastrando una amor prácticamente imposible, así que encontró ese momento el más adecuado para hablar.
-Ella me… ¿Qué? –frenó tan repentinamente el auto, que la pobre Olivia, casi se estrella contra el tablero, eso lo había dejado completamente frío