CAPITULO 3.2

1995 Palabras
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*- El estudio de Olivia era un pequeño cuarto que sus padres habían cedido para que pudiera pintar y esculpir sin dañar su precioso piso, ni paredes, no media más de cuatro metros cuadrados. Al principio era completamente blanco, pero con el tiempo y un poco de imaginación se había encargado de transformarlo. La pared que estaba de frente entrando tenía una galaxia, a su derecha tenía un paisaje de un cielo con un campo lleno de flores, la de la de la izquierda era una mezcla de colores que parecían haber sido escurridos  al azahar, pero que si se veía con más detenimiento, se notaba que se formaban figura como cuadrados, corazones, círculos, etc., de diferentes colores pastel; y la pared donde estaba la puerta estaba llena de mariposas azules sobre un cielo lleno de nubes, como si estuviesen a punto de salir por la misma.  El piso se había encargado de cubrirlo con periódicos, los cuales a juzgar por todas las manchas de pintura, tendría que cambiar pronto; junto a la entrada había una percha donde solía colgar la bata que usaba cada que pintaba; en el centro se encontraba ella sentada frente a un atril con un lienzo que tenía su pintura casi terminada; en una esquina había una pequeña mesa de madera, que le servía para recargarse mientras dibujaba con sus lápices o simplemente cuando estudiaba. En  la otra esquina había un mueble de lo alto del cuarto que tenía toda clase de pinturas, lápices, oleos, o cualquier otro material que llegara a necesitar. Para ella ese era su refugio, un lugar donde podía expandir sus alas y sentirse libre como una mariposa en pleno vuelo. -¡Auch!… ¡Malditos audífonos!- se quejo Olivia cuando había sentido un tirón y un dolor algo intenso en su oreja, cuando se había levantado por un trapo para limpiarse las manos. «Olvide que los traía puestos» se regañó mentalmente Estos estaban conectados a su teléfono, el cual a su vez estaba sujeto a la base, y que se encontraba fija en una de las patas de su atril «¡Diablos, eso duele!» pensó mientras sobaba su oreja la cual, al parecer, se había llevado la peor parte del jalón Desde el sábado por la tarde que había regresado de con Alex, se había encerrado en su pequeño estudio a estudiar, no había salido de ahí ni para comer, hasta que se había dado cuenta de que ya eran las cinco de la mañana «¡Vaya! ¡Si que cuando estudias se te va rápido el tiempo!» En cuanto estuvo consiente de la hora arrastro los pies hasta su cama y durmió alrededor de tres horas, aún le faltaba terminar un poco de tarea pendiente. Todavía recordaba con un poco de gracia lo que le había dicho Harry cuando le informo sobre su elección de carrera «Estudiar Bellas Artes es fácil» le había asegurado. Tenía ganas de golpearlo en la cara en ese mismo instante La historia de esos dos era algo rara, el papá de Harry era uno de los mejores neurocirujanos, el cual trabajaba en uno de los hospitales del señor Morton, por lo cual seguido iban a las cenas de gala que se organizaban, justo en una de esas cenas fue que se conocieron, pero nunca tuvieron la oportunidad de tratarse más allá, hasta que Alex le presento a Harry a su mejor amiga, resultando ser la misma Olivia hija del jefe de su padre. La carrera de Olivia era algo que había aprendido a amar demasiado, tanto que ahora ya no podía vivir sin ello, por lo que no le pesaba hacer nada relacionado con la misma. Aunque hubiese días como ese, en los que terminaba tan cansada, por dejar todo a última hora, debía haber terminado la pintura que se encontraba delante de ella desde hacía una semana, Seguía sin entender cómo es que tenía notas decentes, es decir, no eran las mejores, pero al menos no le daba vergüenza que alguien más las viera. Olivia seguía divagando en sus pensamientos mientras pintaba el cuadro que tendría que entregar al otro día, era una pintura casi terminada del rostro de Jasper, su hermano mayor, al tener que pintar un retrato no había encontrado a nadie más. Alexa estaba castigada, Carter ya casi no le hablaba, y Harry ni tiempo tenia de respirar con la escuela de medicina, inclusive había sopesado la idea de pedirle a Serena que de favor la dejara usarla de modelo, pero el solo pensar en la reacción que tendría Carter, fue suficiente como para descartarlo. También pensó en contratar un modelo, pero tan solo el imaginarse pasando horas a solas con un completo extraño, viéndolo fijamente mientras lo pintaba, no era algo que le agradara demasiado. Su última opción fue ir por algún álbum y sacar una de las fotos individuales de su hermano, escogió la que se veía más natural y con la menor cantidad de luz artificial, era una foto donde Jasper estaba completamente relajado, tal vez de hace unos dos o tres años. Era extraño, pero aunque fuese su hermano, aún se sentía incomoda al pintarlo, prácticamente para ella era una especie de persona extraña la que tenía enfrente, la expresión de la foto no era nada parecida a la que siempre mostraba cuando se tenían frente a frente, por lo que se pregunto si algún día llegaría a conocer esa parte de Jasper. Un par de horas más tarde, mientras terminaba de dar los últimos toques al retrato un golpe en la puerta la asustó poniéndola en alerta -¡Olivia abre la puerta!- «¡Hay no, hay no!», era su papá, el cual no parecía estar muy feliz que digamos -¡Ahora!- sonaba más impaciente Eso hizo que tanto el corazón como el estomago de la castaña dieran un vuelco por los terribles nervios que la estaban consumiendo viva. Tal vez si se quedaba quieta y no hacía nada de ruido la persona al otro lado se daría por vencido y se iría  -¡Olivia se que estas ahí, te escuche hace rato!- volvió a repetir incluso más fuerte, si se podía «¡Mierda! Estúpidos audífonos» recordó el pequeño incidente de hacia una horas. - Lo siento… ¡Voy!- se apresuro a decir Caminó hacia la puerta mientras intentaba tomar respiraciones largas y profundas para calmar, aunque sea un poco, sus nervios. Poco a poco giró la manija intentando recomponerse En el mundo no había muchas cosas a las que Olivia les temiera, pero entre las que sí, estaba su padre, él era quien encabezaba esa lista. Herbert Morton, era dueño de dos de los hospitales más grandes en el país, uno estaba en Cambridge y el otro en Boston, donde vivían; era un hombre grande, algo corpulento, media uno noventa y cinco, su cabello castaño y algo canoso denotaba sus cincuenta y dos años, tenía facciones bastante marcadas, ojos color café, acompañados de una voz muy gruesa y un porte demasiado imponente. Todo esto era la combinación perfecta para que cualquiera tuviera miedo. -¡Olivia, abre la puerta, ya!- «¡Diablos! Grita más fuerte que Alex» pensó mientras daba un pequeño salto por el susto. Por fin abrió la puerta tragando grueso y esperando por lo que sea que hubiese hecho enfadar a su padre -Hola papá- lo saludo torpemente con la mano y un tenso nudo la boca del estomago -¡Que hola papá, ni que nada!… Me acaba de llamar Tessa- dijo como si lo demás ya estuviese explicito en esa frase. Y es que sí, con eso bastaba para que la castaña supiera que la mamá de Alexa la había delatado. -Si…si… bueno…- se aclaro la garganta- ¿y como esta? -¡No te hagas la idiota! ¡¿Por qué diablos dice que ayudaste a su hija a escapar?! «Señora Dawson la estoy comenzando a odiar un poquito» pensó la menor palideciendo en el acto -¡No es lo que piensas!- se apresuro a decir, por poco y se le doblan las piernas del miedo- Alex… ella… solo me dijo que me veía en el centro comercial, pero fue todo…lo juro- su torpe titubeo no ayudaba en nada a que el humor de su padre mejorara. -¡Sea lo que sea¡ te dije desde hace tiempo que ya no te juntaras con esa muchacha…- le recordó con ira en su voz- ¡desde la vez del auto te dije que ya no te quería ver con ella! El día que Alexa había chocado el Maserati del señor Dawson, Olivia estaba en una cena de uno de los hospitales de su papá, por lo que para salir tuvo que decir la verdad, a medias, les había dicho que Alex había tenido una emergencia y que no le había querido decir más. Pero la gran sorpresa para su papá fue al día siguiente, ya que el señor Dawson le había marcado para que cubriera los daños de su auto, razón por la cual, aparte tuvo que apegarse a la mentira de su amiga para cubrirla, diciendo que ella le había pedido que la enseñara a manejar en el auto del señor Dawson, teniendo que ir personalmente a disculparse, haciendo pasar una gran vergüenza a su padre, tanto por “estrellar el auto”, como por escapar de un compromiso importante. -Lo siento…- estaba muy asustada y cohibida -¡¿Crees que un lo siento lo va a arreglar todo?!- gritó mientras extendía las manos a los lados, la castaña estaba a punto de llorar- ¡¿A caso no eres lo suficientemente lista…- le dio un toque un tanto brusco, empujándole a un lado la cabeza- …como para saber que la próxima vez pueden ser material de primera plana de algún estúpido periódico amarillista?! ¡¿Sabes lo que eso significaría para tu hermano y para mí?! Y sí, la preocupación de su papa no era porque fuera a salir lastimada, ¡no!, la preocupación de su progenitor radicaba en que él era dueño de dos hospitales y su hijo era su próximo sucesor, lo que llevaba a que si su hija salía causando un escándalo en primera plana seria la comidilla de la élite tanto él como Jasper. Al final de cuentas no podía culparlo, su padre, antes que nada era un hombre de negocios. -Pero tu…- su voz a penas y era un pequeño y débil susurro -¡¿Pero tú qué?!- Volvió a alzar la voz- ¡¿Cuándo vas a dejar de ser tan tonta Olivia?!- se estaba sobando una sien en señal de frustración- Desaparece de mi vista, no te quiero ver por el resto del día- le dijo con un tinte marcado de desprecio mientras bajaba la mano y la veía de pies a cabeza La amargura y el malestar de todas las palabras se acumulaba en su pecho, garganta y ojos, tenía unas inmensas ganas de llorar.  No odiaba a su padre, por supuesto que no, al final era parte de su familia, pero odiaba por completo la manera en que la trataba, siempre era así. «¿Por qué es así conmigo?» se preguntaba mientras entraba de nuevo al estudio muy silenciosamente, intentando no derramar ni una sola lagrima en el proceso, casi como si tuviera miedo de hacer el menor ruido, y tomó asiento en el banquito frente a su pintura ya terminada. «Olivia no lloraste antes que estaba bajo peores circunstancias, menos lo vas hacer ahora, no por unas simples palabras»  Se obligó a ser fuerte, en ocasiones como esas deseaba que Alex estuviera ahí para brindarle una mano o una palabra de aliento, ella era la única que comprendía todo por lo que Olivia había pasado toda su vida.
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