-Hola mamá- dijo Olivia, mientras entraba a su casa y se quitaba el abrigo
-Hola mi cielo, ¿Cómo te fue?- contestó, su madre desde la sala
Al escuchar de donde provenía el saludo, la castaña fue hasta a allá, donde su madre estaba sentada en uno de los pulcros sillones, siendo el lugar favorito de su mamá estaba completamente decorada a su estilo y gusto, tenía tres sillones, una chimenea eléctrica con molduras, una enorme televisión de plasma, varias ventanas de piso a techo, de donde se podía ver tanto la parte de enfrente como la de atrás de la casa, una alfombra, y paredes de color crema, las cuales hacían juego con la combinación de blancos y dorados de los muebles y las cortinas
Prudence Morton, ese era el nombre de su madre, una mujer muy hermosa, tenía unos ojos casi dorados, su cabello era rubio oscuro y un rostro muy amable, era alta, media uno setenta y cinco, y un cuerpo perfecto; Olivia estaba segura de que si no se hubiera casado con su padre, bien podría haber sido modelo.
-Bien- contestó de manera corta, pero alegre, para ese entonces, Prudence ya se había levantado de su asiento para darle un cariñoso beso en la mejilla a modo de saludo.
-Me da gusto hija… espera, antes de que te vayas…- la castaña estaba a punto de darse la vuelta para ir a descansar- …se me había olvidado preguntarte, ¿Cómo te fue con el cuadro? -se refería al cuadro de su hermano, el cual había tardado alrededor de dos semanas en hacer-según Jasper no eran la gran cosa… -«Para él nada de lo que hago es la “gran cosa”» pensó- …pero estoy segura de que solo hablo por hablar –dijo, mientras rodaba los ojos, como restándole importancia
«Ese maldito cuadro», aún tenía muy presente la pequeña pelea con Jasper, gracias a eso, cuando se enteró de que era parte de las obras de su hermana.
-Ah… eso… -se aclaro la garganta- sí, me pidieron el cuadro para exponerlo en la muestra… -se refería a la misma, donde cada año los profesores seleccionaban los mejores trabajos hechos por los alumnos, y los exhibían en la galería de la universidad- me fue muy bien… -concluyó con una pequeña sonrisa
Jasper le había exigido que destruyera su pintura, incluso la amenazo, pero Olivia no tenía más opciones, ya estaba en el límite de la fecha de entrega, y no era capaz de hacer algo mejor en menos de veinticuatro horas, por lo que muy a pesar de su hermano, e intentado ser lo más discreta posible, lo llevó a la facultad, ahora solo esperaba que al mayor no se le ocurriera pasar por la galería de la universidad, porque ni loca le iba decir.
-¡Felicidades!, supongo que esta vez sí que superaste con creces las expectativas de tu padre –dijo su madre con una enorme sonrisa, usando un tono divertido
Prudence no se estaba burlando, ni lo decía con malicia o intenciones de menospreciarla, al contrario, su hija había logrado algo sobresaliente, estaba casi que saltaba de lo orgullosa que se sentía, y ni Herbert, ni Jasper podrían decir algo al respecto para sobajar su esfuerzo.
-Lo sé, pero ni así creo que me deje en paz –bufó, el poco buen humor que le quedaba se había esfumado al pensar en ello- no sé qué espera de mi… -a pesar de que esa exposición era una oportunidad única, sabía que para su padre no valdría de nada- no es mi culpa ser tan mediocre, como él dice… -frente a su madre no tenia porque fingir estar bien todo el tiempo, podía sacar un poco de lo que la aquejaba, claro, mientras solo estuvieran ellas dos presentes
-¡No digas tonterías! tus cuadros bien podrían ser parte de una exhibición en una galería de Nueva York… -su madre siempre la animaba, sabía que era una excelente artista, el problema era Herbert y sus estúpidos prejuicios- tu padre no podría distinguir La Gioconda de La noche estrellada– se burló, si por algo era conocido su marido, era por ser un hombre que sabía manejar muy bien sus cartas a la hora de hacer negocios, pero nunca por ser una persona muy culta.
-Es que… Agh… -frustración, eso era lo que Herbert provocaba en Olivia con sus constantes criticas- para empezar, no me dejó más opciones… tampoco puede culparme por no ser Vincent o Frida… –estaba comenzando a sentir dolor de cabeza
Para cualquier persona fuera de esa casa, la imagen que proyectaban Herbert y Olivia, era la de un padre abnegado y cariñoso, el cual, le permitía a su querida hija deslindarse por completo del negocio familiar y vivir su vida como se le diera la gana, resultando en un perfecto ejemplo de niña mimada.
Nada más alejado de la realidad, su padre controlaba todo lo que hacía o decía, no podía dar un paso sin que él lo supiera, incluso cuando eligió su carrera, el mismo Herbert Morton le había dado un ultimátum, diciéndole que o estudiaba algo de lo que él mismo le daba a escoger, o no la iba a dejar continuar.
Las opciones no fueron muchas, ni muy de su agrado, eso sí, nada que tuviera que ver con el mundo de los negocios, Herbert no quería que se inmiscuyera en sus hospitales bajo ningún aspecto, para él, su hija no era merecedora de heredar nada, entre otras cosas, por el simple hecho de ser mujer.
A pesar de que quería estudiar algo relacionado con la publicidad o el marketing, su padre no se lo permitió, y Olivia nunca se atrevió a ir en contra de sus órdenes, por lo que termino estudiando, Bellas Artes, pero había sido el propio Herbert, el encargado de meterle en la cabeza que nunca iba estar a la altura por mas que se esforzara.
A él lo único que le importaba, era dar la impresión de ser un padre perfecto y comprensivo, y claro, que Olivia no causara ningún tipo de escándalo que pudiera dañar su imagen pública, no buscaba una hija sobresaliente o devota, solo una, que luciera como un lindo adorno, haciéndolo merecedor del título a “padre del año”.
-¡Olivia!… cuida lo que dices… -le preocupaba que alguien pudiera enterarse de su pequeña charla- si te llegara a escuchar quejándote de esta forma… sería capaz hasta de sacarte de la escuela- Prudence sabía que su marido podía pasar por alto todo lo que ella misma dijera, pero con su hija, era otra historia
-Lo sé… lo siento mamá…- la castaña estaba tanto apenada por descargar su frustración con su madre, pero si no sacaba lo que pensaba en ese momento, iba terminar explotando
-No te preocupes mi cielo, solo… se mas cuidadosa en el futuro ¿de acuerdo?- le acaricio una mejilla y le regalo una sonrisa cálida, de las que solo una madre puede dar
Ya adentradas en aquel ambiente mas cálido y libre de estrés, Olivia se atrevió a preguntar algo que le había estando dando vueltas en la cabeza los últimos días
-Mamá… ya no falta mucho para el veinte de diciembre… -por la cara que puso Prudence supo de inmediato, que ya habría adivinado sus intenciones, pero no la detuvo- ¿puedo… puedo ir al cementerio?
-Olivia ya hablamos de eso -su tono era bastante serio- a menos que tu padre salga del país, no puedes ir…- apretó cariñosamente las manos de la castaña entre las suyas- cariño escucha… sabes que si por mi fuera yo misma te llevaría en este instante, pero no se puede, no insistas, por favor
-Bien…- lo mejor era no contradecir a su padre, ya encontraría otra forma- no perdía nada con intentar ¿no? -le dijo con una pequeña sonrisa, mientras se encogió de hombros
Prudence era una mujer conocida por su carácter dulce y tranquilo, por lo que jamás contradecía a su esposo, sin importar que no estuviera de acuerdo con lo que él pensaba, o al menos eso era lo que Herbert creía.
Aparentaban ser un matrimonio perfecto y lleno de amor, lo que nadie se imaginaba era que Herbert era igual de manipulador tanto con su esposa como con su hija, Prudence solo agachaba la cabeza y obedecía, para ella no quedaba de otra, si quería seguir disfrutando de los privilegios que le daba su posición, estaba convencida que valía la pena tirar su orgullo y dignidad, a cambio de satisfacer su ambición.
-Lo siento cariño, reglas son reglas- le dijo casi lamentándose el no poder hacer otra cosa por Olivia
-Lo sé… no importa…- rápidamente cambió de tema, no quería incomodar más a su madre- ¿Ya llego Jasper?
-No lo sé… no lo creo- la señora Morton ya había vuelto a su asiento- al parecer tu papá lo mandó un par de días para algo de la administración del hospital de Cambridge, ¿Por qué?
-Uno de sus maestros lo está buscando desde hace una semana, quería saber si podía ir a la universidad para algo de unas tutorías, o una pasantía… algo así… no le entendí muy bien… pero dice que no ha podido comunicarse con él.
-No te preocupes…- le dijo, mientras volvía a sonreír- en cuanto lo vea yo me encargo, ¿de acuerdo?, ahora vete a dar un baño y baja a cenar
-Está bien…-Olivia subió rápidamente las escaleras, acatando la orden de su madre, un buen baño tal vez le compondría un poco el ánimo
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Durante la semana anterior al cumpleaños de Alexa se habían hecho los preparativos para la fiesta, se había decidido que iba a celebrarse en una casa de campo que tenían los Dawson fuera de la ciudad, por lo que tenían que transportar todo hasta allá, el detalle era quién lo iba hacer.
Alexa había dejado en claro, que era su fiesta, pero siendo la cumpleañera, no pensaba mover un solo dedo, y Harry tenía mucho trabajo en el hospital, con trabajos y podía pedir el fin de semana libre, lo cual dejaba solo dos candidatos, y ninguno de ellos podía negarse, aunque quisieran.
Olivia estaba intentando inventarse algún tipo de excusa para no tener que pasar más de dos horas junto a Carter en un auto, pero nada se le ocurría.
«Y si les digo que me sentí mal, o que me dio diarrea, o mejor aún, que de repente me bajo y tengo unos cólicos horribles… no claro que no Alexa va a saber que miento, sin ninguna duda», nada sonaba lo suficientemente convincente.
En un abrir y cerrar de ojos ya era diez de Diciembre, lo cual significaba que era el día en que Alexa se hacía un año más vieja, así que Olivia le había ido a dar un obsequio, junto con un pequeño pastel.
Se suponía que ese día era para festejar, pero el asunto de Carter no había podido abandonar su cabeza ni por un segundo.
Normalmente o mejor dicho en años anteriores -porque ahora lo normal más bien era que ni se vieran-, los cuatro amigos se reunían el día que se celebraban los cumpleaños, aunque fuera para darle un abrazo al festejado, por lo que Olivia no podía poner objeción alguna para no ir a casa de los Dawson a festejar a su amiga, así que hizo uso de todo el valor que fue capaz de reunir, y en cuanto llego, fue directo hasta la habitación de su amiga, casi que corriendo, el hecho de que tuviera valor para ir, no significaba que tuviera valor para enfrentar a Carter ¿no?
-¿Qué tanto piensas?- le preguntó Alexa, al ver que la menor no la escuchaba y estaba perdida en sus propios pensamientos, dando vueltas de un lado al otro
-¿He?… -estaba tan distraída que apenas y se había dado cuenta de que le habían hablado- nada, nada… - le intentó regalar una sonrisa, que mas bien parecía una mueca, para parecer más convincente
Esa respuesta vaga y ese intento de sonrisa mal hecha, no convencieron a la pelirroja, Olivia había estado actuando de cierta forma errática desde un par de días atrás, lo cual le causaba una gran intriga.
-No te creo… - la conocía como a la palma de su mano, no podía engañarla- estas a punto de hacerle un hoyo al piso… -señaló hacia donde había estando caminando en círculos- ¿Qué te pasa?
-Ah… ¿sí?… lo siento… -contestó un tanto titubeante- ¿segura que ni tú ni Harry pueden ir con Carter? –la pregunta que quería hacer desde que había llegado, salió de sus labios en automático, ahora si podía sentir como Alexa la escaneaba casi con rayos x, tratando de averiguar a qué venía todo eso, «¿No pudiste haber sido un poco más sutil?» se recriminó
Pero es que la situación no era para menos, tenía menos de cinco días para encontrar un reemplazo o tendría que ir ella misma, no le quería fallar a su amiga, pero en esos momentos era una mujer desesperada.
Para Alexa esa pregunta fue la gota que derramo el vaso, no le quedaba duda de que algo pasaba, pero que cosa era «¿Qué estoy pasando por alto?», desde el día de la cafetería Olivia había estado esquiva con el tema de Carter, así que intuía que por ahí iba la cosa.
-¿Por qué no quieres ir?… -si lo que deducía era correcto, la única razón lógica para que la menor se comportara así era querer huir de Carter, «Pero… ¿Por qué?».
-No es que no quiera ir… -su tono de voz era más bajo de lo común, «No sigas preguntando Alex… déjalo pasar» rogaba en su interior
-¿Entonces?… -la menor estaba a punto de hablar, pero antes de poder hacerlo la pelirroja agregó- y voy a saber si me mientes Olivia- «ya comienzo a sonar como mi madre» pensó. A veces sí que se tomaba muy en serio su papel de detective, esa suspicacia era algo que compartían los hermanos Dawson, una vez que se les metía algo en la cabeza, no paraban hasta obtener las respuestas que querían.
Viendo las cosas en retrospectiva, todo parecía tener más sentido, la tensión entre Carter y Olivia, el evitarse, ese algo que parecía faltarles. Mientras más los veía, mas notaba una brecha que de la nada se había formado entre ellos.
-Alex… ya te dije que no es nada de eso… es solo que… no… no estoy segura de… de que mi papá me deje ir… -soltó lo primero que se le vino a la mente, aunque no había que ser muy inteligentes para saber que lo había arruinado por completo, si había alguna posibilidad de que Alexa dejara todo por la paz, la oportunidad la acababa de tirar por la borda, «Olivia, ¿eres tonta o te haces?, porque te sale magnifico» esa molesta vocecilla de nuevo en su cabeza
-¿En serio? -preguntó Alexa, alzando una ceja, como diciendo “a otro perro con ese hueso”- Olivia no te va funcionar esta vez… te fuiste por la tangente el día de la cafetería, pero hoy no lo voy a permitir -se estaba divirtiendo un poco, se sentía en algún tipo de novela policiaca- dime que está pasando… ¿o acaso quieres que traiga a Carter para que te saque la verdad?- allí estaba una sonrisa cien por ciento maliciosa, era un golpe bajo, pero tenía que hacerla hablar a como diera lugar
En el momento en que Olivia escuchó aquello, si de por sí ya estaba blanca, ahora parecía fantasma de lo pálida que se había puesto, Alexa era capaz de hacer lo que decía, esta vez no había escapatoria.
-Alex… -prácticamente le estaba suplicando, sentía como el corazón casi se le salía, por lo fuerte que había comenzado a latirle
-Olive… dime que pasa… o ¿acaso no confías en mi?- se acerco hasta la castaña para tomarle las manos, pero Olivia solo tenía la mirada clavada en el piso- escucha… si no quieres hablar está bien, pero no puedes guardarte algo así… mira como te pones, no me gusta verte así… -quería hacerle saber que tenía su apoyo de cualquier manera
La castaña meditó un par de segundos todo lo que Alexa le había dicho, tenía razón, no podía fingir para siempre que nada pasaba, y aun menos sabiendo que Carter era su hermano, la pelirroja tarde o temprano se iba a enterar de cualquier manera.
-Alex no digas que no confío en ti, sabes que no es cierto… y tampoco es que no te quiera contar, es solo que… de verdad tengo la cabeza hecha un lio… no sé ni por dónde empezar…
-Supongo que desde el principio ¿no?- Alexa intentó aligerar un poco el ambiente, con una pequeña broma, pero a esas alturas hasta ella estaba ansiosa
-Bien… aquí voy… -eso era más para sí misma, que para Alexa- ¿No… no has notado nada raro con Carter últimamente? –tomo asiento en uno de los sillones, invitando a la mayor a que hiciera lo mismo
-¿Raro de qué o qué? -«Así que no me equivocaba… algo pasa entre ustedes dos» pensó
-Pues… de que… -paso saliva con dificultad- de que Carter parece… o bueno, no parece… estoy segura de que me evita y no me habla desde hace un par de meses- era la primera vez que lo decía en voz alta, y el escucharse a sí misma había provocado una pequeña punzada de dolor que poco a poco se fue extendiendo por su cuerpo, era como si de esa forma se hiciera todo mas latente, por fin estaba segura al cien por ciento de que no solo era su imaginación, sino más bien una dolorosa realidad
-¿Qué?… ¿Qué?… ¿Cómo?… ¿Cuándo se pelaron o porqué?- Alexa estaba perpleja, no podía creerlo, «¿Cómo no lo vi? ¿Meses? Juraría que solo llevan así un par de días, si a caso semanas, ¡¿Pero meses?!», estaba a punto de tener un ataque de risa, eso sonaba completamente absurdo, pero la cara de su amiga le indicaba que efectivamente, no se trataba de ninguna broma
Olivia y Carter se habían encargado, cada quien por su lado, de cubrir ese asunto lo mejor posible, aunque gradualmente todo iba a terminar por ser descubierto.
El guardar las apariencias funcionaba muy bien en su mundo, pero, esta vez algo en la ecuación había fallado, solo funcionaba con personas que no conocían como realmente era su vida fuera de ese círculo, cuando la gente de la que se rodeaban eran sus amigos, no había forma de que pudieran engañarlos.
-Ha…- la castaña soltó una risa, más parecida a un bufido, completamente carente de humor- eso quisiera, si nos hubiéramos peleado, al menos sabría porque no me habla… -sentía como si cientos de navajas la cortaran desde dentro, aunque deseaba ignorarlo, sus sentimientos por Carter seguían ahí- …le doy vueltas y vueltas a esto y sigo sin encontrar la razón del ¿Por qué? –cualquiera que no conociera a Olivia, pensaría que estaba a punto de echarse a llorar
La castaña, se sentía demasiado estúpida, desde que Alexa le había dicho lo de la boda de Carter y Serena, se había decidido a olvidarlo, un enamoramiento unilateral era de lo más doloroso que alguna vez experimentó, y ya no estaba dispuesta a seguir sufriendo, no por alguien que ni siquiera sabía lo mucho que lo quería.
Lamentablemente, sabía que no solo con desearlo lo iba a lograr, tenía que poner todo de su parte, más la única que parecía cooperar y estar de su lado era la razón, porque su corazón seguía reaccionando a cualquier cosa que tuviera que ver con él, era muy molesto tener que lidiar con sus propios sentimientos.
-Yo… yo… en serio lo siento… no lo sabía- Alexa no podía salir de su asombro, estaba casi segura que por poco y su barbilla tocaba el piso- solo pensé que estaban un poco molestos, no creí que fuera así de grande este asunto… -«¿Qué está mal contigo Carter?», ganas no le faltaban de ir a zarandear a su hermano, por hacer que Olivia estuviera triste- perdóname… -se quería dar de topes contra la pared- ni si quiera sabia que se evitaban
-No tienes porque pedir perdón, fui yo la que no te había querido decir… aparte, no es que nos evitemos… o al menos yo no… no al principio… - lo dijo como un pequeño murmullo, el cual apenas y la pelirroja pudo escuchar- me empecé a alejar cuando me di cuenta de que se sentía incomodo conmigo –si la hubiesen apuñalado le hubiera dolido menos, que aceptar el hecho de que no solo el chico que le gustaba, sino que una de las personas más importantes en su vida, de la noche a la mañana la tratara como una completa extraña
-¿Y cómo diablos es que apenas me vengo enterando de esto?… ¡Ese idiota me va escuchar! -no sabía con quien debía enojarse más, si con Olivia, por guardarse algo así por meses, o con Carter, por de repente decidir que iba a ser un completo imbécil
-¡No!… -lo que le faltaba era que Carter y Alexa pelearan por su culpa- precisamente por eso no te lo había dicho… no quiero que tomes bandos, ni que le digas nada, lo que sea que pase… es solo entre él y yo… -no pretendía ser grosera, ni desechar así como así la ayuda de su amiga, pero no iba a permitir que todo eso afectara a terceros- creo que lo único que necesito ahora es que me escuches, eso es todo… por favor Alex… -rogaba porque la mayor se mantuviera al margen
-Pero… -al ver la cara de Olivia desistió, si se involucraba más de la cuenta iba a empeorarlo todo –bien…- se cruzo de brazos- pero… quiero saberlo todo… ¿Qué tan grave es?
-Ya llegamos al punto en el que ni siquiera nos saludamos cuando nos cruzamos por ahí- soltó un largo suspiro- antes al menos no era tan incomodo, pero ahora… cada que lo veo me siento… ¿mal?… no lo sé, ni siquiera me atrevo a mirarlo de frente, no quiero obligarlo a estar cerca de alguien a quien detesta –lo que menos buscaba era ser masoquista, pero mientras más hablaba, mas sentía que estaba siendo injusta consigo misma
-Carter jamás podría detestarte Olive- se apresuró a decir Alexa- él te quiere mucho, son amigos, ¿Cómo podrías desagradarle?- se negaba rotundamente a creer que eso fuese cierto, es mas apostaría un brazo a que su hermano adoraba a Olivia
-Como ya te dije, le he dado muchas vueltas a este asunto, pero… supongo que a veces así pasa ¿no?- le mostro una pequeña y triste sonrisa, soltó otro largo suspiro- escucha, si eso es lo que quiere… no hay algo que pueda hacer… es más, que no me hable, mejor, así me olvido más rápido de él- era como si su mente de un segundo a otro, se volviera más clara, ya estaba decidida, nada la haría cambiar de opinión, todo eso tenía que terminar
-Oye entiendo que quieras mandarlo a la reverenda mierda, pero… -la determinación en la voz de Olivia le había dado un poco de miedo, no podía dejar ir todos los años que habían pasado juntos- no puedes tirar su amistad al caño, ni darte por vencida así como así
-¡No me estoy dando por vencida Alex! -«O tal vez sí», su subconsciente estaba mas que presente- lo he intentado, te lo juro que he intentado de todo para hablar con él y saber que le pasa, o… o saber que le hice, pero… nada sirve, solo me evita como si yo fuese una peste o algo -negó ligeramente, como si estuviera intentando sacudirse aquel pensamiento- por eso… preferiría que tu o Harry vayan con él en mi lugar… -poco faltaba para arrodillarse y suplicar
-No Olive… y no me mires así… -señaló en cuanto vio la mueca que la menor hizo- ahora pienso que con más razón tienen que ir juntos -la cara de Olivia era un poema «¿acaso no escucho nada de lo que le acabo de decir?» pensó la castaña- es una buena oportunidad para aclararlo todo… ¿no crees?- se apresuro a decir, antes de recibir una negativa- al menos inténtalo una última vez ¿sí? por mi… no quiero verlos así, ese es el regalo que te pido- sabía que si lo pedía de esa manera Olivia no se iba a negar
-¿Otro regalo?- le preguntó la castaña, levantando una ceja y señalando las bolsas junto a la cama, el regalo adelantado, era para que precisamente, Alexa lo pudiera usar el día de la fiesta
-Bueno… a parte de los zapatos y la bolsa que me trajiste…- dijo como si fuese muy obvio
-¡Alex!… -no quería ir, «Al menos que no quede en ti, inténtalo una última vez» le decía la vocecilla en su cabeza- ¡ahg!… ¡Diablos! Esta bien…- ni siquiera había terminado de hablar cuando la pelirroja ya la estaba abrazando fuertemente- ¡suéltame! No puedo respirar- pero no aflojó el abrazo ni un poco
-¿Lo ves? No era tan difícil- Alexa tenía una enorme sonrisa en el rostro
-Cállate antes de que me arrepienta- no le agradaba nada la idea de pasar más de cuatro horas entre ida y venida con Carter, pero estaba dispuesta a intentarlo aunque fuese por su amiga
-Ni lo sueñes, ya aceptaste- la señaló, mientras se ponía de pie para probarse los zapatos
-Pues ya que ¿no?- se encogió de hombros, mientras se extendía sobre el sillón
- Gracias- dijo Alexa, con una enorme sonrisa, mientras se veía en el espejo
-No me agradezcas… solo reza para que nada salga mal- dijo mientras cerraba los ojos
A pesar de toda la charla, había algo que no dejaba que la castaña se sintiera tranquila, era una especie de mal presentimiento, el cual le hacía latir rápido el corazón, y que sintiera pequeños apretujones en el estomago, pero se lo achacó a los nervios.
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En cuanto Olivia estuvo bañada y cambiada bajo a desayunar, los nervios no la habían dejado dormir casi nada, estuvo intentándolo, hasta que se dio por vencida a eso de las seis de la mañana; tenía unas ojeras muy grandes, para ella no había diferencia entre su cara y la de un mapache, por lo que tuvo que usar un poco de maquillaje, no quería que Carter la viera así, y mucho menos que le preguntara el porqué de su estado.
Habían quedado de verse hasta las nueve, por lo que aun era muy temprano, así que bajo con toda la tranquilidad del mundo a desayunar, creyendo que nadie estaría en el comedor aún, pero vaya sorpresa que se llevo, en cuanto entró al elegante lugar se topó de cara con Jasper, quien vestía un traje gris oscuro con una corbata café, casi dorada, con pequeños detalles en rojo y una camisa blanca, hechos a la medida.
No cabía duda de que era hijo de Herbert Morton, siempre tenía ese porte imponente y esa mirada despectiva que su padre le daba a todo aquel que se encontraba por debajo de su posición.
Físicamente Jasper compartía mas con sus padres que la propia Olivia, era alto, con ojos dorados y cabello rubio oscuro como su madre; tenía facciones marcadas como las de su padre, pero sin llegar a ser bruscas, es mas se podría decir que tenía un rostro muy amable, un cuerpo tonificado y casi siempre iba vestido de manera formal. Era como la combinación en perfecta harmonía de Herbert y Prudence.
Aunque contrario a su apariencia, Jasper era igual a su padre, parecía no haber sacado absolutamente nada de su madre más que el exterior, tenía un horrible carácter y menospreciaba a casi todos, incluyendo a su propia hermana.
Entre Olivia y Jasper siempre hubo grandes diferencias, las cuales solo fueron creciendo con el tiempo, si bien Herbert parecía ser muy estricto con su hijo, llegando incluso al punto de decirle que tenía qué estudiar, para manejar de manera correcta el negocio familiar, Jasper así era feliz, siguiendo sus pasos, y siendo guiado por él. Para los demás Herbert era demasiado exigente, y rígido, pero ante los ojos de Jasper, él era el padre perfecto.