7

985 Palabras
Melissa se quedó dormida cuando ya estaba amaneciendo, estaba demasiado agotada y su cuerpo no aguantó más tiempo y la obligó a descansar. El teléfono no paraba de timbrar, ella no despertaba, su sueño era tan profundo que alguien la podía secuestrar y ella ni enterada. Alejandro sacó el teléfono de la cartera, pensó que debía ser algo muy importante para que insistieran tanto. —Papá. Era su padre quien le estaba llamando. Alejandro no sabía si atender o no, ni siquiera había vuelto a ver a sus suegros después de la boda. Pero si no respondía, temía que fuera un asunto muy importante y ella se enojaría porque no la despertó a tiempo. Alejandro deslizó el dedo por la pantalla y la llamada se conectó casi de inmediato. —Hija. Si no le quieres decir a tu esposo que el pequeño Azael, es su hijo, deberías de divorciarte de él. No te sigas humillando, él ha vuelto con otra mujer y jamás se enamorará de ti, iré por ustedes cuanto antes. Alejandro estaba con la boca abierta, no había hablado, pero había descubierto algo muy importante: el niño, sí es su hijo. Colgó la llamada y colocó el aparato en el mismo lugar, los trámites para el divorcio ya habían iniciado, incluso ya le había prometido a su amante que se casarían en cuanto quedara soltero y ahora… ahora se encuentra entre la espada y la pared. Melissa despertó. No se dio cuenta de las llamadas en su celular, la evidencia había sido borrada. Pero notó que Alejandro actuaba raro, él le ofreció agua, había ido a traerla especialmente para ella, pero la chica no la quiso, no quería nada que viviera del hombre que la odiaba a ella y negaba a su propio hijo. Alejandro le pidió que fuera a desayunar mientras él vigilaba al niño. Ella moría de hambre, bajó a la cafetería y él aprovechó para que le sacaran sangre y le hicieran una prueba de paternidad, le dijeron que estaría lista en tres días, él amenazó a la enfermera y exigió que se le entregara esa misma tarde. Obviamente que, con un arma como amenaza y un fajo de billetes todo se soluciona. Finalmente al niño se le diagnosticó un tumor en el cerebro. Fue un duro golpe para la madre, Alejandro la consoló abrazándola, ella estaba en shock y necesitaba el calor de alguien, pero cuando su mente reaccionó se separó de golpe. Sentía pena de sí misma, hasta el mismo diablo que la odiaba se había conmovido al verla destrozada. El doctor dijo que el tratamiento era bastante caro, que debían probar con eso y si el tumor no se desintegraba debía ser operado de emergencia, antes de que continuara su crecimiento. —Ustedes no se preocupen por el dinero, hagan hasta lo imposible por recuperar la salud de mi hijo—. Ordenó. Escucharlo tan decidido, y por primera vez llamarlo hijo, para Melissa fue algo muy especial. —Cuéntame todo sobre él—. Pidió cuando se quedaron solos. Ya que él se había tomado la molestia de saber sobre su hijo, ella comenzó a recordar todo, desde su nacimiento hasta ahora. —Él es un niño muy amable y educado. Tus padres lo amaban, decían que… era lo contrario a ti— ella sonrió— decían que tú les sacabas canas verdes cuando tenías su edad. Pero conmigo siempre fuiste amable. —¿Perdón? Hablas como si desde antes de nuestra boda ya nos conocíamos. Melissa se le quedó viendo. No entendía por qué él no lograba recordarla. El teléfono de Alejandro timbró, por el rabillo del ojo ella miró que se trataba de Karla, él se levantó a contestar, ella sonrió con amargura, sintiéndose idiota por tratar de hacer que el hombre la recuerde cuando él ya tiene a otra en su corazón. Cuando regresó se disculpó. Dijo que en la empresa había un problema pero le había encargado a su asistente que lo solucionara. No se refirió a ella como amante, sino como asistente. Algo en él estaba cambiando, ya no era aquel arrogante que solo hablaba de divorcio, aquella llamada lo había dejado aturdido. A cada rato miraba la hora en su reloj, estaba a la espera de los resultados de la prueba de ADN. Cuando los tuvo en sus manos, estas temblaban, estaba ansioso y nervioso, antes de abrirlo fue al auto y lloró al ver el resultado positivo. Había perdido tantos años de la vida de su hijo, ahora que sabía la verdad estaba a punto de perderlo. —Juro que daré mi vida por ti, si es necesario, hijo mío. Esa será la manera de pedirte que me perdones por no creerle a tu madre que eres parte de mi sangre. Desde entonces, Alejandro volvió a la mansión, con la excusa de ayudar a cuidar del niño. Para Melissa era un gesto muy bonito, aunque él no lo había reconocido públicamente pero se notaba que se estaba encariñando con él. El tema del divorcio había pasado a segundo plano, habían pasado varios días y no se había vuelto a mencionar. Le pidió a Melissa que no trabajara, que solo se dedicara a brindarle atención al niño. Contrató maestros especiales para que el niño recibiera sus clases en casa sin tener que ir a la escuela y así evitar que sufriera mareos y se golpeara al caer. Las conversaciones entre ellos eran pocas, solo se hablaba del niño y nada más. Había ocasiones que aunque estuvieran los dos en casa era como si estuviera vacía, el niño dormía y cada uno hacía lo suyo en su propia habitación. Un día, sin querer, Melissa vio un mensaje de texto que acababa de llegar al teléfono de su esposo. Lo que contenía la dejó sin aliento, no podía creer que ese hombre le mostrara afecto cuando en realidad sus planes eran otros.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR