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925 Palabras
Era tanta la urgencia por divorciarse de su esposa que, al día siguiente el mismo Alejandro se puso en contacto con los mejores especialistas del país, de ser necesario dijo que lo llevarían el niño al extranjero, entre más pronto se le diera un diagnóstico, más cerca estaría el día de la separación. Tuvieron que viajar los tres, Melissa agradeció que su marido no llevara a su amante, de lo contrario, sería una pesadilla y un dolor de cabeza verlos acaramelados. —Puedes detenerte en el próximo restaurante, por favor—. Pidió Melissa. —Cenaremos cuando lleguemos al hotel—. Respondió tajante. —Tú puedes aguantar hambre el tiempo que desees, yo igual, pero mi hijo no. Habían salido desde temprano esa mañana y solo habían dado un medio desayuno en casa. Ya casi eran las tres de la tarde y todavía no habían almorzado, solo algunas golosinas que ella le cargaba de costumbre. Alejandro accedió a regañadientes y en el próximo restaurante entraron. Él ordenó su comida y pidió una pizza para el niño, todo niño a esa edad ama la pizza, sin embargo; el caso de este no era así. —Lo siento. Yo ordenaré lo de mi hijo, él, es igual a su padre que no le agrada la pizza o las hamburguesas. Alejandro frunció el ceño. Esta mañana, cuando pasó por ellos se dio cuenta de que el niño tiene un cierto parecido a él, más que todo a su difunto padre. Ahora resulta que al igual que él, la criatura no le gustan ciertas comidas. —¿Quién es el padre de tu hijo?—Consultó cuando retomaron el viaje. —¿Por qué no se hace cargo de su salud? —Porque es un canalla y… —Está bien. No me des detalles de tu vida privada, me fuiste infiel y yo también, así que, estamos a mano y no nos debemos explicaciones. —Alejandro, ¿no me recuerdas? —Por supuesto que te recuerdo, aunque haya estado solo por unos días en casa luego del matrimonio. Melissa estaba triste. Él no reconocía a aquella niña que lo defendía en la escuela cuando todos se burlaban de él porque le miraban aspecto de gay. Los compañeros fueron muy malos, pero ella siempre estuvo para defenderlo, al fin de tanto, en agradecimiento, un día él le prometió que cuando fuera grande y fundara sus empresas le ayudaría a que cumpliera sus sueños también y la convertiría en su esposa. Luego de eso, los padres de Alejandro se enteraron del bullying que su hijo sufría y decidieron mudarse de la ciudad. Pero, en agradecimiento a aquella niña del pasado decidieron asegurar su futuro, los padres de ambos, que eran muy enemigos en los negocios, acordaron un matrimonio de conveniencia, cuando tuvieran la edad se casarían, solo así ambas familias quedarían en paz. Todos guardaban la esperanza de que finalmente se enamoraran y los llenaran de nietos. Los chicos no volvieron a tener contacto durante un par de años en los que fueron muy difíciles para Alejandro, ya que, sufrió un accidente de tránsito en el cual su chofer perdió la vida y él quedó en coma por un año. Cuando por fin despertó, no reconocía casi a nadie. Había perdido la memoria, el médico no dio garantía de que sus recuerdos volvieran, solo un milagro podía hacer que volviera a la normalidad, poco a poco. Ahora solo tiene vagos recuerdos de una niña jugando con él, nada más. Era de noche, la cita la tenían para las ocho de la mañana del día después. Se instalaron en un hotel, todos los gastos de ese viaje corrían por cuenta de Alejandro, así lo habían acordado. Sus habitaciones quedaban casi de frente, un detalle que no era relevante pero que más tarde se volvió demasiado importante. El niño volvió a prenderse en fiebre. Antes de que las convulsiones se presentaran, Melissa llamó por teléfono a su marido, al no obtener respuesta corrió a tocar la puerta. —¿Qué sucede? ¡Ni creas que permitiré que duermas a mi lado! Expresó con desdén. Él estaba envuelto en una toalla, acababa de bañarse y por eso no atendía el teléfono. Ella le pidió que fueran al hospital, él accedió de inmediato, había sido un milagro que él no se negara. Ella lo agradeció en silencio. En el hospital lo estabilizaron, pero se quedarían de una sola vez para esperar a los especialistas. El niño debía permanecer en vigilancia, Melissa le sugirió que volviera si no se quería desvelar, pero él prefirió quedarse a acompañarla. Los dos se sentaron en la sala de espera. Uno frente al otro, ella se le quedó viendo durante un largo rato. Era muy guapo, casi no había perdido los rasgos de su niñez y ella se trasladó al pasado donde solía verlo hacer sus tareas, estaba enamorada en ese tiempo, pero siendo una niña no lo entendía, hasta que fue creciendo se dio cuenta de lo mucho que él le importaba. —¡Te extrañé! Dijo de repente. Alejandro estaba sumido en el teléfono, levantó la mirada y preguntó lo que había dicho. Alcanzó a escuchar, realmente, pero no estaba seguro de lo que ella dijo. ¿Cómo me va a extrañar si sabe que la detesto por arruinar mi felicidad? Se preguntó a sí mismo. No esperaba que ella, a quien realmente extrañaba, era a aquel niño del pasado, algo que cuando se reencontraron, se casaron y supo que la odiaba, no se lo pudo decir.
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