Andrew. Después de cuatro días que a mi me parecieron dos meses, llegamos a Fort Hood y nos recibe el General Smith, padre de la Teniente. —Sargento Thompson, Teniente Smith, vengan conmigo— fueron sus primeras palabras al llegar, parecía molesto. —Sí, mi General— respondimos al mismo tiempo. Caminamos detrás de él hasta llegar a su despacho, entramos y nos ofrece asiento adelante de su escritorio. Este lugar es tan impersonal como el de Sara, solo pueden verse medallas y reconocimientos, nada sobre ninguna de sus hijas. La mirada que nos daba, nos decía todo, no se iba a contener al hablar —Sus superiores me informaron sobre la misión— podía ver como Sara movía arriba y abajo su pierna por la ansiedad de escuchar las palabras de su padre, ese era su efecto en ella, con cautela acerq

