¡Por fin estoy en casa!
Solo puse un pie dentro y un aroma maravilloso me dió la bienvenida.
Mi padre está sacando una bandeja de galletas de doble chocolate, mis favoritas.
—Brooke no te escuche llegar— dice mi padre cuando entró a la cocina y lo acompañó.
—Lo sé papá, está bien quería sorprenderte así que ¡sorpresa!— grité entusiasmada dejando mi maleta a un lado.
—Hubiera ido por ti— fingió molestia —ven aquí cookie— dijo mientras se acercaba para abrazarme.
Si, mi padre suele llamarme así porque de niña amaba tanto las galletas de chocolate que prometí que cuando fuera grande me cambiaría el nombre a cookie.
Lo extrañaba tanto. Adoro a mi papá, es difícil estar lejos de casa.
—Y ¿dónde está bucky?— pregunté buscando a mi bebé ahora ya no tan pequeño.
Se me había hecho raro que no saliera corriendo a recibirme.
—Ah, no está, vino Andrew y lo llevó a pasear mientras yo terminaba de cocinar.
Oh no, en serio está aquí, no puedo creerlo, ¡de verdad está aquí! ¡es maravilloso!
Cuando me enteré que Andrew salía a su primera misión casi muero de preocupación.
Como hija de militar sabes que puede volver o puede que no. Así que si, me angustiaba mucho, cuando su mamá tenía noticias me las decía y me tranquilizaba un poco, pero el hecho de saber que está aquí y está bien me sienta de maravilla.
—Brooke ¿me estás escuchando?— preguntó mi papá curioso, parece que me perdí unos minutos.
—Am no papá, lo siento ¿me lo puedes repetir? Es que no puedo pensar bien hasta que coma alguna de tus maravillosas galletas— lo digo en serio me distraen las galletas, para nada Andrew, para nada.
Parece que no me cree por la mirada risueña que me da.
—Claro cariño come todas las que quieras.
Papá ha mejorado mucho en la cocina y todo se lo debemos a la bendita señora Thompson.
—Bueno, como te decía, Andrew vino pensando que ya estabas aquí pero como no te encontró aprovechó para llevar a pasear a bucky al parque, dijo que volvería más tarde por que tenía algo que decirte o darte, no lo escuche muy bien— mi padre tiene problemas de audición debido a los fuertes sonidos a los que estuvo expuesto cuando era militar. —También dejó esas flores— señaló unas gerberas amarillas que estaban cerca de la entrada. Eran hermosas —las mandó su mamá.
Tenían una tarjeta.
Bienvenida a casa pequeña Brooke.
Su caligrafía era inconfundible, con su perfecta letra cursiva.
Nota mental, ir pronto a ver a la señora Thompson y agradecerle.
—Está bien papá, tomaré unas cuantas o tal vez todas las galletas— intente tomar una pero estaban muy calientes y terminé con mis dedos quemados, mi padre se rió de mi desgracia para después tomarlas con una espátula y ponerlas en un plato.
Yo bese su mejilla en agradecimiento —iré a mi cuarto a desempacar— le avisé.
—Claro cookie— dijo mi papá entre risas.
Subí las escaleras con rapidez entre pequeños brincos, gracias al cielo mi cara no terminó contra el piso. Pero es que estaba muy emocionada, ¡Andrew vendrá! ¿qué querrá decirme o darme? Esperen, ¿por qué me emociona tanto? Digo, solo es Andrew mi vecino de toda la vida, que se volvió muy atractivo y su sonrisa es aún más contagiosa.
Pero a mi no me gusta, en verdad no, no puede y no lo digo porque su carácter sea todo cerrado o por lo mujeriego que ha sido, sino porque es militar. Ellos pasan mucho tiempo fuera y soy testigo de cuanto puede afectar eso en una relación y yo no quiero eso, prefiero algo más tranquilo y más seguro, algo que no me quitará el sueño pensando si un día ya no volverá, como le pasaba a mi mamá.
Llegó a mi habitación, al entrar veo que todo está tal y como la dejé.
Eso era reconfortante.
Dejó mi bolso en el sillón y me lanzó a mi cama, se siente tan bien estar de regreso. Estoy algo cansada, creo que cerraré los ojos un momento.