Hace un par de días que llegué a casa. Hice hasta lo imposible por volver porque sé que Brooke regresará pronto a casa de la universidad.
Moría de ganas por volverla a ver.
En estos días he pasado mi tiempo ayudando a mamá en casa, reparando lo que se necesita, trayendo todo lo que ocupa, inclusive fuimos al cine en el que solía trabajar los fines de semana.
Años atrás decidí entrar a trabajar ahí por tres razones.
Uno. Solo trabajaba viernes, sábados y domingos.
Dos. Pagaban bien.
Tres. Por Brooke.
Ella solía ir con su mejor amiga Alissa de vez en cuando y era mi oportunidad perfecta para verla reír ya que siempre me daba una mala cara. Solo a mí, debe ser porque siempre me burlaba de algunos de sus hábitos pero, ¿cómo podía comer la asquerosa combinación de palomitas acarameladas y palomitas de queso?, digo ¿quién hace eso?
Nadie, solo ella.
Pero es que siempre ha sido única, es lista, es hermosa y segura de sí misma, y cuando se enoja arruga su frente marcando sus cejas y se le hace un pocito en el lado superior de su ceja izquierda del que nunca puedo apartar la mirada.
¿A quién no podría gustarle?
Y ese era un gran problema, a muchos les gustaba Brooke, aunque al principio los alejaba de ella porque sabía que no llevaban buenas intenciones y quería protegerla, al final me di cuenta que era porque me gustaba.
Ella me gusta hasta la fecha, bueno, algo más que eso.
Siendo sinceros nunca he tenido problemas para llamar la atención de las mujeres, soy muy bueno hablando con ellas, en general soy bueno hablando con las personas, pero con Brooke nunca funcionó nada. Era inmune a mis encantos.
Pero me bastaba con tenerla cerca.
Lo que más me gustaba era cuando llegaba a casa y la encontraba hablando con mi mamá, se veía tan contenta, juro que podría verlas por horas, las mujeres más importantes en mi vida.
Yo sé la falta que le hacía su madre, la señora Marie era increíble, por eso después de que murió estuve cada noche en el patio de su casa abrazándola cuando salía a llorar a escondidas.
Fue un día de casualidad que yo volvía de andar en bicicleta con unos amigos cuando la vi salir al patio medio escondida. Ví como se metía a su vieja casa de juegos y la escuché llorar, no me pude contener y ni siquiera lo pensé, dejé mi bicicleta como si nada a media calle, me acerqué con cuidado y cuando la vi llorando pude sentir su dolor, ella estaba sufriendo mucho. Lágrimas pesadas cubrían su hermoso rostro y se tapaba la boca para no hacer ruido, me acerqué despacio y cuando estuve frente a ella la abracé lo más fuerte que pude, le dije que haría cualquier cosa para calmar su dolor, incluso podríamos compartir a mi mamá para que no se sintiera tan triste.
En ese momento la escuché reír por primera vez desde lo que parecían años.
Era jóven, pero prometí protegerla para que no tuviera que sufrir más. Y lo iba a cumplir.