Lucca había llegado con Valeria a la estación central de la Polizia di Stato, cuando fue a abrirle la puerta del carro, ella ya estaba descendiendo. —Mi amor, debiste esperar que te abriera—habló Lucca acercándose más de la cuenta, para aprovecharse en rozar su cuerpo con el de ella, lo que produjo un hormigueo y excitación en el cuerpo de Valeria, sin embargo, no se dejó sumergir en ella. — ¡Lucca Rocco!—espetó enojada—aléjate de mí, no soy ni tu amor y tampoco estoy incapacitada para abrir mi puerta. Él se acercó ignorando sus protestas, colocó sus brazos a ambos lados del rostro de Valeria, se quedó viéndola por un par de segundos, sus respiraciones se entrecortaron, ella nerviosa mordió su labio inferior y Lucca se sonrió satisfecho mientras pensaba que no le era indiferente a su es

