Oportunidad
—¿Por qué llevas esa ropa? ¿Te vio tu madre con ese atuendo tan vulgar? —con desprecio pregunta.
—¡Ignacio! ¿Bromeas? Es el vestido que llevaba puesto el día que nos conocimos, dijiste que nunca habías visto una mujer tan hermosa y que era tu vestido favorito —respondo consternada, cada fibra de mí se inunda de asombro.
—¿Segura que no te lo inventaste, Mónica? ¡Yo nunca diría algo así sobre un vestido tan horrendo! y me disculpas por ser tan franco.
Miro el rostro de Ignacio, mi prometido y me pregunto si esto es parte de algún montaje para hacerme sentir mal, y luego sorprenderme con algún regalo extraordinario. Este vestido n***o con la espalda descubierta es su prenda favorita, es imposible que hable en serio. Se me ocurre que tal vez me pedirá matrimonio con algún anillo especial, considerando que decidimos casarnos, pero nunca me ha propuesto matrimonio con una sorpresa como manda la ley.
Debo disimular y seguirle el juego, no sea que al descubrirlo arruine todo. He pasado tres horas arreglando mi cabello y maquillándome para esta ocasión, iremos a nuestro restaurante favorito y he arreglado con el encargado que nos sirvan el mejor vino que tengan, de postre he rentado el cuarto de hotel donde estuvimos juntos por primera vez. Respiro profundo y me dirijo a mi amado.
—Amor, no bromees así conmigo, entiendo que por ser nuestro aniversario has de venir con algún plan para sorprenderme, pero no hay necesidad de ser tan bruscos. Tengo dos horas esperándote, es nuestra fecha especial, un día como hoy nos conocimos y estoy segura de que has estado todo el día emocionado por la noche que nos espera.
—Si por mí fuera no saldríamos con el aspecto que tienes, pero bueno, ya vámonos para salir de esto.
—Espérame en el auto, voy por mi bolso —solicito. No puedo evitar sentirme horrible, he invertido mucho tiempo en verme bella para él y todo lo que hace es continuar con insultos, además de que no llegó a tiempo y ni siquiera me ha traído una rosa.
Camino al auto algo triste, quisiera levantar la mirada, sacar el pecho y sentirme segura, pero me temo que las palabras de Ignacio comienzan a resonar dentro de mí.
—¿Pensabas tardarte más? Para buscar un bolso no hay que dar tantas vueltas ¿Lo sabías?
—Ya estoy aquí, solo quiero pasar una noche agradable, no me sigas tratando así, tu no eres así conmigo ¿Algo te molesta? ¿Hice o dije algo malo? —le busco con mis ojos y no quiere mirarme, enciende el auto y en absoluto silencio conduce al restaurante.
En un intento de romper el hielo deslizo mi mano por su pierna derecha, con desprecio retira mi mano empujando con la suya, ahora si me siento extraña, el hombre que amo nunca me retira cuando intento buscarle, por el contrario, se activa su libido, pero esta vez no funciona.
Un frio extraño invade mi interior, tengo ganas de llorar y a penas logro contenerlo porque sé que algo debe tramar, no puedes amar a alguien un día y al siguiente tratarle así, no es posible que ayer me dijera cosas lindas y hoy ya sea otro ser humano completamente diferente.
—Mi amor, se me hace raro que no me hayas traído una rosa, siempre acostumbras a obsequiarme una.
—Acordamos que saldríamos de compras como regalo de aniversario, no me vengas con que esperabas algo más porque ese no fue el acuerdo.
—No he dicho nada, es solo que normalmente me obsequias ese detalle o algún otro para hacerme sentir bien, pero claro que iremos de compras.
—Ahí está, siempre haces eso, esperas que te de algo lindo o que yo adivine lo que quieres, si hemos acordado que saldríamos de compras no puedes querer un detalle especial —me grita.
—Pero no te alteres, yo solo hice un comentario.
—Si, pero sé lo que haces. Iremos de compras y punto, ese fue el acuerdo.
Una lagrima recorre mi mejilla, no soporto tanto insulto. Ignacio parquea el auto y sale disparado al restaurante, prácticamente como si anduviera solo. No abre mi puerta, no es gentil, no me espera, no puedo comprender lo que sucede, pero me duele cada acción desconsiderada. Rápidamente seco mi rostro y salgo, no tengo fuerzas para sentirme bella, pero debo disimular para que las personas no vean mi corazón hecho pedazos.
Camino hacia la puerta donde Ignacio me espera, entramos y nos llevan a la mesa. Sigo notando cosas extrañas, ya no me sostiene de la mano, no busca conversar, no me mira como si estuviéramos juntos, lo único que hace es usar su celular.
De pronto recibe una llamada —¡Hola! ¿Qué tal? —responde amablemente. Puedo ver claramente como su rostro cambia y su estado de ánimo es otro, tanto así que hasta el tono de voz es amable, al parecer el problema es conmigo, porque justo ese que habla al teléfono es el hombre que conozco, pero no esta noche, no conmigo.
Ordenamos la cena, mi prometido sigue frío y distante, por lo que empiezo por desesperarme, pues no he recibido regalos y vamos a comer el postre en absoluto silencio.
—Amor, he ordenado que nos sirvan el mejor vino que tengan para celebrar, al salir de aquí te tengo una sorpresa, iremos a un lugar muy especial.
—Mónica, deja de intentarlo, no te esfuerces, no quiero que estes llorando como loca cuando no reaccione como esperas.
—¿Qué dices? Estamos celebrando nuestro aniversario ¿Te diste cuenta de qué día es hoy?
—Te dije que no te hicieras falsas expectativas, siempre esperas que te sorprenda con tonterías, que te regale algo o que te agrade.
—¿Tan mal estoy por gustarme los detalles? Sabes que no es presionando, no está mal obsequiar un chocolate, hasta una menta es importante para mí siempre que lo hagas con buena intención, no es algo para molestarte.
—Lo que sucede es que no siento regalarte nada, no tengo ganas de ser amable contigo y la verdad no quiero herirte más. Yo no soy suficientemente bueno para ti, mereces a alguien que te ame de verdad porque eres una buena mujer, pero no soy yo.
—¿Qué me estás diciendo? —siento como si me apretaran el corazón.
—Creo que deberías tener otra relación, busca a alguien que te ame como mereces y quizás después si aun sentimos algo el uno por el otro, podríamos regresar, pero por ahora no me proyecto en un futuro contigo.
Las palabras de Ignacio son como puñaladas a mi pecho, mientras continua hablando de lo que merezco y él no puede darme, algo dentro se quiebra por completo. El día de nuestro aniversario me trata de la patada y corta su relación conmigo, lejos de querer matarlo lo que siento son unas ganas enormes de salir corriendo.
Mientras más habla más me lacera el alma, comienzo a sentir un dolor en el pecho acompañado de una tristeza gigante que provoca dolor en lugares de mi interior que desconocía se podía sentir.
El aire me comienza por faltar, mis ojos repletos de lágrimas, de repente el camarero viene sonriente a servir el vino para celebrar, lo único que logro resolver es ponerme de pie y salir corriendo despavorida de aquel lugar.
—¡Mónica! ¿A dónde vas? ¿Te has vuelto loca? —escucho a Ignacio gritando tras de mí.
Acelero mi velocidad y logro salir a la calle, en cuestión de segundos se acerca Ignacio y me toma por el brazo.
—¿Cómo te atreves a salir corriendo de mi presencia así? ¡Todos se deben estar preguntando qué te hice! Me haces quedar mal, como si yo fuera aquí el villano. Lo único que he hecho es ser honesto contigo y mira cómo me pagas.
Miro a sus ojos, en serio él considera que estoy actuando mal y que hace las cosas bien, no comprendo cómo una persona puede crear en su mente semejantes pensamientos. No sólo me hiere, también soy culpable de su vergüenza por hacerlo.
—No te conozco, déjame ir, por favor —suplico mientras aprieta más mi brazo.
—No quiero que andes por ahí dando pena como si yo fuera un monstruo haciéndote la víctima. Quiero que sepas que te amo, lo que pasa es que el amor que siento por ti no es el que quieres o probablemente merezcas, no puedo verte con ojos de hombre enamorado, y tendrás que aceptarlo. No creo que haciéndome quedar mal te sientas mejor, así que mejor te llevo a tu casa después de pagar la cuenta —asegura.
Asiento con la cabeza, tan pronto como libera mi brazo para dar la vuelta y regresar al restaurante me doy a la huida, esta vez subo a un taxi que está a punto de partir. Por el cristal del carro veo a Ignacio furioso por irme, supongo que un bocado de dignidad no me vendría mal.