Marlene Me enjuago la boca con un sorbo de agua, luego me giro hacia mi esposo y lo encuentro mirándome con deseo en los ojos. Pero sigo pensando en la cena, en las palabras que mi madre me dijo en la terraza, en la amargura en su mirada. —Eres increíble —dice, acercándose. Su voz es baja, íntima—. Y lo hiciste muy bien esta noche, Marlene. Especialmente con la noticia de los gemelos. Logro esbozar una sonrisa débil. —¿De verdad? Mamá apenas pudo mirarme. —Ya lo aceptará —su mano se desliza hasta mi vientre aún plano, protectora y posesiva—. Todos lo harán. Estos bebés son una bendición, Marlene. Nuestra bendición. La ternura en su voz hace que me duela el corazón. —¿Cómo pasaste de ser un jefe mafioso aterrador a un padre devoto tan rápido? Sus labios se curvan en una media sonrisa.

