Marlene Mi corazón late con fuerza contra mi pecho mientras miro los ojos azul acero de Andrei. Su cuerpo me presiona contra la fría pared de concreto, su agarre es firme pero no doloroso. El calor que irradia es embriagador, un contraste brutal con el frío del sótano que se ha convertido en mi prisión. —¿Vas a comportarte ahora? —pregunta Andrei, su voz baja y áspera. Quiero escupirle en la cara, arañarlo hasta hacerlo sangrar. Pero el recuerdo de sus palabras anteriores resuena en mi mente. Un error. La muerte de mi padre fue un error. El pensamiento me marea con una confusa mezcla de alivio y de ira renovada. Pongo los ojos en blanco, fingiendo una indiferencia que no siento. —Me comportaré —digo, con la voz más firme de lo que esperaba—. Si respondes algunas preguntas. Andrei me

