Nayla y Neal caminaron por el vecindario hasta llegar a unas canchas de básquet ball, donde había algunos chicos encestando balones. De camino le contaba cosas sobre su carrera, pero ella no prestó mucha atención. —¡¿Sabes qué?! —exclamó chocando sus palmas en un aplauso al ver a Nayla muy distraída—. Necesitas alegrarte la vida, vamos. Él le sonrió y tomó su mano haciéndola caminar con él. —Espera, ¿a dónde vamos? —cuestionó sin resistirse a la caminata. —Lo verás cuando lleguemos. ¡Preciosa, necesitas vivir! —exclamó muy emocionado. —Vale, entiendo eso como que me hace falta salir más, y no me opongo. A mis dieciocho años… —¡Dieciocho! —Ehm, sí… —Dulces dieciocho, preciosa. Definitivamente, hay que enseñarte las maravillas de la vida. —Okey… Sin decir una palabra más, lo sigui

