Una sonrisa se dibujó en el rostro del padre de Nayla en cuanto ella abrió la puerta. —¡Pompón! —exclamó dándole un abrazo de oso que no podía faltar. —Te ves bien, papá —dijo apretujada por sus fuertes brazos. Segundos después se incorporó separándose de ella. —Tú también Pompón —dijo dándole una escaneada de pies a cabeza—, te dejaste crecer más el cabello, ¿eh? —Sí, un poco. —Excelente. Muéstrame tu madriguera entonces. Las piernas le temblaban por no saber a ciencia cierta cuál sería la reacción de su padre. Él entró en cuanto ella se hizo a un lado para cerrar la puerta. Observó el pasillo y cada cosa con detalle; así era él, le gustaba detallar lo que veía. —¡Ah!, tienes más visitas —dijo sin dejar de ser amable. Los Lee se incorporaron inmediatamente en cuanto el señor Dra

