Por la mañana Nayla realizó su rutina normal como los días anteriores al fin de semana. Buscó su tarjeta de debito y salió con destino al cajero electrónico, pues debía sacar dinero para comprarse otro celular y poder llamar a sus padres para que no estuvieran preocupados por ella. Al salir del ascensor, se encontré con Roy, y dado que no les daba noticias sobre el dueño y el gran malentendido que hubo con el arriendo, decidió acercarme. —¡Señor Roy! —gritó llamando su atención. —¡Hey! ¿Cómo va todo? —preguntó llevándose las manos a los bolsillos de pantalón. —Aún no nos matamos uno al otro. Dígame, ¿se ha contactado el señor Gary con usted? —Aún no. Pero en cuanto suceda se los haré saber. —Genial… —murmuró con desanimo. Sin más, se despidió y continuo a su destino. El día fue pés

