6 Preocupado

2643 Palabras
―¡Suéltame! ―gimoteó Nayla, pero Hank la abrazó con más fuerza. ―No, hasta que me escuches ―Ella dejó de resistirse y fijó la mirada en el agua. ―No tienes nada para decir en tu defensa. ―Claro que sí. ―Por supuesto que no. ―Estuviste en peligro por mi culpa ―dijo con tono arrepentido―. De haberlo sabido, no lo habría hecho. Solo quería jugarte una broma, pero salió mal. En verdad lo siento. Tras unos segundos de silencio absoluto, ella asintió una vez y Hank la soltó sentándose a su lado. ―Buscaré a Neal ―dijo ella poniéndose de pie para rodear la piscina y buscar sus zapatos. Hank no hizo más que observarla y dejar de molestarla por el momento. Aunque eso no significaba que iba a perderla de vista. Él sabía cómo se ponían de intensas esas fiestas, por lo que la siguió discretamente. Ella cruzó unas palabras con Neal en cuanto lo encontró. Él la tomó de la mano y ambos se adentraron en la multitud para bailar. Hank se quedó observándolos desde un peldaño de las escaleras, deseando llamar la atención de Nayla, se sentía realmente mal por lo que había sucedido. No había nada que pudiera hacer tras ver que ella había congeniado muy bien con su amigo. […] La noche pasó sin novedades, Nayla se la pasó en compañía de Neal bailando, riendo y bebiendo, aunque no en exceso. Eran las dos de la tarde para cuando ella despertó alarmada por la hora. No se sentía mareada, pero tenía un dolor de cabeza horrible. Buscó sus cosas de aseo personal para darse un rico baño, y se deshizo del pijama para colocarse su bata de baño. El apartamento se encontraba en completo silencio y sin señales de Hank. El agua se sintió refrescante, y aunque aún le dolía la cabeza, se sentía menos zombi. Lo que si tenía, era bastante sed. Así que antes de ir a vestirse, fue a la cocina por agua. Entró buscando una botella de agua directamente en el refrigerador y la bebió como si nunca más pudiera tener ese placer en su paladar. Se giró para ir a la habitación, pero se detuvo en seco al encontrarse un plato con un par de sándwiches sobre la mesa que había adentro. Sonrió al leer la pequeña nota que tenía encima con la leyenda: “Cómeme” Sí, como en Alicia en el país de las maravillas, el papel decía eso. Dudaba si tomarlo o no aun consciente de que era para ella. Tomó el plato y volvió a la habitación. Antes de vestirse, me sentó sobre la cama notando enseguida un vaso con agua encima de la cómoda, acompañado por un par de aspirinas. También tenían una nota, pero con la leyenda: “Bébeme” Se escuchó el golpe de la puerta principal al cerrarse, y ella se levantó enseguida para enfrentarlo, pero solamente era un pretexto porque quería verlo. —¡Mono! —gritó, pero ya no estaba. Se había ido. Tras un rato, decidió salir y conocer los alrededores. El día amenazaba con llover, lo cual era muy habitual en Michfield. Caminó por la playa disfrutando por primera vez, pues nunca antes había estado en la playa. Se sentó sobre unas rocas que había y entonces lo vio. Hank estaba caminando también por la playa, y no se dio cuenta de que ella estaba ahí. Por alguna razón que Nayla no conocía, no podía dejar de mirarlo. Él se veía tan concentrado en su caminata y además llevaba los audífonos puestos, algo que también intrigó a Nayla. «¿Qué tipo de música escuchará?» Pensó. En cuanto se alejó, ella se puso de pie para regresar al apartamento. La noche anterior le había dado su número telefónico a Neal, pero el aparato se arruinó cuando ella cayó al agua así que, no tenía con qué entretenerse y se fue directamente a su habitación para recostarse y descansar. El sueño la estaba venciendo, pero el golpe de la puerta principal lo interrumpió. —¡Niña, traje comida china! —anunció Hank en un grito. Cuando Nayla llegó a la cocina, lo encontró sirviendo un par de platos y, se recargó bajo el umbral de la puerta con los brazos cruzados. Hank dejó lo que estaba haciendo y se acercó a ella. ―Es… es mi forma de, ya sabes… disculparme ―dijo esperando que ella hablara. ―Así que, admites que lo que hiciste, fue extralimitado. ―Sí ―murmuró, pero ella no se iba a quedar con eso. ―No escuché. ―Sí… ―repitió a regañadientes. ―¿Y si hablas más fuerte? ―pidió con afán de molestarlo. ―¡Sí, Nayla, Sí! ¡Me extralimité! ¿Contenta? ¿Lo escuchaste? ―Ya ―calmó acercándose a la mesa―. Solamente quería hacerte sufrir ―confesó esbozando una sonrisa y tomó asiento sin notar que Hank se había salido de la cocina―. ¿Por qué comida china y no coreana? —Porque por aquí no venden coreana —respondió alzando la voz. —Uhm, tiene sentido ―murmuró y Hank no tardó mucho en regresar —Como sea. Quería comer de esto —dijo colocando una toalla sobre su cabeza. Sus manos agitaron el cabello de Nayla para secarlo, y tras unos segundos se sentó frente a ella mientras la chica descubría su cara. ―Pff… ―renegó ella. —Eres muy irresponsable —regañó quitándole a Nayla de la mano un tenedor—. Si no te secas, te enfermas. —No me mojé tanto —replicó defendiéndose. Hank tomó un sobre de papel alargado para rasgarlo extrayendo unos palillos chinos, y se lo entregó a Nayla que observó entornando los ojos lo habilidoso que era él al usarlos. Con un gesto de desacuerdo, dejó los palillos a un lado de su plato para tomar el tenedor, pero Hank detuvo su mano. Ambos sintieron un choque de electricidad que los hizo buscarse las miradas e inmediatamente Hank soltó su mano. —Aprende a comer con los palillos ―ordenó bajando la mirada. —Eso es imposible. No sé cómo se hace —objetó. Él sonrió ligeramente, y acercó su silla a la de ella. —Coloca uno por debajo de estos dos dedos —señaló, pero Nayla no le entendía. Hank viró los ojos y contuvo el aire por un momento para después colocar los palillos entre sus dedos con paciencia; tal como lo hacía él. Ella miró con atención la manera en que él los acomodaba para dejar finalmente la mirada fija en ellos. Nayla mordió su labio inferior con decisión; gesto que no pasó desapercibido para Hank, pero sacudió su cabeza junto con cualquier pensamiento que ella le pudiera generar. Ella trató de tomar un trozo de carne, pero se le resbaló provocando que Hank riera. Hizo un par de intentos más hasta que lo logró. —¡Sí! — exclamó mostrándoselo al chico. —No es tan difícil ―alardeó con naturalidad, tratando de ocultar lo orgulloso que se sentía de ella. —¿Qué se supone que es esto? —preguntó Nayla probando el bocado. —Pollo a la naranja. —¡Es exquisito! —exclamó alucinada. ―¿Acaso nunca ante la habías probado? ―Francamente, no ―respondió comiendo más de lo que había, y aunque el arroz fue una dura batalla de mantener entre los palillos, pudo ingerir dos granos de cinco que lograba sujetar. Los rollos primavera, no fueron de su total agrado, pero igual se comió uno. —¿Qué harás mañana, Cabeza de ramen? ―cuestionó evitando mirarla, pues cada gesto que ella hacia le parecía tierno. —Saldré a buscar empleo, Mono ―respondió con gesto de fastidio. —¡Genial! Ya es mucho ocio el tuyo ―resaltó para molestarla. —Se nota que estás muy al pendiente de mi vida. —Imagínate que algo te suceda, no quiero que me acusen a mi ni parecer como primer sospechoso. —Dudo que lo hagan. No te ves tan inteligente como para perpetrar un crimen. —Ah, lo dice la chica que no sabe nadar ―Ella dejó de masticar y bajó la mirada con pena―. No… Lo lamento. —Ojalá fueras un poco más como Neal ―mencionó ella, y eso lo irritó. «¿Por qué ella deseaba eso?» Pensó. «¿Acaso también se interesó en él?» Si las cosas eran así, sabía que tenía mucho que perder, pero ¿exactamente qué? Él no iba a aceptar que ella le empezaba a gustar tanto como le gustaba a Neal, y saber que ella pensaba en él por solamente nombrarlo, le hizo decaer el ánimo. Su orgullo no lo dejaba ser amable; al menos con ella, y Neal lo era por naturaleza. —Y tú ojalá fueras más adulta ―mencionó tratando de convencerse a sí mismo que sus palabras no le habían afectado. —Soy una adulta —Eres una niña. —Y tú eres un bipolar. —No soy bipolar ―replicó confundido. —Claro que sí… ―respondió sin mirarlo―, te la pasas atacándome y después tu conciencia no te deja tranquilo y me tratas bien. No te entiendo. —Lo lamento ―dijo cabizbajo con tono serio. Ella no respondió, solamente comenzó a comer tan rápido como pudo. ―¡Te vas a ahogar! ―exclamó él levantándose con la intención de acercarle el vaso de agua, pero ella se le adelantó. Tras dar un trago largo, se levantó de la silla y caminó fuera de la cocina. —¡Te toca lavar los platos! —tajó sin dejar de caminar. —¡Oye, no! ¡Tramposa! ―protestó siguiéndola. Pero ella no se detuvo, caminó a prisa hasta la habitación y le cerró la puerta en la cara, para después recargar su espalda en ella, mientras Hank mantuvo su frente recargada también. —Nayla… ―musitó―. Por favor, seca tu cabello —murmuró creyendo que ella no lo había escuchado, pero en realidad, cada palabra llegó a sus oídos. —Gracias por la comida, Hank ―respondió ella con voz queda, pero él no pudo escucharla. Un rato después, ella salió por un vaso de agua. Hank la siguió con la mirada, pero no dijo palabra alguna. Cuando ella iba de regreso a su habitación, los golpes a la puerta los alertó a los dos. —¡Yo abro! —anunció, Hank levantándose del sofá donde estaba recostado viendo la televisión, y caminó sin mirarla. Ella dio un par de pasos para retirarse, pero se detuvo al escuchar la voz de Neal. —¿Y esa cara larga? —preguntó su recién llegado amigo. —Estaba viendo televisión y me aburrí, pero no hay nada mejor qué hacer —respondió regresando a la sala seguido de su amigo. —¡Nayla! —saludó acercándose a ella para dejar un beso en su mejilla―. ¿Cómo estás? Hank quería decir algo objetando el gesto, pero se contuvo. —Ahora mucho mejor —señaló haciendo sonreír al chico, que después disimuló la sonrisa cuando ella dijo―: me estuvo doliendo la cabeza, pero me tomé unas aspirinas. Me hicieron sentir mejor. —Ya veo. ¿Lograste descansar? —Sí. Y por cierto, Neal. Terminé muy mareada anoche que ya no pude agradecerte. Me la pasé muy bien anoche. ―Me alegra que así haya sido, era la intención. Por cierto, Hank… Lara me ha visto y no me pude esconder de ella. ―¿Quién es Lara? ―inquirió Nayla. ―Su hermana ―anunció Hank. ―No me dijiste que tenías una hermana ―mencionó Nayla. ―Sí, bueno. ¿Quién crees que me pasó el dato de aquí estaba un piso disponible para arriendo? ―explicó―. El caso es que, ella vive en el piso de abajo y me ha pedido que los invite a cenar mañana con ella en su apartamento. Quiere ser buena vecina y darles la bienvenida. —Vaya, eso es muy amable de su parte, ¿cierto, Mono? —Así es ―mencionó consciente de que esa invitación era más para Nayla que para él, pues ya se conocían. —¿Entonces? —pregunto Neal arqueando en espera de respuesta por parte de Nayla, pues no fue el único que era consciente del objetivo principal de esa cena—. ¿Qué le digo? —Que iremos, por supuesto —aseguró Nayla. —Genial. Le dejaré un mensaje porque ya me tengo que ir. Mañana tengo un examen a primera hora y debo pasarlo sí o sí. —De acuerdo ―dijo Hank para volver su atención al televisor; o eso les hizo pensar. —Por cierto, Nayla. Yo también la pasé genial contigo anoche —hizo saberle a la chica. ―Fue divertido. —Claro, ¿te puedo volver a invitar? Aunque no sé… podríamos ir al cine o algo así ―inquirió esperando obtener una respuesta positiva. —¡Claro que no! —respondió Hank por ella y ambas miradas se fijaron en él. —¿Por qué no? —cuestionó Nayla ofendida. Pero él fijó nuevamente la mirada en el televisor como si su contestación hubiese sido para el programa que veía. ―Te veo luego, ¿sí? ―Ella asintió y él no se retiró sin antes dejar un beso en su mejilla. Hank solamente le dedicó un gesto con la mano cuando se despidió de él. —¿Qué te sucede? —reclamó Nayla en cuanto la puerta se cerró—. Eres un atrevido. —¿Atrevido yo? ―Hank se puso de pie para acercarse a ella―. ¿En serio eres tan ingenua? ¿Crees que te lo decía a ti? —¿A quién más? —Por favor… puedes hacer lo que quieras. Yo solamente veía el televisor, no sé de qué me hablas. —Sí, claro. Ni sabes mentir ―acusó ella. —No se de qué me hablas ―recalcó nuevamente. —Eres imposible, Mono. ―Y tu muy ingenua, Cabeza de ramen. —Al menos no hablo con el televisor. ―Yo no hablaba con el televisor ―replicó cuando una llamada entró en su celular―. Si me disculpas, puede que sea alguna chica la que me llama y no quiero hacerla esperar. Anda, vete a tu habitación. ―¿Tú, hablando con chicas? No lo creo, eres demasiado antipático. ―Eso no es verdad. Puedo ser demasiado simpático con las chicas. ―Eso es mentira, conmigo no eres simpático. ―Ah, es que eres una niña ―Ella bufó molesta y lo empujó varias veces hasta apresarlo contra la pared. ―¡Soy tan adulta como esas chicas con las que hablas! ―exclamó molesta para arrepentirse casi enseguida al darse cuenta de cómo sonó. —¿Estás celosa? ―inquirió Hank con diversión, pero por dentro sintió que el corazón le saltaba de alegría. —¡Por supuesto que no! ―negó Nayla consciente de que sí eran celos lo que tenía. —Lo estás ―afirmó Hank. —Alucinas. —Te ves linda de celosa ―dijo causando que ella cambiara su expresión de celosa a confundida. Pero ya lo había dicho y no sintió pena ni se iba a retractar. —¡No estoy celosa! —gritó alejándose de él con dirección a su habitación, dejándolo con los sentimientos a flote. Su cabeza comenzó a maquinar si ella realmente lo veía como él a ella y si también su orgullo era muy fuerte como el de él para aceptarlo. Volvió a la estancia para apagar las luces y después se fue a dormir.
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