Bastó un par de pasos para que el chico la viera.
―Perdón ―Se disculpó la chica―. Ese Mono de afuera me robó mi helado.
―Entiendo. Yo, vine por agua.
―Claro, adelante ―El chico parecía inofensivo a los ojos de Nayla, era totalmente distinto a Hank; «más amable» pensó ella.
Buscó un vaso limpio y lo llenó de agua para después beberla. Nayla no se imaginaba que, en realidad el agua fue un pretexto para encontrar la oportunidad de hablar con ella.
Él se giró sobre su eje y se recargó en la encimera.
―¿En verdad se la han pasado discutiendo cada vez que ustedes se ven? ―preguntó con curiosidad.
―Él lo hace difícil. Es testarudo y antipático, siempre quiere tener la razón, se adueña del baño… ―dijo ella enumerando todo lo que le molestaba de él y, Neal dejó escapar una inocente sonrisa al recordar que su amigo la describió tal cual.
―¿Puedo? ―inquirió a la chica señalando un costado de ella, Nayla comprendió que quería sentarse y asintió―. Me sorprende en realidad que Hank se comporte así.
―Sí, bueno… yo me sorprendo de comportarme así. Supongo que el Mono saca lo peor de mí.
―Llévalo con calma.
―Eso intento ―dijo ella sonriendo para dar un bocado a su helado.
―Debes relajarte. ¿Sabes? Cada fin de semana hay una fiesta en la fraternidad a la que pertenezco. ¿Te gustaría acompañarnos en alguna ocasión?
―¿En serio? ―Neal asintió―. ¿No se requiere ser universitario?
―No, por supuesto que no. Te servirá para relajarte.
―Entonces, me encantaría ir alguna vez.
―¿Qué dices ahora?
―¡¿Ahora mismo?! ―exclamó ella sorprendida y Neal asintió.
―Sí, yo puedo traerte cuando termine.
―No lo sé, es algo tarde…
―Nada de lo que esa Cabeza de ramen te diga, es cierto ―avisó Hank entrando a la cocina.
Se detuvo por un par de segundos al ver que su amigo conversaba tranquilamente con ella sentado a su costado. Eso le molestó, pero no lo demostró.
―Tardaré solamente unos momentos ―avisó ella levantándose para ir a su habitación y cambiarse de ropa.
―Creí que venías por un vaso de agua ―reclamó Hank a su amigo.
―Sí, y ya me voy ―anunció al tiempo que se ponía de pie.
―Hmm, ¿Qué te dijo esa niña testaruda? ―preguntó con recelo esperando que le mencionara que él era el tema de conversación. Estaba seguro de que así era.
―Dijo que, no le gusta comportarse de esa manera ―mencionó y caminó a la estancia seguido de su amigo.
―Imposible, creo que es su naturaleza.
―¿Eso crees? No me pareció.
―Estoy lista ―anunció Nayla regresando a la estancia captando la atención de ambos chicos.
Ambos pensaron en lo impresionante que podía llegar a verse una chica sin tanta cosa llamativa encima.
―¿Lista para qué? ―riñó Hank, pero ella solamente se acercó a tomar uno de los cascos.
―Para ir de fiesta ―anunció ella.
―Espera, ¿qué…?
―Yo la invité ―anunció Neal encogiéndose de hombros― Ya que tú no quisiste ir.
―Yo no te dije que no quería ir ―replicó Hank.
―Dijiste: Tengo planes con el televisor esta noche. Pero si quieres ir, alcánzanos. La fraternidad no está tan lejos. ¿Lista? ―preguntó a Nayla que ya estaba esperando en la puerta.
Hank se quedó realmente molesto al verla partir con su amigo y ellos no hicieron reparo en la expresión del chico.
―Espera, te ayudo ―ofreció Neal al ver que Nayla batallaba un poco en colocarse el casco. Lo tomó y ella se quedó quieta en cuanto el chico se lo acomodó y abrochó.
Desde el cuarto piso, Hank observó con recelo a Nayla subir a la moto y abrazarse de Neal para irse de ahí.
De pronto su celular sonó, el taxi que ordenó mediante una app, ya estaba a cinco minutos de su ubicación.
[…]
―Así que, ¿esta es la vida universitaria? ―preguntó Nayla sentada en la orilla de la piscina con el pantalón doblado hasta las rodillas y los pies sumergidos en el agua.
Observaba con ilusión a los universitarios riendo, bebiendo, divirtiéndose.
―La parte divertida en realidad ―respondió Neal dando un sorbo a su bebida―. Toda la semana es dedicada al estudio, para los que se quieren graduar obviamente. Esta es nuestra manera de relajarnos después de tanto estrés. A demás, se vienen los exámenes parciales.
―Supongo que deben estudiar más.
―Así es. Pero después de eso, nos relajamos.
―Entiendo.
―¿Tu no estudias, Nayla?
―No, en realidad no. Decidí dejarlo después del bachillerato, quiero elegir bien algo que me guste.
―Haces bien. Entonces, ¿de dónde vienes?
―Canadá.
―¿Canadá? ¿Dónde crece la hoja de maple? ―Ella asintió―. Me gustaría conocer allá.
―Es muy bonito, pero hace mucho frío.
―Supongo que sí.
―¿Cómo es que conoces a Hank? ―quiso saber Nayla.
―¿Hank? ―inquirió pensativo intrigado por el interés de ella.
―Dijo que era de Corea del Sur. Pero tu vives aquí y parecen muy cercanos. Él no es un recién llegado. Además… son completamente diferentes.
―Cierto ―respondió mirándola con curiosidad―. Él llegó aquí como estudiante de intercambio hace dos años. Pero ya no pudo continuar pagando una de estas residencias así que, buscó un piso compartido que quedara cerca de la universidad.
―Pero, si llegó como estudiante de intercambio quiere decir que, ¿él se regresará a Corea en cualquier momento? ―inquirió cabizbaja.
―No lo sé. Ha dicho que le gusta este lugar. Su intercambio era por un semestre nada más. Ya tiene dos años aquí, así que…
―Entiendo. ¿Y tu qué estudias? ―cuestionó robándole una sonrisa, pues por fin preguntaba algo que se relacionara con él.
―Artes.
―¿Artes? ¿Específicamente qué clase de Artes?
―Artes visuales.
―Eso suena interesante.
―Lo es… ¿quieres nadar? ―invitó evitando el tema de la escuela, pues estaba escapando de una dura semana de estudio, pero ella negó inmediatamente con la cabeza―. ¿Te da miedo?
―Es que… no se nadar ―confesó avergonzada desviando la mirada, un gesto que a Neal le fascinó y terminó por entrar al agua sorprendiendo a Nayla por haberse metido con la ropa que traía puesta.
―No es problema, yo te sostendré todo el tiempo ―aseguró ofreciéndole su mano, pero ella dudó―. El agua no está fría.
Ella lo pensó un poco y, antes de que pudiera responder, sintió que unas manos la empujaron por los hombros haciéndola ahogar un grito. Se agitó bajo el agua buscando ayuda y Neal no fue inconsciente a los hechos por lo que, inmediatamente le ayudo.
Nayla lo abrazó por el cuello volteando a ver quién la había empujado encontrándose con Hank atacado de risa.
―Tú, Mono atrevido… ―masculló enojada.
―Eso fue muy gracioso ―dijo Hank recobrando la compostura.
―No, Hank ―regañó Neal―. No lo fue.
―Vamos, Neal. Solamente fue una broma, no pasa nada ―aseguró aguantando la risa.
―Ella no sabe nadar ―anunció su amigo logrando un cambio drástico en el semblante de Hank.
―¿Es una broma? ―inquirió preocupado pero desconfiado a la vez.
―No lo es ―respondió su amigo con seriedad. Entonces comprobó que su amigo no estaba mintiendo y se metió al agua para acercarse.
―Nayla… ―dijo, pero ella se abrazó aun más al cuello de Neal hundiendo su rostro evitando mirar al autor de esa desagradable broma.
Neal abrazó a Nayla por la cintura, y señaló con una mano a Hank que se quedara ahí.
No le gustó ver que ellos se iban abrazados alejándose de él, y terminó por golpear el agua salpicando para después salir de la piscina.
―Tranquila, todo está bien ―calmó Neal a la chica al sentirla temblar; dedujo que ese temblor era por miedo y no por frío ya que el agua estaba a una temperatura perfecta.
―No me sueltes ―susurró ella cerca de su oído sin soltarlo.
―No lo haré, tranquila.
Una vez que llegaron al otro extremo, ella se sujetó en el tubo de las escaleras.
―Ese Mono es un cretino ―bufó aferrándose al tubo.
―Él lo hizo jugando ―justificó su amigo―. Te aseguro que, si hubiese sabido que no sabes nadar, no lo habría hecho.
―Me lo pagará.
―Estoy seguro de que sí. Iré a traerte una toalla, no te muevas de aquí ―Ella asintió y se sentó al borde cuando Neal salió de la piscina.
Ni siquiera preguntó dónde podía conseguir una, pues él vivía ahí. Así que, fue a su habitación donde encontró a Hank recostado en la cama.
―¿Ella está bien? ―preguntó preocupado sentándose tras ver a su amigo entrar.
―Lo está, pero no debiste hacer eso.
―Asumí que por ley sabía nadar. ¿Qué tipo de persona no sabe hacerlo?
―Pues no asumas. Deja de ser pesado con ella, Hank. ¿Qué es lo que te pasa?
―No tienes por qué ponerte así, solamente fue una broma.
―Tienes qué disculparte con ella. Está muy enojada.
―Lo sé ―admitió para caminar hacia su amigo y arrebatarle la toalla de la mano.
―Espera, ¿qué harás?
―Disculparme ―dijo sin detenerse con su amigo detrás de él.
―Llegó a la piscina buscándola, y la vio aferrada al tubo de la piscina observando a un grupo de chicos que jugaban con una botella.
Ella no se dio cuenta de que él estaba cerca, algo que Hank aprovechó. Se acercó lentamente agachándose tras ella y colocó la toalla sobre sus hombros. Nayla sonrió al sentir la tela y de pronto unos brazos la rodearon. Inmediatamente supo que no eran los de Neal.
―Lo siento ―murmuró Hank cerca de su oído.