Secreto

1395 Palabras
―¿Qué ha sido eso? ―preguntó Neal desconcertado―. ¿Por qué fuiste tan grosero? ―¿Grosero? Desde que esa chica llegó no hizo más que atacarme ―expuso haciéndose la víctima. ―Pero si parece inofensiva ―defendió sin conocerla, y con eso supo Hank que su amigo había puesto los ojos en ella―. Es linda. ―Que sea linda no la exime de ser tan creída ―respondió muy a fuerzas, pues realmente no creía eso de ella. Le parecía linda también―. Es testaruda y antipática, siempre quiere tener la razón, se adueña de la televisión… ―¿Qué le pedirás si ganas?―quiso saber interrumpiendo su larga descripción. ―No lo sé. Le dije que sería un secreto porque no sé qué pedirle. Solamente quería hacerla temblar. ―Se ve que es buena chica, solamente trata de llevarte bien. ―Lo intentaré ―prometió y ambos se encaminaron a la dichosa fiesta. […] Después de que Hank se fuera, Nayla decidió salir a caminar. La playa se veía hermosa al caer el atardecer que, decidió salir a caminar. Disfrutó el clima que era nuevo para ella, aunque la sensación de bochorno le parecía algo incómodo, le gustaba la brisa húmeda. Al regresar, el apartamento seguía sin señales de Hank, por lo que aprovechó para meterse a tomar un rico y relajante baño. Se quedó tan cómoda en la bañera que, no escuchó las llamadas y mensajes que su madre dejó en su teléfono. Después de su baño se puso un vestido fresco de tirantes y salió a la estancia con el celular en su mano sin percatarse de que Hank había vuelto. —¡Mi nena! ¡¿Estás bien?! —atacó con desesperación su madre en cuanto Nayla le marcó. —Si mamá, yo… —¿Estás segura? —interrumpió. —Sí mamá. Discúlpame, me quedé dormida ―mintió. —¿Dormida? —cuestionó sin creérselo del todo. —Sí, mamá. —¡Ay, mi nena! ¡Menos mal! ¡Estaba muy preocupada por ti! —Lo siento. No fue mi intención. —Bueno, en fin. Me alegra saber que estás bien. Estuve a punto de ir a ese lugar. ¡No!, mejor dicho, iré ―acotó decidida. —Tranquila, mamá. No es necesario ―aseguró esperando que su madre lo entendiera. —Quiero asegurarme de que estás bien. —Estoy bien, mamá… me quedé dormida, es todo. —Ok. ¿Cómo es el apartamento? —cuestionó con diferente humor. ―Es lindo, acogedor y muy cómodo. ―Ya veo. Entonces, quiero estar ahí cuando tu compañera de apartamento llegue. Así podré saber qué tipo de persona vivirá con mi nena. ―No, mamá. Eso no se va a poder. Cuando llegué ya estaba aquí. Parece que se adelantó y, tiene sentido. Yo no regalaría días que ya pagué. ―Entiendo. Entonces… Cuéntame, ¿Cómo es ella? Su pregunta sumó curiosidad en la chica que, se sentó sobre el sofá observando las llaves de Hank sobre la mesita comprendiendo que él estaba ahí. —Es una chica muy agradable, mamá —mintió nuevamente para dejarla tranquila—. No tienes por qué preocuparte por eso. —Cuéntame más…—suplicó. —Es una chica extranjera, muy guapa y agradable. Me dejó elegir mi habitación. —Ah, menos mal. Eso es muy bueno. Trata de llevarte bien con ella, mi nena. Podrían llegar a ser muy buenas amigas —Nayla sonrió ante su suposición. —Sí mamá, tu tranquila. —Bien. Ya que te encuentras perfectamente bien, me iré. Uno de los pilotos se ha molestado conmigo. Ja, ja, ¿puedes creerlo? Qué delicado. —¿Por qué? —cuestionó subiendo sus piernas al sofá para abrazarlas sin dejar de observar las llaves de Hank. —Porque no subí al avión. Hice esperar por media hora el vuelo y, se fueron sin mí. Ahora tengo que llamar a la agencia para que me acomoden en otro servicio —dijo despreocupada. —Pero, ¿por qué hiciste eso? —Ay, mi nena. No pasa nada. Te amo y, a la primera cosa que suceda, llámame. Si es necesario, me tiraré con un paracaídas. —Solamente, déjame ser mamá. Todo estará bien. ¿De acuerdo? —Está bien. —Ok —dijo Nayla dejando escapar un suspiro―. Y no te avientes de ningún paracaídas. —Te amo, mi nena. —Y yo a ti, mamá ―finalizó para colgar y dejar escapar un suspiro por la gran mentira que dio. —Le mentiste —susurró Hank en su oído haciéndola saltar del susto. —¡¿Qué te sucede?! —exclamó girándose hacia él al tiempo que se levantó del sofá. —Le mentiste ―repitió cruzándose de brazos. —Solamente omití un pequeño detalle. —No le has dicho la verdad —acusó—. ¿Así es como pretendes que no se preocupe por ti? —¿Tú qué sabes? —Lo suficiente. —Si te hubieras ido, no hubiese tenido la necesidad de omitirle la situación. —Vas a meterte en problemas ―anunció sin que fuera algo ajeno a Nayla, pues ella ya era consciente de eso. —Es asunto mío. Sé cómo tratar a mi madre. —Pero no sabes tratarme a mí. No mencioné lo de los problemas por ella, lo he dicho por mí. —¿De qué hablas? —Le has dicho que soy una chica. —Una mentira piadosa… —¡No! —protestó. Su mirada se tornó intimidante de diversión a seriedad. Dio un paso haciéndola retroceder y continuó hasta aprisionarla contra la pared. Se posicionó colocando una mano por encima de su cabeza sosteniéndose en la pared. Acercó su rostro a unos centímetros del de ella y pasó su dedo pulgar acariciando su mejilla. —No vuelvas a referirte a mí como una chica, o tendré que darte motivos para que no lo vuelvas a hacer. —¿Qué t- tipo de m-motivos? —inquirió nerviosa. Hank sonrió de lado desvergonzadamente y, después se acercó lo suficiente a su oído. —Cualquier motivo que no te deje dudas de que soy un hombre, niña —musitó provocando que la piel de Nayla se erizara. Pero ella no iba a demostrar que la ponía nerviosa, por lo que se hizo escurridiza deslizándose hacia abajo para alejarse de él. —Tranquilízate… —dijo tratando de sonar relajada huyendo al sofá―. No me muero por ganas de comprobarlo. —¿No comerás nada? —preguntó Hank cambiando el ambiente y la tensión. —Ya comí ―mintió. —No es bueno mal pasarse. Si fueras lo suficientemente madura, habrías sido precavida ―dijo sospechando que ella no le decía la verdad. —¿Tu que vas a saber? ¿No deberías estar en una supuesta fiesta? ―Sí, pero terminó. ―¿Y dónde está ese amigo tuyo? ―preguntó sin mirarlo, por lo que se perdió el momento en que Hank frunció el ceño―. Creo que debemos establecer algunas reglas por aquí. No puedes dejar que cualquier persona entre. ―No es cualquier persona ―recalcó―. Es mi mejor amigo. ―No me interesa si se trata incluso del presidente. No puedes solamente meter personas porque se te antoja. Te recuerdo que no vives solo. ―Por desgracia. Lo cual resulta frustrante porque no hay paz ni silencio. Tu celular no paraba de sonar y, tuve que entrar a ponerlo en silencio. ¿Has considerado poner una melodía más tranquila? Es muy escandaloso. —¿Quién te dio permiso de entrar a mi habitación? —exigió una respuesta ante su atrevimiento. —Fue la desesperación de escuchar que no contestabas. Pensé que habías muerto en la bañera. —¿Por qué habría de morir? ¡Eso es ilógico! —Mil maneras de morir dice lo contrario. Además, ¿qué tanto hacías ahí adentro? No puedo creer que no escucharas tu celular. Y aparte, si mueres, no quiero que me señalen como culpable. —Engreído. —Orgullosa. —Se acabó tu tregua ―dijo Nayla molesta. —Lo sé —respondió Hank guiñándole un ojo con descaro―. Y no habrá reglas. Se fue a la cocina y, unos segundos después regresó para irse directo a su habitación.
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