Es de noche y como cada fin de semana, durante los últimos dos meses, me miro al espejo, este está rodeado de luces blancas, que al parecer, mejoran mis facciones, un labial rojizo comienza a impregnarse en la piel de mis labios que trueno entre sí, para asegurarme de que luzcan completamente rojos y uniformes, por un momento me pierdo en mis pensamientos, hay tantos problemas en mi vida que esto es lo único que tengo para distraerme; el baile, y las chicas del lugar.
—Aquí tienes —dice Tina, la mesera, despabilando mis pensamientos, un vaso de vodka y agua mineral, golpea la base de mi tocador, le sonrío, y tomo mi vaso le doy un trago largo, esta noche al parecer el “Bongo” está repleto, no cabe ni un solo hombre más.
—Cariño tengo dos bailes —eso me ayudará a pagar la mensualidad del auto —dice Keyra al otro lado del camerino.
—Yo tengo uno ahora, y quién sabe quizá, no solo bailemos —replica Alexa, con una sonrisa atrevida.
No puedo evitar mirarla con algo de prejuicio que se interpone entre mi mirada y ella.
—Gía entiéndelo, de bailarina, te va bien, pero si sigues con ese pensamiento seguirás a la justa, tomarás el mismo transporte todas las noches, vivirás en el mismo departamento, dónde solo necesitas dar un paso para cambiar de habitación y esa mirada brillante pero agotada y un tanto vacía se marchitará, cada día más. Eres joven eres hermosa, tienes todo lo que ellos quieren, y ellos todo lo que nosotras necesitamos, si sigues bailando en el escenario, un día no será suficiente, los privados y los extras —sonríe —son el verdadero negocio —explica la chica rubia y un poco loca, la observó con una sonrisa, su voz llena de picardía, me hace ladear una mueca de burla.
—Estas niñas, no existían —se agarra los pechos con ambas manos, son grandes, y parecen muy firmes —gracias a mi trabajo redondo, ahora consigo a los mejores clientes —explica y aplica algo de perfume en sus bellos senos.
—Gia, entiéndelo esto es una profesión, solo hay que tener visión y saber invertir —culmina y lanza un beso al aire.
—Suerte —grito, mientras Alexa sale del camerino.
—Ella tiene razón, si estás en este negocio, quizá debas hacer algo más —dice Keyra, se mira por última vez en el espejo y sale del camerino.
Yo solo pienso en lo que está a punto de hacer, saldrá por el escenario, sonreirá y un tipo con aliento alcohólico la ayudará a bajar de la tarima mientras ella acaricia su rostro, caminará hasta el fondo, contoneándose por todo el lugar hasta llegar al área “VIP”, ahí es donde los hombres con más dinero se sientan, toman las mejores botellas, nos ofrecen los mejores tragos y nos dan las mejores propinas.
Después algún tipo la tomará de la mano y con Ringo y Tizan de guardaespaldas, irá al segundo piso, recorrerán aquel pasillo de luces rojas y el tipo entrará primero, se cerrará la puerta de papel y ella comenzará a bailar.
Dios, solo de imaginar la cercanía con alguien de esa forma, me hace sentir escalofríos.
Me pongo de pie, busco mi bolso, y la ropa que debe cubrir mi cuerpo al salir de aquí.
Mi teléfono suena, revisó la pantalla y detesto el mensaje.
“Tiene tres meses de renta sin liquidar, este es el último aviso, si no se pone al corriente el martes tendrá que desalojar el departamento”.
Lanzo mi teléfono y cae al sofá, tengo ganas de llorar, pero sé que no es el lugar para hacerlo, otra de las chicas entra y guardo la compostura, ella se rocía perfume, y sale sin siquiera mirarme.
Son casi diez mil dólares lo que debo de renta. Debería buscar un sitio más económico, pero eso implicaría que tendría que vivir mucho más retirado, y seguramente el barrio será aún peor.
¿Cómo conseguiré esa cantidad, en tres días?
Suspiro y me miro al espejo limpio mis ojos, y con ambas manos busco la cremallera de mi vestido rojo.
—Oye te necesitamos, hay una despedida de soltero y quieren tres chicas, pero hay una condición—dice Keyra con las manos en el marco de la puerta.
—Sabes que yo no hago privados Keyra —explico, y de cierta forma mi tono tiene algo de fastidio.
—Esos tipos son “VIP”, al menos pagarán cinco mil dólares por cada una —dice Keyra, y no puedo evitar abrir los ojos. Había escuchado las cantidades que las chicas ganaban, pero creí que todo era un cuento sucio para hacerme caer.
Y a pesar de su insistencia comienzo a negar con la cabeza. —No, yo no sé hacer eso, no estoy lista, para… —Keyra me interrumpe.
—Gia, todas necesitamos la plata, y odio que te pongan de condición, pero estás segura de que todas las noches te negarás.
Chica, es parte del trabajo, si no lo intentas siquiera, tal vez debas regresar a ese sitio, donde servían comida —dice Keyra, y no puedo negar que su argumento es firme, bailo en agarrada de un tubo, con apenas algo de ropa. Será que soy tan estúpida, para imaginar que este trabajo puede ser siempre tan simple.
Aprieto los labios suelto la cremallera de mi vestido, miro mis tacones rojos y respiró profundo. Solo será un baile… Solo será un baile… Solo será un baile.
Me repito una y otra vez para mis adentros, Keyra, no deja de observarme.
Me siento en la silla y llevo mis manos hasta mi rostro, tejo mis cabellos con mis dedos, y mis mejillas comienzan a arder.
Me miro al espejo, mis ojos azules, parecen dilatados, como si hubiera consumido algo ilícito, pero la realidad es que mis nervios alteran mis sentidos.
Golpeo los dedos sobre la madera y mis pies comienzan a moverse al compás de mis temores, no es fácil para mi tomar está decisión.
Lo he venido pensando desde el día que comencé a trabajar aquí, jamás me imaginé llegar a esto, mis principios la educación que me dieron mis padres y todo, todo lo que quería hacer, todo lo que imaginé que sería, se derrumbó de un segundo a otro.
¿Esto significa que al fin caí al fondo?, ¿esto significa que no hay vuelta atrás?, ¿me convertiré en una bailarina de noche de por vida?
—Gia el tiempo cuesta dinero, debes tomar una decisión —Keyra me observa por unos segundos, tuerce los ojos y me da la espalda.
—Intentaré que acepten a alguien más —suelta, y mis latidos se detienen.
Que estoy pensando, debo mucho dinero, y el alquiler no es el único de mis problemas. Mierda. Me digo para mis adentros como si eso pudiera calmar mis ganas de salir corriendo de este lugar.
Después de todo, las opciones son mínimas, en el restaurante las propinas que ganaba en una semana aquí, las gano en una noche, quizá es parte de seguir en este negocio.
Maldigo mil veces el aire y otras mil veces lo hago conmigo.
—Ok, lo haré —mi voz suena firme o eso creo.
Miro la entrada del camerino, y no hay nadie.
—Que lo haré, demonios lo haré —grito, y aunque no la veo, imagino como Keyra sonríe en silencio.
—Eso es chica, te esperamos, pero antes ve con Tomy, él debe saber que bailaras, cuando acepte, busca a Tizan, y no te preocupes, al menos esos tipos no da asco como la mayoría de los hombres que vienen aquí —Keyra sonríe, es como si sus palabras intentaran tranquilizarme, y no solo eso, hay algo de compasión en sus labios y sus ojos, la miro un instante y le devuelvo la mirada con una sonrisa.
—Vamos chica, es hora —suelta Keyra y sale del camerino, puedo escuchar el sonido de sus tacones sobre la duela. Miró a mi alrededor, espejos en ambos extremos a excepción del espacio del sofá, cientos de vestidos brillantes en los percheros, tacones regados por el suelo, y el aroma a perfume caro, me revuelven las ideas, me miro en el espejo, aliso mi vestido, levantó el pecho y el mentón, alboroto mi cabello y salgo al fin del camerino.
Cada paso que doy, se siente como si caminara en brasas de carbón al rojo vivo, nunca lo he hecho pero estoy segura de que así se siente.
—Tomy, ¿Puedo pasar? —pregunto, el tipo regordete que detestaba al principio ahora me causa ternura, no deja de comer rosquillas y leche tibia.
—No me digas que vas a renunciar, por fin tenemos el cuartel completo, cariño —dice Tomy asombrado de mi visita.
—No, no es eso, solo quiero avisarte que cambie de opinión, y… bueno haré mi primer privado… es decir las chicas dicen que hay unos hombres que tienen una despedida de solteros y… su única condición, es que yo sea parte de… —él sonríe, aplaude un par de veces y se pone de pie, me toma de los hombros y gira mi cuerpo, estás hermosa, tú serás la mujer más solicitada en este lugar… bien bien, hay un par de cosas que debes saber.
Nadie te toca si tú no lo deseas, yo gano el veinte por ciento de cada baile que hagas. Y las propinas extra son tuyas, toma tengo esto para ti, es una mmm iniciación, tómalo como un regalo.
—De acuerdo debo salir —indico, pero no me muevo, Tomy, busca algo en una gaveta mientras me explica que me dará un obsequio.
Respiro profundo, me falta el aire, dudó de seguir adelante, pero algo me da un poco de valor.
—Aquí está, toma —dice Tomy, abro los ojos que había cerrado para calmar mis nervios.
Extiende sus manos y me entrega un antifaz, es rojizo, con algunos detalles dorados. Intento preguntar ¿para qué es?, pero me respondo de inmediato, aprieto los labios y asi intento lanzar una sonrisa nerviosa
—Espera… si tienes sexo es bajo tú responsabilidad, lo que cobres por eso no me interesa, si tienes sexo en las salas privadas del tercer piso debes pagar la habitación, si lo haces en el privado, pide que apaguen la luz —sus palabras me hacen sentir un golpe de electricidad que recorre mi cuerpo y se pierde en mi abdomen.
No digo nada más y salgo de lo que imagino que es su habitación.
Camino por el pasillo, arrepentida de lo que estoy por hacer, estoy temblando y lucho por que no se note, Tizan me extiende su mano, y me apoyo en él para alargar el paso, Tina me mira y sonríe, lo sabe todas las chicas ahora me observan, parece que la noticia se ha corrido, no, no es eso, es solo que son casi la dos de la mañana, jamás estoy aquí a esta hora, y tampoco camino por las mesas del fondo, en ocasiones me dirijo a la barra disfruto del baile de alguna de las chicas y luego vuelvo a mi departamento. Si eso debe ser.
—Gia, vamos las chicas esperan arriba —dice Tizan, con un temple profundo, me suelta de la mano, y me indica que siga primero, voy hasta la escalera, y al ponerse un pie en el primer escalón, me agarro de la baranda, miro a mi alrededor, como si quisiera encontrar a aquellos hombres que me han solicitado, pero ninguna mirada se posa en mi, y comprendo que todo es obra de mi cabeza, el antifaz lo sostengo con la otra mano, y con todo el carácter que tengo, me armo de valor y subo las escaleras.
Conozco el lugar, jamás he bailado, pero al ser reclutada Rubí, se encargó de mostrarme todo el sitio.
Las luces rojas, me ponen aún más nerviosa, el pasillo es silencioso, más de lo que yo imaginaba, varias puertas están cerradas, y aunque se pueden ver las siluetas, negras en lo blanco de estas como lienzo en tiza negra, nadie nota mi presencia.
Abro la puerta, Alexa y Keyra prueban algunos pasos sensuales, ambas tienen antifaz, y solo sus cabellos rubios y negros respectivamente, se alborotan con sus movimientos.
—¿Quién es el futuro esposo? —pregunto, con una falsa sonrisa, llena de miedo y quizá incluso de asco.
—Aún no llegan, pero ponte el antifaz —dice Alexa, mientras se contonea.
La obedezco, y Tizan golpea la puerta —, chicas ya están aquí, no olviden, yo hablaré —indica Tizan y ahora si, mi garganta se cierra, mi piel se erizo por completo, y mis labios se sellan entre sí. No hay vuelta atrás Gia.
—Están de suerte, yo soy el hombre de sus sueños —dice un hombre con lentillas, es mucho más bajo que yo, aún si no usara tacones, de eso estoy segura, su rostro tiene acné, juraría que no tiene más de quince años. Me quiero morir. No soy capaz de verlo directamente, pero lo poco que alcanzo a ver, esforzando mi mirada, me da pavor.
No puedo creer que Keyra me convenciera de esto. —Estas bromeando, jamás tendrías a una mujer como ella ni aunque la pagaras, ve por las botellas, —dice alguien que entra detrás del tipo pequeño. Puedo ver sus zapatos, son caros, puedo reconocer algo de clase con solo mirar.
—Está es tú despedida de soltero —dice Tizan.
—No, Dios me escuche y me libre de una tortura asi —dice el tipo que abrio la boca, se que deberia levantar la mirada, pero mis intentos fallan, seguro que esto es un error.
Me siento confundida, Keyra dijo tres hombres y este dice no ser el novio. Trato de levantar la vista, Keyra y Alexa están a mis costados, con las manos en la cintura, haciendo movimientos suaves y yo solo llevo mis manos entrelazadas a mi espalda.
Keyra me da un golpe con el codo y suelto mis manos y trato de elevarlas, en mi cintura, pero no logro conectar mis deseos con mis movimientos.
—Es la de él —dice el primer tipo y alguien más entra a la habitación, solo miro sus zapatos, son tan costosos como los del otro tipo.
—¿Me dijeron que eran tres hombres?, ¿el chaparrito es el tercero? —pregunta Tizan. Ojala que no.
—Sí pero podemos empezar sin él —dice el primer hombre que entró después de ese tipo de lentes.
—Bien selecciona a una —dice Tizan, y siento nauseas esto es denigrante, lo sé, sé que soy solo una bailarina, pero, ¿debo ser elegida de entre mis compañeras? Detesto esto, con todas las células de mi cuerpo.
—La quiero a ella —dice el tipo —, buena decisión cariño —susurra Alexa.
—Son cinco mil dólares —replica Tizan.
El tipo bajo entra y miro sus zapatos —¿Ya están escogiendo? —pregunta y no tiene respuesta.
—Yo la quiero a ella —que no sea yo, que no sea yo.
—Ella cuesta ocho mil —dice Tizan y hay un silencio, no sé de quién habla, ni sé a quien ha elegido, no soy capaz de levantar la mirada. Pero por el costo imagino que se trata de Keyra, eso significa que si no paga, me quedaré con él.
—Ella es mía, tú no podrías pagar, y aunque tuvieras el dinero, jamás la tendrías —la voz del segundo hombre me causa un pequeño hueco en el estómago, quizá sea mi curiosidad, pero al fin levantó la mirada.
Es el tipo con la sonrisa torcida más hermosa y sexy que alguna vez haya visto.
—Bien, Gia será tuya, son ocho mil dólares —dice Tizan y no puedo creer lo que valgo.
—Pensándolo bien también la quiero a ella, tú, deja las botellas y busca algo afuera —dice el primer tipo que ahora puedo ver, es atractivo y su mirada está llena de lascivia.
—En ese caso, quiero otra habitación, mi amigo tendrá a dos chicas y yo la tendré a ella —Keyra y Alexa, me miran, sonríen y se desplazan hasta acercarse con el primer tipo.
El hombre pequeño de lentes maldice y sale de la habitación.
—Por aquí —indica Tizan, el hombre de ojos color miel sale primero, miro a las chicas y en sus ojos puedo imaginar la frase “suerte”.
Bajo la mirada y salgo llena de miedo, muriendo de los nervios, pero de alguna manera agradecida, de que no tenga que bailar, para el tipo extraño de lentes.