—Caty, ¿alguna vez has asesinado a alguna persona? —pregunto. Se supone que ya deberíamos estar durmiendo, pero ninguna de las dos tiene sueño. Ella hace silencio y comienzo a temer su respuesta. Una cosa es tener curiosidad y otra muy diferente es enfrentarte a una realidad de alguien. Se acomoda a medio lado y así nos vemos fijamente a la cara. La lámpara de la mesita de noche que está a mi derecha se encuentra encendida, así que puedo divisar las facciones del rostro de mi amiga. —Lissy, mi meta es ser Ejecutadora —confiesa. —¿Por qué? —Cuando tenía trece años secuestraron a mi amiga —dice—, ella y yo crecimos juntas, éramos vecinas. No se supo nada de ella por quince días, hasta que encontraron el cuerpo a las orillas de un río. Amanda tenía sólo doce años. Éramos unas niñas

