Capítulo 2

1996 Palabras
A lo largo de mi vida he tenido muchas cosas que ocultar, sobre todo porque si las dijera, las personas me verían como alguien o algo extraño. La sociedad no aceptaría que un desconocido llegue a tocarte y te diga automáticamente cómo y cuándo será el día que morirás. Eso asusta a las personas. Si bien es cierto que he nacido con este don (que siento que es más una maldición), aún no me acostumbro a soñar con el día de mi muerte, saber que lo haré estando tan joven y que nunca podré vivir como el resto de las personas, las que considero normales. Intento tener una vida ordinaria, vivir mi corta juventud como las personas de mi edad, pero... Cuando llega la noche, cuando conozco a una persona y llegamos a hacer el mínimo contacto físico… en mi mente aparecen imágenes. No puedo crear lazos con la sociedad. También me pasa con mis padres; aún no superan que de niña les dijera que mi hermano mayor moriría de un golpe en la cabeza a los quince años. No sé si mis padres aún no aceptan la culpa de saber que mi hermano moriría y no hicieron nada para impedirlo o que simplemente no se puede vivir con alguien que sabe cuál será la muerte de todas las personas, cuál es el destino que tienen trazados. Me gustaría pensar que me equivoco cuando tengo las visiones, que todo son inventos de mi mente, pero… no puedo hacerlo, porque he tenido casos donde sé que morirán en cuestión de horas. Como esa chica en el metro, choqué con ella por accidente y supe que moriría ese día, dentro de unos minutos; cometí el error de seguirla para intentar salvarla, decirle que no fuera a cruzar la calle, pero… cuando intenté llamarla, no me escuchó y pude ver cómo el autobús la arroyó y quedó ahí, en medio de la carretera, con los ojos abiertos, mirándome, inerte. Por las noches sueño con sus ojos abiertos mirándome fijamente, como si intentaran hablarme. Desde ese momento he procurado no involucrarme con las personas, con sus destinos y sus finales colaterales. Solamente me pregunto… ¿qué tuve que hacer en mi vida pasada para en esta recibir semejante castigo? Caty es una de las pocas que he conocido que sé que morirá anciana, recostada a un sofá; quedará dormida después de leer un libro y nunca más volverá a despertarse. Es la muerte más hermosa que he visto, tanto, que me da envidia; quiero una muerte así para mí y para el resto de las personas a las que aprecio. A Caty le conté una vez, cuando nos volvimos muy amigas que ella viviría por muchísimos años y tendrá una vida hermosa y alegre, con una muerte tan tranquila que ni se dará cuenta que habrá muerto, porque en su rostro habrá una sonrisa de tanto gusto que sus hijos y nietos al encontrarla se enternecerán de haber visto que murió tan tranquilamente. Al principio quedó un poco descolocada, pero ahora presume que tiene toda una vida por vivir. Debe ser muy tranquilo el saber que no morirás hasta llegar a la vejez, así que dejas de preocuparte por la muerte y te concentras en vivir la vida al máximo. Caty se ha lanzado de acantilados, ha saltado en paracaídas y baila todas las canciones cuando va a fiestas, lo hace hasta estando sola. Es de esas personas que ha llegado a la vida para disfrutarla de verdad, pero ya lo hacía desde antes de conocerme, aunque creo que el saber que podrá vivir hasta lo más último de su vida la ha dejado mucho más motivada a hacerlo. Una vez me preguntó… —¿Y puedes ver cómo morirás? No pude ocultar en mi rostro que lo sabía, también entendió que era mejor no seguir preguntando, porque la respuesta no era muy buena. Gracias a ella, por un comentario que hizo sobre si solo veo las muertes, he averiguado si puedo ver más allá, así me he encontrado fragmentos de las personas que no están ligados a la muerte, como… quién será su pareja de toda la vida y cuál es ese gran error del cual se va a arrepentir para siempre o cosas más simples como qué día debe llevar un paraguas porque va a llover. A Caty la ayudé una vez diciéndole que era mejor que estudiara porque la profesora haría un examen sorpresa; afortunadamente me hizo caso y estudió, así fue la única que pudo alardear que ganó el examen. *** Esta tarde es calurosa, pero con mucha brisa, una de esas que se pueden disfrutar con una buena música de fondo mientras se conversa con amigos por medio de mensajes y notas de voz. Aunque, para mí, aquella realidad está muy alejada. Perder el tiempo en las r************* no es una opción, mi tiempo libre tengo que dedicarlo exclusivamente a mi libro. Soy de las que piensa que, si va a morir pronto, debe dejar todas sus memorias plasmadas. Sí, puede sonar un poco descolocado, pero acepto que le tengo miedo a quedar en el olvido. He tenido que vivir tanto tiempo en el anonimato, con tantas cosas que decir que pienso… en que será muy gratificante saber que al morir pude dejar en esta vida todo lo que tenía por contar. Estoy segura de que nunca publicaré mi libro, al menos, no mientras esté viva. Lo dejaré guardado en mi habitación y esperaré que algún familiar o extraño pueda encontrarlo. Estoy sentada en mi cama con las cortinas corridas de la ventana para que así pueda entrar la brisa del verano. Mis dedos se mueven ágilmente en el teclado de la laptop y estoy bastante emocionada por acabar mi historia y, por fin, puedo respirar con tranquilidad al ya terminar el último párrafo. Suelto un grito de emoción al leer el último párrafo. Tengo seis meses escribiendo este libro, así que, el estar a punto de finalizarla hace que mi corazón rebose de alegría. Mi vejiga no aguanta más y debo dirigirme a toda prisa al baño. Llevo gran parte de la tarde escribiendo, de seguro ya debe estar entrando la noche, no lo sé, pierdo la noción del tiempo cuando escribo. Dejo salir un suspiro y huelo mi camisa rosada. Apesto horrible. Es hora de bañarse. Después de ponerme una ropa bastante cómoda, decido volver al mundo virtual y ver qué es lo nuevo que hay en el momento. Entro a f*******: y veo algunos memes de risa que no me hacen gracia en lo más mínimo. Entonces decido acercarme al balcón para apreciar la noche. Me siento en un sillón tapizado de cuero marrón un tanto desgastado. Subo los pies y los entrecruzo. La noche es fresca, pero muy oscura. Por más que pueda ver el paisaje urbano que siempre me alivia de mis miedos nocturnos, sigue siendo solitaria y oscura. Frente al sillón hay una pequeña mesa de madera que tiene apilados unos tantos libros viejos que me gusta leer en la noche. Para mí, la noche son horas escabrosas, me da miedo, porque mi mente toma la libertad de navegar por los inconscientes de las personas, se escabulle en los hilos entretejidos del futuro y me deja ver cosas que no quiero conocer. Muchas veces me he visto atrapada en futuros escabrosos, de asesinos que saben que estoy allí, así que me persiguen para capturarme. Debo correr por bosques en medio de la noche, esconderme entre la oscuridad y ahogar mis gritos de miedo. Muchas veces termino en mi propio futuro, cuando escapo de mi asesino, pero… al final vuelve a raptarme y revivo mi muerte futura. He soñado tanto con ese momento que creo que, una vez llegue, estaré tan acostumbrada que no podré vislumbrar que está pasando en el plano del presente. +++ Me despierto al día siguiente por el irritante sonido de mi celular. Mi estado anímico es bajo y mi rostro lo confirma. Volví a tener una noche donde mi cuerpo se asusta con el hecho de dormir, así que al más mínimo vistazo del sueño profundo, me despertaba. Me levanto de la cama ignorando las llamadas que entran a mi celular; sé que se trata de Caty, seguramente se me ha hecho tarde para hacer el trabajo de Lingüística, pero no es que me importe mucho en este momento. Me dirijo al baño para darme una ducha con agua fría y así tratar de subir un poco mi ánimo. Después de bañarme, me dirijo al closet y saco ropa interior, un jean n***o y una camiseta morada que lleva estampada los rasguños de un gato, bueno, yo digo que son de gato. Antes de salir le hecho comida a mi gato en su plato y cambio el agua de su taza. —Me voy —digo antes de salir. Vivo sola, pero es una costumbre que he traído de casa. A veces justifico esta costumbre diciendo que me despido del señor Grifi (mi gato), aunque él siempre me ignora cuando me despido, sólo se queda ahí, desparramado en el sofá de tela gris cerca al balcón. Mientras camino por el pasillo rumbo al ascensor, pienso en las pesadillas y en que se han vuelto más recurrentes ahora que he visto a mi futuro asesino en la universidad. Las tripas se me retuercen con el hecho de pensar que podría volver a encontrarlo una vez más en la universidad. Entro al ascensor y acomodo el bolso n***o en mi espalda. Vivo a unas cuadras de la universidad, así que puedo caminar hasta el campus. Al salir del edificio mi celular comienza a timbrar, pongo los ojos en blanco y lo saco del bolso. —¡¿Por qué no me contestabas?! —escucho el grito de Caty. —Ya voy, ya voy —digo con voz aburrida. —¿Qué? —inquiere—, ¿siquiera me estás prestando atención? —Caty, ya estoy llegando a la universidad, hablemos allá —digo con voz un poco molesta—. ¿Dónde estás? —Estoy en la cafetería, llega rápido. Caty cuelga la llamada y yo aprieto un poco mi paso para llegar más rápido. Está enojadísima, así que me dará una buena reprimenda una vez me vea llegar. Estoy prácticamente corriendo cuando veo la universidad, cruzo la vía principal que nos separa y pongo mi huella en el sensor para abrirme paso entre los torniquetes. Tengo tan bajo animo que no quiero sacar mi carnet del bolso. Los torniquetes me dejan pasar al reconocer mi huella y vuelvo a caminar con rapidez por el largo y ancho pasillo. Decido bajar un poco la velocidad después de pasados unos minutos, ya estoy cerca de la cafetería y necesito calmar mi respiración agitada. Puedo divisar a Caty sentada en una silla metálica que da la ilusión de ser antigua, al igual como la mesa redonda frente a ella. Está siendo acompañada por un joven que tiene su mirada puesta en una laptop que reposa sobre la mesa. Me detengo en seco al ver al joven alzar su mirada. Es él, aquel joven que aparece en mis sueños. Nos miramos fijamente y mi corazón comienza a palpitar con mucha fuerza. Estoy a punto de dar media vuelta e irme lejos de aquel lugar, pero Caty voltea a verme y empieza a hacerme señas con una mano para que me acerque. Por un momento me parece que aquel joven me está sonriendo mientras me observa fijamente, así, justo como aquel primer día que nos vimos por primera vez. Bueno, por primera vez en persona; a él… llevo años conociéndolo. Lo he visto perseguirme por bosques, gritarme que haga silencio, yo lo he visto… torturarme y ver que le place hacerlo. Él es la persona más perversa que he visto en mi futuro, al igual como en mi presente. Aunque es de esperarse al venir de un asesino en serie.
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