Puedo escuchar mi respiración agitada y saborear la sangre caliente en mi boca, el dolor en mi abdomen es punzante.
Nuevamente estoy ahí, en esa noche oscura y fría. Veo los vidrios rotos de la ventana del copiloto regados encima de mí, puedo sentir las gotas frías que entran por la ventana rota y golpean mi rostro lleno de sangre. Lentamente ruedo mi mirada a la izquierda y veo a aquel hombre lleno de sangre, está ahí, inconsciente y sé que está muriendo.
Intento llamarlo, pero no puedo hablar. Siento que me empieza a fallar la respiración. Me ahogo, no puedo respirar, no puedo respirar, ¡necesito ayuda, necesito ayudarlo, nos estamos muriendo!
Vuelvo a la realidad y avanzo lentamente hasta la mesa sin dejar de observarlo fijamente. ¿Imaginará aquel joven que yo he visto su muerte, que soy la joven que traerá desgracias a su vida? Bueno, los dos nos vamos a destruir hasta morir, estaremos a mano, ¿no?
—¿Por qué no contestabas mis llamadas? —escucho la voz de Caty bastante furiosa.
Aquello me hace volver a la realidad y volteo a mirarla. Quiero hablar, pero me siento sumamente tímida y no soy capaz de gesticular palabra alguna.
Me siento en una silla al lado de Caty de manera tímida y torpe.
—Bueno, nosotros ya hemos adelantado parte del trabajo —dice Caty, comenzando a calmarse—. Claro, mientras estabas bien frescota en tu cuarto, nosotros madrugamos a hacer este trabajo.
Caty despega la mirada de unos papeles que están regados en la mesa y nota que me sucede algo. Respira hondo y disipa su rabia.
—Liam, ella es Lissy —presenta—, es la amiga de la que te hablé, ella podría hablar con la arrendataria para que te dé un buen precio por la habitación, es sobrina de la señora.
—La recuerdo —dice sonriente mientras me mira—, ya nos conocemos; hace dos días nos vimos en la cafetería, ¿me recuerdas? Estaba a una mesa de la tuya.
—¡Qué bien! —suelta Caty, ahora mucho más aliviada y me mira con intensidad—. ¿Por qué no me habías contado?
Oh… no, ¡¿por qué Caty sigue dándome sorpresas?!, ¡ah… quiero matarla!
Trago en seco y la miro fijamente, puede observar que me estoy llevando una gran sorpresa.
—Ah… —sonríe—. Es que Liam está buscando un cuarto cerca de la universidad, donde se está quedando le están cobrando carísimo y yo le comenté sobre los apartamentos de tu tía. Ella tiene uno disponible, ¿verdad? Antes me dijiste que el pensionado de al lado tuyo se mudó.
Instintivamente alzo la mirada y miro fijamente a Liam. Hasta ese momento me doy cuenta que tiene una mirada profunda, con sus largas y arqueadas pestañas negras que contornean sus ojos verdosos, que con la luz se ven casi dorados. Su mirada ya me advierte que es una persona peligrosa, me hace sentir pequeñita, indefensa.
Trago en seco y noto que mis manos están sudando terriblemente. Me está dando mucho calor, dolor de estómago y mi respiración está agitada. Este chico… me aterra…
—Lissy. —Llama Caty al ver que no he respondido palabra alguna a lo que me ha dicho.
Mis manos aprietan fuertemente el bolso. No lo puedo soportar, no puedo estar cerca de LLiam. Una y otra vez pasan las imágenes de los sueños que he tenido. Oh… no, me está volviendo a dar un ataque de pánico.
Liam arruga el entrecejo mientras me observa fijamente.
—¿Estás bien? —pregunta.
—Lissy —dice Caty con rostro preocupado—, estás pálida, ¿qué te sucede?
No puedo soportar más y me levanto de la silla apretujando mi bolso en mi pecho. Intento hacer los ejercicios de respiración que me ha enseñado la psicóloga, pero no están funcionando.
Liam se levanta de la silla mientras me mira fijamente.
—Es mejor que te sientes —dice—, tranquila.
Se está acercando a mí. No, eso no es bueno. Quiero que se aleje, que se aleje.
—No te acerques —suelto.
Liam se detiene y da un paso hacia atrás con rostro preocupado.
—No te acerques… —repito mientras sigo intentando calmar mi respiración.
Caty se levanta de su puesto y se acerca a mí.
—Amiga, ¿qué tienes? —pregunta con tono preocupado—, ¿es lo de antes?
—Sí —respondo—, es… lo mismo.
Ella es consciente de que sufro de ansiedad y me han dado ataques de pánico. Me ha pasado con ella a mitad de la noche y en una pijamada, después de tener aquella pesadilla, Caty tuvo que ayudarme a calmar, porque temblara y lloraba muchísimo.
—Ay, amiga —suelta, preocupándose aún más—. Ven, siéntate.
Rodea mi espalda con uno de sus brazos y me hace acercarme nuevamente hasta la silla donde antes estaba sentada.
—Siéntate —vuelve a pedir—. Te voy a traer agua, ¿o mejor una aromática?
—No lo sé —suelto al forzarme para hablar.
Puedo sentir la adrenalina recorrer mi cuerpo y mis piernas temblar como gelatina mientras me sentaba en la silla. Sé que no puedo calmarme hasta que esté a metros de distancia de Liam.
Caty lleva su mirada hasta Liam.
—Ah… Lissy en estos días no se ha sentido bien —dice en un intento desesperado por justificar mi estado—. Voy a traerle algo para tomar, ya regreso.
Cuando estoy a solas con Liam, siento como si en ese momento fuera a hacerme daño. Estoy tan alerta que, al verlo acomodarse en su puesto, estoy a punto de saltar para salir corriendo.
Es tan extraño estar sentada en frente de la persona que sé que me arrancará la vida… ¿acaso él no sabe absolutamente nada de lo que nos depara? Me encantaría gritárselo, que, si se acerca un poco más a mí, también va a morir.
Pero eso no se puede, porque… una parte de mí me dice que él se sentirá complacido de saber que morirá mientras asesina a una de sus víctimas.
Ahora me está mirando fijamente, escudriñándome con su pesada mirada. Su piel es blanca y se ve suave, con los labios rosados; me hace preguntar por un momento si será de esos asesinos que se comen a sus víctimas como un fetiche.
Se ve tan joven, tan… normal… ¿cómo es posible que alguien como él sea uno de los asesinos más buscados y solicitados?
No debe tener más de veintitrés años, se ve bastante joven, acuerpado (claro, un asesino debe ejercitarse para poder ser más fuerte que sus víctimas).
Se ve un poco diferente a como lo veo en mis pesadillas, cuando intento escaparme de él y termina raptándome. En mis sueños lleva un poco de barba, de esas bien arregladas. Así que, eso me informa que no voy a morir por ahora, tendré que esperar a que se decida por dejarse crecer la barba.
—¿Cómo te sientes? —pregunta Liam.
Vuelvo a saltar en mi asiento y las uñas de mis manos se entierran en mis muslos. Las lágrimas se agolpan en mis pupilas…
Estoy entrando al infierno, de cara frente a la mismísima muerte.