Por un momento no me doy cuenta de que el hombre se ha dirigido a mí, pues el nombre de Ágata aún me parece que le pertenece a otra persona. Volteo para ver a Liam, me hace una leve inclinación con la cabeza a modo de aprobación. Inspiro hondo, cruzo la sala y avanzo hasta la puerta, al girar la perilla y abrir, un fuerte olor a incienso me inunda la nariz. Me encuentro con un cuarto mediano, no hay ventanas, tampoco muebles, sólo un piso tapizado con alfombra roja, en el centro hay una silueta cubierta con una capa negra que parece absorber la poca luz mostaza de la habitación. A la derecha de la sombra negra veo un cenicero, en el centro de este sale un delgado hilo de humo, imagino que de ahí proviene el fuerte aroma. —Adelante, Vidente, cierra la puerta —escucho la voz de una anc

