Dani pensó que ese hombre podría tener la mujer que quisiera a sus pies, era un hombre altamente competitivo y uno que, aunque conocía la palabra perder, nunca perdía. Dani se erizó completamente cuando sintió que Anthony apartaba los mechones de su cabello y de su pecho, veía como el dedo de su mano derecha se movía suavemente tocando la superficie de su piel desde su cuello y pasándolo con una sensualidad y lentitud que la hacía estremecerse y que su corazón delatará cualquier nerviosismo, aunque ella quisiera ocultarlo. Su pecho saltaba en cada latido de su corazón cada vez un poco más acelerado, ese dedo curioso se deslizaba por su pecho y cuando llegó a una de sus salientes, hizo que sus puntillas se volvieran dos perlas, deseando más del toque de sus dedos. Dani tragó saliva, mient

