Hilal había dedicado todas sus energías para aprender a tocar el bajo acústico en las semanas posteriores a su cumpleaños. Inclusive teniendo como prioridad sus ensayos, dejando a un lado las materias del colegio. En recompensa por su esfuerzo había aprendido distintos ritmos, convirtiéndose así en un intérprete dinámico. Era tan grande su emoción que invitó a Alejandro al instituto de música en varias ocasiones para que lo viera ensayar, a lo que su amigo, asistía sin falta pasando el rato tirado en una silla frente a él observándolo con una media sonrisa. En aquellas sesiones se percató de que el profesor miraba un punto determinado en él. En un principio, pensó que era por su mal modo de sujetar el instrumento, luego comprendió que era la esclava que llevaba en la muñeca lo que observa

