—!No por favor no quiero reír más! Elizabeth le rogó a Paula, qué por favor no le hiciera más aquellos chistes, su alegría era inmensa, recordaba cada momento de su niñez, y adolescencia, Miriam qué cuidaba a su hijo las miraba, desde lejos estaban tan felices juntas, Paula ese día rió tanto hasta le aparecieron lágrimas ella dijo: —Amiga, no te preocupes hoy me toca cocinar a mi. Elizabeth y Miriam se miraron a la cara, se preguntaron " ¡¿Qué cocinará?!", entró a la cocina, luego miró qué había, en la heladera y en él mueble. —¿Me esperas amiga?, Me voy de compras. Paula apareció con un tremendo costillar. —Es hora de qué invites a Rubén, vamos hacer para está noche, un asado a las brasas, me lo enseñó mi abuela. Elizabeth se sorprendió tanto, llamó a Fiona, madre de Germán. —Hola,

