Mi compadre hacía hacer las cosas más increíbles tomando en cuenta que yo no era tan osado y que Marbella había sido muy recatada en su anterior vida marital conmigo. Fueron varias las veces que tuvimos que buscar cafés o restaurantes donde las mesas tuvieran manteles largos. Ahí pedíamos tres cafés y mientras el mozo los traía, Marbella tenía que meterse debajo de la mesa, y refugiada debajo del largo mantel, ella le daba una rica mamada a Rolando. En ese rato él hablaba conmigo y yo trataba de mantener una conversación coherente a pesar de que el corazón me latía a mil sabiendo que bajo la mesa mi mujer tenia toda la v***a de Rolando metida en su boca y que no saldría de ahí hasta que se tragara el semen de ese machote. Lo más difícil era cuando mi amorcito se apiadaba de mi y con una ma

