Carla y Marbella, nuestras protagonistas, estaban emparejadas y vivían juntas desde largo tiempo atrás. Desde poco tiempo después, que la segunda entrara a trabajar en el call-center de aquella conocida compañía de telecomunicaciones. Un trabajo de mierda pero para Marbella no estaba mal. De hecho y a sus veintiún años, conocía y había conocido muchos otros con peores condiciones laborales sin duda. Con su horario ya prefijado de antemano y sin muchas sorpresas al respecto, al menos allí le pagaban cada inicio de mes y tenía para el alquiler y sus caprichos. Pensándolo bien, ¿qué más podía pedir? Recibir llamadas de clientes con sus problemas en las líneas telefónicas y facturas mensuales, furiosos y otros no tanto puede resultar estresante y problemático si una no sabe llevarlo. Pero par

