Capítulo 6

1248 Palabras
Narra Gabriel  Cada mañana para mí es casi sagrado el ir al gimnasio, mis rutinas son constantes porque debo mantenerme en buena forma, es cuestión de salud y también de apariencia, no me gusta engañarme, muchos dicen que el estado físico no deber ser lo único, que la principal razón para hacer deportes o ejercitarse es la salud, pero eso no sube el autoestima, el vernos bien es lo que nos da seguridad. A mis casi veintiochos años me sigo manteniendo como un hombre extremadamente seguro, eso siempre lo he demostrado, las personas perciben eso de mí y me respetan por lo mismo; soy hijo único, mis padres decidieron no tener más hijos porque ambos eran personas ocupadas, así que solo soy yo. Digamos que nací en una buena familia, económicamente hablando, hasta ahora no me hace falta nada, en lo que si tuve carencias fue en la presencia de mis padres pero ellos intentaron compensarlo con regalos, viajes, vacaciones y gustos que me cumplían. No quiere decir que no tuve reglas, si tuve, más porque me he criado con mi abuelo y es quien lleva la voz de mando en mi casa, nosotros compartimos el mismo techo desde que mi abuela Anna falleció, así que mi padre decidió quedarse junto a mi abuelo y desde siempre hemos estado aquí, la mansión es muy tranquila, silenciosa y espaciosa, lo suficiente como para estar en el mismo lugar y no cruzarnos en un pasillo. Mi abuelo Marcelo es muy estricto, correcto y exigente, a pesar de tener cabellos blancos en su cabeza aún está al pendiente de sus negocios, los restaurantes AnGius Donald, también tengo mis funciones dentro los negocios de mi abuelo, junto con mi padre me encargo de la parte administrativa, pues mi abuelo de a poco ha bajado el nivel de trabajo que estaba acostumbrado a tener, su edad no le permite estresarse, tampoco su salud es muy buena, desde que mi abuela falleció el no volvió a ser el mismo, la tristeza le desarrolló enfermedades que lo obligaron a ceder un poco con el trabajo y fue allí donde entré yo, al terminar mis estudios regresé a Francia para trabajar junto a mi padre. El trabajo ya es algo que ocupa gran parte de mi tiempo, además no soy de tener muchos amigos, me gusta ser un hombre exclusivo, no me gusta juntarme con todo el mundo, puedo contar con una mano las personas con las que comparto y tengo confianza; del resto solo son socios, ex compañeros de estudios y ya, así mismo soy con las mujeres, trato de ser cauteloso con la mujer que selecciono hasta para tener sexo, además tener a una chica a mi lado significaría tener los lentes de una cámara en la nuca; muchas chicas se acercan a mí porque saben que tendrán atención de los medios de comunicación y ese lujo no puedo dejar que cualquiera se lo dé; mi abuelo también puede llegar a ser quisquilloso con ese tema, para él las mujeres con las que he intentado tener una relación nunca son suficiente, porque en forma general las mujeres con las que salido hacen parte del medio del entretenimiento, como presentadoras, actrices o modelos y cuando menos creo las cosas implemente se terminar porque los mismos medios acaban con todo; con nuestra privacidad, intimidad, con nuestra propia imagen y listo, terminamos. Algunas veces he pensado en la mujer perfecta para mí y la imagino como una mujer pulcra, decente, trabajadora, bonita, de buen cuerpo, bien hablada, recatada, etc. Y por más que la imagino siempre llega a mi mente Sofía Ponce. - Gabriel, ¿ya estás listo? – pregunta mi padre haciéndome salir de mis pensamientos - ¿Qué? – respondo desorientado - El desayuno de hoy Gabriel, no me digas que lo has olvidado Mi padre me mira con cara de pocos amigos apoyado en la puerta de mi habitación - Dame diez minutos, no tardaré nada Salto de la cama corriendo, no recordaba que mi madre lleva días queriendo preparar nuestro desayuno, hace mucho que ella no hace este tipo de cosas porque debe cumplir con sus funciones de chef en uno de los restaurantes, es muy buena, no lo digo porque sea mi mamá, la verdad ella tiene un paladar muy desarrollado y tiene un gusto exquisito para preparar las delicias más increíbles y difíciles de describir, no por nada le han dado reconocimientos, la han invitado a programas de televisión y un sinfín de propuestas que le han hecho; ella es muy dulce, mi abuelo la ama como si fuera su hija, hasta ahora la convivencia ha sido muy buena, claro que todo bien mientras no rompamos las reglas de la casa de mi abuelo, a fin de cuentas él es el que manda. Entro al baño y en menos de dos minutos trato de estar listo, me visto con algo ligero pues estaremos en el jardín, algo muy casual. Bajo las escaleras y llego a la segunda planta, continuo bajando y ahora si me encuentro en la sala de estar, de allí me desvío hasta la puerta trasera que nos dirige justo al jardín. - Abuelo, buenos días – saludo al hombre que como de costumbre lee su periódico muy temprano en la mañana - Buenos días, ¿Cómo pasaste la noche? – pregunta doblando su periódico y dejándolo en sus piernas. - Muy tranquila, estas noches he descansado lo suficiente - Vaya, eso sí que es bueno De mi abuelo tengo los recuerdos más hermosos, a pesar de ser estricto también fue atento, cariñoso, amigable; a veces sé que todo lo que me dice y hace es por mi bien, que todo lo que él ha querido es que sea un hombre ejemplar; no quiero decir que ahora yo sea un santo, que sea el hombre más correcto o perfecto, pues tengo mis defectos como todos y por eso es que me llama la atención pero estoy intentando buscar el camino de rectitud, de organizarme como hombre. - Espero que tengan mucha hambre y puedan comer todo lo que les he preparado Mi madre aparece junto con algunas de las chicas del servicio con bandejas de diferentes platillos, ¿pero que es todo esto? - Eso luce exquisito – dice mi abuelo abriendo sus ojos sabiendo que debe guardar todo eso en su pequeño y ya viejo estomago - ¡Oh mi amor! Que sorprendente eres – mi padre exclama también algo preocupado, sabe que no podemos dejar nada, para mi madre es casi una ofensa que despreciemos algo que ella prepara. - Muchas gracias mamá, por la comida Veo todo lo que está en la mesa y me faltará esta vida y la otra para terminarlo todo, la pobre lleva tanto sin prepararnos nada en casa que creo que se ha emocionado. - Bien ¿Qué les parece? Esta deliciosa verdad – dice afirmando mi madre - Si – respondemos al unísono  Seguimos degustando los majares que ha preparado mamá con tanto amor para nosotros y charlamos de todo un poco, mi padre es un hombre jocoso aunque también puede ser algo tímido, más cuando mi abuelo está presente, cuando digo que el anciano que nos acompaña es estricto es porque realmente lo es. Durante esta comida quería mencionarle algo importante a mi familia pero de repente sentí que no era el momento, esperaré hasta que nos reunamos en una próxima oportunidad para anunciarles algo muy importante para mí.  
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