Capítulo 7

1028 Palabras
Narra Gabriel Mis amigos son de toda una vida; Marco, Diego y Sofía; son las personas que conozco desde que tengo uso de razón, estamos compartiendo desde que estamos en la escuela, casi que nos pusieron los mismos pañales a todos; algunos de ellos trabajan fuera de Francia y cuando tienen el espacio de volver, lo hacen para poder disfrutar y recordar experiencias de infancia o también, hacemos algún viaje de reencuentro, estamos conociendo casi que todos los países del mundo, Sofi es la niña consentida de nuestro grupo, a ella es a quien más le tengo confianza, es casi como mi abuelo cuando le presentaba alguna chica con la que estaba saliendo, simplemente me decía, no me gusta esa mujer para ti y con eso era suficiente para dejarla. En nuestro último viaje en grupo decidimos ir a Cancún; la playa, la arena y el alcohol, fueron nuestro pan de cada día por unos diez días que estuvimos de vacaciones, nuestra última noche fue muy diferente a todas, ese día fuimos a un bar solo Sofía y yo, éramos los únicos conscientes, los que servíamos para algo, porque los demás no servían para una mierda, siendo solo nosotros pudimos charlar de todo un poco, todo era muy normal hasta que escuchamos una canción que nos gusta mucho, es una salsa que escuchamos por primera vez en nuestro viaje a Cali, Colombia, así que nos pusimos de pie y comenzamos a movernos agarrados de las manos intentando coordinar nuestros pasos, era un momento divertido, de risas y de mucho calor que terminó en un beso, aún no sé qué pasó o cómo pasó, simplemente así sucedió y desde allí las cosas cambiaron para nosotros, esa noche marcó un antes y un después en la amistad de años que teníamos, esa noche aprecié y disfruté no solo los labios, sino también su cuerpo, hicimos el amor hasta que amaneció; ese fue nuestro secreto mejor guardado, pues no le contamos lo sucedido a nadie, incluso ni a nuestros amigos. Cada vez más se hacía difícil verla con los mismos ojos; esa mujer que era como mi hermana, siempre que la tenía en frente la recordaba desnuda en una cama mientras la penetraba, con solo ver sus ojos venía esa melodía a mi cabeza “deseándote, cada día, cada noche deseándote” aquella canción que me hace querer devorarla, realmente me gusta. Llevamos tres meses saliendo a escondidas, cuando estamos en grupo o en familia disimulamos lo que sentimos pero respetamos la presencia de la otra persona, desde hace un mes le pedí que fuera mi novia en un viaje que hicimos a Roma, ella estaba feliz por la sorpresa; pero hasta ahora no hemos hablado con sus padres ni con los míos porque no hemos encontrado la ocasión perfecta para ello, deseamos formalizar nuestra relación para poder presumirnos uno al otro sin tener que ocultar nada, ella es una buena candidata para ser mi esposa, sé que a mi abuelo le gustará, toda mi familia la conoce desde siempre y saben que es una mujer muy inteligente, ella trabaja en la compañía de su padre y se ha destacado muy bien, estarán felices de saber que ella es la razón por la cual me he ajuiciado en los últimos días. - ¿Estuviste a punto de decirle a tus padres? - pregunta ella acomodando la toalla alrededor de su cuerpo - Si, es que simplemente quería hacerlo, era la ocasión perfecta, lo sentía así pero luego llegó mi mamá con toda esa comida y de repente cambié de parecer ¿crees que hice mal? - cuestiono mi actuar, pues es algo que puede parecer sencillo, que solo llevará decir un par de palabras pero realmente no es tan fácil, en mi familia no es tan fácil. - No, creo que hiciste bien, es tu familia y tú más que nadie sabe cómo proceder, si sentías que no era el momento pues entonces no pasa nada, podemos esperar el espacio en el que tú te sientas cómodo y puedes hablar con ellos - ¡Vaya! Siempre tan comprensible, esa es una de las muchas cosas que me gustan de ti - menciono parándome de su cama y caminando hasta ella para darle un beso - Si vienes hasta aquí para calentarme y luego irte, entonces te debo correrte de mi casa - También me gusta tu sentido del humor, ¿ya te lo había dicho antes? - Gabriel por favor, no estoy bromeando, ya lo has hecho antes, me das besos y toqueteos para después irte. Comienzo a reírme de su comentario y la beso nuevamente, la tomo del rostro con mis dos manos y muerdo con delicadeza sus labios. - ¿Que debes hacer ahora? - le pregunto soltando un poco el amarre que cubre su cuerpo. - Debo ir a la oficina - responde sabiendo que es lo que quiero hacerle - ¿Podrías darme unos minutos? Te prometo que no me tomará mucho tiempo, debo hacerte algo sumamente importante. - ¿Que debes hacer? No digo más y quito por completo la toalla, la tomo de la cintura y la pego a mí, le doy besos por su cuello haciendo que su piel se erice, agarro sus senos con fuerza y llevo sus pezones a mi boca, los absorbo como si fuera niño pequeño y sus gemidos me indican que le gusta lo que hago, paso una de mis manos por su vientre y la deslizo hasta llevar a su v****a, con mi dedo medio toco su clítoris y comienzo a frotarlo con suavidad, ella se abraza de mi cuello porque parece que pierde fuerzas de sus piernas, froto con más rapidez y sus gemidos son cada vez más fuerte, ahora llevo mi dedo medio y mi dedo anular dentro de ella y la masturbo con fuerza; con mi otro brazo debo sostenerla de la cintura porque sus piernas tiemblan como gelatinas. - ¡Ya! Gabriel para por favor - dice casi que con el alma No le hago caso y sigo metiendo mis dedos dentro de ella hasta que un mar se desborda de su entre pierna
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